Estamos todavía en marzo pero ya se ha convertido en una de las sensaciones de la temporada 2018. Nicolás Jarry, con sus 22 años de edad y en su primer año con la condición de top100, se ha propuesto dejar huella en la Gira Dorada de tierra batida y, de momento, va camino de hacerlo. Primero fueron los cuartos de final en Quito, luego las semifinales en Río de Janeiro y, dentro de unas horas, la final en el torneo de Sao Paulo. ¿Dónde está su techo? Los compañeros de Tenis News hablaron con él antes de medirse a Fabio Fognini por el título en Brasil.
“Empecé a dejar de lado los otros deportes secundarios a los 14 años y empecé a dedicarme 100% a tenis a los 17 años. Ahora tengo 22, pero fue a los 17 años cuando decidí que seguiría con mi carrera de tenista. Terminé el colegio y ahí pasé a ser jugador profesional”, comienza recordando Jarry, un jugador con familia deportista (y no solo tenista) que tardó en darse cuenta de lo que realmente quería hacer con su vida. Aunque mejor tarde que nunca.
“Hoy en día todavía hay muchas personas que utilizan el deporte para entrar en una universidad, para estudiar una buena carrera. En mi caso había mucha gente a mi alrededor que tenía fe en mí, además que ya había tenido buenos resultados como niño y crecí junto a unas personas que creían más que yo mismo, por eso me terminé dedicando a ello. Decliné todas las invitaciones que tuve de las universidades de los Estados Unidos para hacer cumplir este sueño”, amplía el chileno, compañero de viaje de otras promesas como Christian Garín o Gonzalo Lama.
“El mundo cree que por ser un buen tenista junior luego serás un tenista profesional muy bueno. En Chile, en el sub-16, fuimos campeones del mundo en dos ocasiones. Christian (Garín) ganó una de ellas. Esto es algo increíble, pero a largo plazo algunos no aguantaron la presión o algo raro sucedió. En mi caso, cuando era pequeño no tuve tan buenos resultados, la gente no hablaba mucho de mí, pero eso me ayudó a entender que a la gente le gusta mucho hablar. A esas edades hay que enfocarse en trabajar y escuchar solamente la opinión de tu equipo de trabajo”, confiesa el actual número 73 del mundo.

Su mayor gesto hasta el momento, unas semifinales en el ATP 500 de Río donde dejó en la cuneta a nombres como Guillermo García-López, Albert Ramos o Pablo Cuevas. “Estoy feliz por la bonita semana que hice, firmando algunas victorias muy buenas. Me demostré a mí mismo que soy capaz de ganar a jugadores muy buenos. Siempre supe que podría hacerlo, pero nunca había conseguido algo tan concreto, así que esta fue la primera semana que lo hice. Ahora tengo que mantenerme concentrado, no aflojar y seguir entrenando más fuerte que nunca. Estamos muy cerca de dar un gran paso”, asegura con mucha fe.
Pero antes, su gran objetivo cumplido fue el de entrar en el top100, lo cual amarró a finales de 2017. “A mí no me ha sucedido todavía, pero vi otros jugadores que trabajan duro para estar en el top100 y luego apenas duran allí un momento. Creo que alguien que trabaja tanto tiempo para alcanzar un objetivo como es estar en el top 100, a partir de que lo conquistan quieren descansar un poco o disfrutar. Al descansar o disfrutar, usted baja la intensidad y comienza a encontrar unos pensamientos que no son los más indicados. Yo me concentro en mi entrenamiento, en lo que hago, nada más”, valora el de Santiago.
Un salto importante el de Challengers a ATP que, sin embargo, no parece estar pagando. “En ambos circuitos hay grandes jugadores, puedo afirmar que en la ATP son más maduros, más profesionales y tienen un auto-conocimiento mejor de todo lo que les rodea. El circuito ATP da luz a los mejores jugadores y a que se dediquen exclusivamente a esto. En los Challengers, los jugadores necesitan definir que todo lo ajeno a la pista sea perfecto, cuando en realidad lo que uno necesita es dedicarse a otras cosas para ganar. Hay que tener mucha actitud”.
La clave del éxito, como casi siempre, está en la cabeza. “La madurez llega sola. Mis padres me han dado todas las cosas para que trabaje, pero hay que sentirlo en tus propias carnes y verlo con tus propios ojos. La verdad es que se necesita mucha cabeza en este nivel y eso es lo principal que estoy tratando de mejorar. Por el momento, estoy muy contento con lo que hago. Pero en mi visión conjunta, lo que me falta es ser más fuerte de cabeza, conocerme mejor. Esto acabará mejorando cuando acumule más partidos jugados. Quiero mantenerme lo máximo que pueda en este nivel, porque es así como se aprende”, resuelve.

Y dentro de esa cabeza, muchos sueños por cumplir, aunque hay uno por encima del resto. “En Chile, el tenis es el deporte con más logros y jugar los Juegos Olímpicos es algo que me encantaría. Es un objetivo que creo que, si mantengo las cosas como las estoy haciendo, existen muchas posibilidades de que pueda llegar allí. Pero falta mucho tiempo y necesito trabajar mucho. Mi padre, por ejemplo, no puede disputar los Juegos por problemas ajenos a él, así que creo que también sería un sueño para él”, admite a dos años de la llegada de Tokio 2020.
Para terminar, una pregunta abierta: ¿qué es lo mejor de ser tenista? “Creo que es el 'después', porque el ‘durante’ es muy difícil. Es que no puedes disfrutarlo mucho, vas a lugares hermosos como Río y San Pablo y no puedes conocerlos porque tienes que entrenar. Luego, rápidamente llega otro torneo y el jueves o el viernes hay que levantar el vuelo para ir a jugarlo. El hecho de saber que has tenido una buena carrera te invita a poder disfrutar de estos lugares en el futuro. También es cierto que durante el proceso uno hace grandes amistades. Por ejemplo, en los torneos Futures ocurren muchas cosas graciosas, historias que una persona se lleva para siempre. Historias que una persona común no puede vivir”, declara Nico.

