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Bouchard: "Si hay gente que no te quiere es porque has tomado decisiones o has tenido éxito"

Alejandro Arroyo - 4 jul 2018 | 14:14

Eugenie Bouchard reflexiona y valora en una entrevista el constante juicio al que es sometida por su vida fuera de las pistas.

Eugenie Bouchard vive en un permanente juicio sobre lo qué aún puede ser, lo que pudo ser todo este tiempo y no está siendo, sobre las prioridades convertidas en juicios morales, que ella sobrelleva y maneja a un ritmo diferente al que fue construyéndose su incipiente carrera. Por eso sigue siendo una de las figuras más interesantes para reflexionar sobre lo que se percibe de un tenista profesional y lo que el propio deportista está dispuesto a conceder y dibujar en su trayectoria. En una entrevista para GQ, la canadiense reflexiona sobre todo lo que concierne a su figura.

Una entrevista que arranca con el principio de todo: el éxito repentino. "Todo esto sucedió rápidamente, en un período muy corto, apenas seis meses. No me di cuenta de lo que estaba haciendo, lo que me ayudó a lograr esos resultados. Estaba en mi burbuja, no me di cuenta de que era increíble hacer semifinales en cada Grand Slam. Era normal, de hecho. Cuando jugaba un Grand Slam, llegar lejos era lógico. Esta inconsciencia me permitió llegar lejos en los torneos grandes. Fue unos meses más tarde, cuando el tiempo pasó y empecé a perder al principio de los torneos, cuando me di cuenta de lo increíble que fue todo lo anterior. Y puedo decir que aprecié todo esto más cuando perdí el año siguiente en la primera ronda en Roland Garros".

La infancia de Bouchard fue como la de otros muchos tenistas, comenzando desde muy temprano. Y Eugenie tenía muy claro lo que quería llegar a ser. "Mis padres nos pusieron a mí y a mi hermana gemela a jugar al tenis cuando teníamos cinco años. Jugábamos una vez a la semana durante una hora. Mi hermana no estaba muy entusiasmada, así que lo dejó después de un año. Mientras que yo les pedí a mis padres que me dejaran jugar más. Empecé a acudir a clases grupales tres veces por semana y luego clases particulares. Jugué mi primer torneo a los ocho años, en Montreal. ¡Y lo gané!. Mientras jugaba torneos, me di cuenta de que me encantaba la competición. Me encantaba la sensación de golpear la pelota, estar en el campo, jugar. Y cuando jugué mi primer torneo, quería ganar. A los nueve años, me clasifiqué para un torneo internacional en Francia, el Open Super 12. Fue la primera vez que viajé fuera de Norteamérica. Fue una gran etapa de mi vida. Y en un torneo para menores de 12 años, vencí a chicas que eran mayores que yo. Hubo grandes diferencias físicas a esa edad. Ahí es donde me di cuenta de que quería ser una jugadora de tenis profesional. Era una edad muy temprana y no les diría a todo el mundo que hagan eso, pero lo hice".
Pero a diferencia de otros grandes países, Canadá no tenía una gran cultura de tenis, y tuvo que hacer las maletas. "En Canadá, el tenis no era realmente un deporte popular. No había muchas personas que jugaran el tenis. Los entrenadores eran buenos, pero podíamos tener mejores en Florida, que es donde todo el mundo va para aprender tenis. O en California. Jugamos fuera todo el año, era genial, me fui a los 12 años y mis amigos solo iban a la escuela y yo viajaba de aquí para allá siendo una niña. A veces era muy difícil vivir pero es verdad que vengo de una familia acomodada. En Montreal fui a escuelas privadas hasta que tenía doce años. Y después, en Florida, las academias de tenis son caras, es un deporte individual, los padres pagan por todo. No había un centro nacional en Canadá, pero hoy es más fácil para los jugadores jóvenes entrenar gratis. Eso no lo teníamos hace 10 años".
Bouchard, y eso estuvo claro desde el principio, quería ser jugadora profesional. "Es extraño decir esto, pero desde muy joven en realidad quería serlo. No tenía un plan B. No pensé en ir a la universidad para estudiar. Obviamente es un buen camino, pero no era una opción. Lo hice para ser profesional. Cuando tenía nueve años, lo sabía. Tenía esta confianza en mí misma, no sé por qué. Estaba en mi cabeza, algo obvio: "Tengo el talento, entrenaré duro, llegaré allí".

Aunque pueda parecer lo contrario, Bouchard transmite tener todo claro y no ponerse trabas ni prisas. "Puede que no sea normal lo que hice antes, y tuve suerte para darme cuenta de todo esto. Hay talento, un gran trabajo pero también suerte, el "lugar correcto, el momento adecuado". Ahora, estoy teniendo un poco de mala suerte, especialmente con las lesiones. Pero es la vida, es así. Estoy agradecida por lo que pude tener. Debo dejar eso de lado y saber que estoy comenzando mi carrera. Tengo que hacer todos los pasos en orden, de una manera limpia".

Y es que no se puede despegar de un constante juicio por su vida fuera del tenis. "Ha sido así durante años. Puedo entrenar durante seis horas e ir al cine después. Si me hago una foto en el cine, aparentemente significa que no trabajé lo suficiente, que pasé el día en el cine. Los que critican son enemigos, pero debo tomarlo como un cumplido, un "cumplido inverso", como dicen en inglés. Si hay personas que no te quieren, has hecho algo en la vida. Has tenido éxito, están celosos; has tomado decisiones, has dicho cosas... Si no haces ni dices nada, nadie te amará".

Las redes sociales acompañan el día a día de Eugenie y no cree que se sea justo con lo que ocurre. "Bueno, Instagram es una pequeña parte de mi vida. Puedo comer sano y por una vez comer algo menos bueno. O igual hago una foto de las papatas fritas de un amigo, y nunca sabes realmente lo que está pasando. No es una proporción exacta de mi día, es solo lo que elijo mostrarte. Pudo haber sido algo que duró cinco segundos mientras el entrenamiento de tenis duró cuatro horas. Las redes son para mí un lugar donde muestro cosas que hago con menos frecuencia. ¡Es insulso compartir una foto jugando al tenis, lo hago todos los días de mi vida! Cuando hago algo diferente, como una sesión de fotos, ir al McDonalds, al que voy cada seis meses, me parece divertido hacerme una foto".

Y llega el turno de las expectativas, de la relativización de los hechos. "Primero, la vida es hermosa, estoy feliz de ser yo misma. Tengo suerte y estoy agradecida por todo lo que tengo. Ok, estoy perdiendo partidos de tenis pero no es el fin del mundo. Gané muchos también. Estuve en París, visité el Museo de Orsay, estoy haciendo grandes cosas. Hay muchas cosas más importantes que el tenis. No digo esto como si el tenis no fuera nada para mí, pero debo darme cuenta de que mi vida también es mi familia, mis amigos ... Tengo todo lo que quiero en este mundo, así que lo relativizo".

Bouchard también reconoce que al tenis no llegó para hacer amigos, otra de esas circunstancias que se enjuician con frecuencia. "No tengo amigas porque el tenis es mi trabajo. Es una competencia en la que jugamos unos contra otros. Cuando comencé en el circuito profesional, pensé, "Ok, no estoy aquí para hacer amigas, sino para ganar". Siempre tuve esta actitud, lo dije en los medios de comunicación para que todos lo supieran. Cuando vengo aquí, vengo a trabajar, no para divertirme con las otras chicas. Tal vez hay un poco de celos. Algunos fans a veces también. Como cuando la gente me dice que me centre en el tenis y no en el resto. Y ahí les digo: "Hago mi entrenamiento, pero ¿por qué me prohíben estar enVogue o Sports Illustrated, si encaja en mi agenda?".