Ríos de tinta corren sobre el hombre del momento. Hyeon Chung ha asombrado al mundo, no solo por su triunfo ante Novak Djokovic en el Open de Australia 2018, sino por la manera en que lo ha hecho. Este tímido y discreto adolescente no ha perdido el aplomo en ningún instante y ha transmitido la sensación de que este duelo se recordará durante mucho tiempo como el inicio de algo grande. Pero, ¿quién es y cómo juega este surcoreano?
Chung no es un apellido que haya pasado desapercibido para los grandes amantes del tenis en los últimos años. Se hablaba mucho del joven de Suwon desde hace tiempo como un jugador de gran futuro pero no acaba de desplegar todo su potencial. En 2017 dio un gran salto cualitativo que se confirmó con su irrupción en el top-50 y el título en las NextGen Finals 2017. Esto solo es fruto del trabajo duro y esto en Chung adquiere un significado especial.
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Este humilde chico que comenzó a jugar a los seis años por recomendación de su oculista, ya que seguir la trayectoria de la pelota le ayudaría con sus severos problemas de vista, entrenó dos años en la Academia IMG de Florida pero decidió regresar a su hogar y acogerse a la tutela de su compatriota Hyunjoon Suk. Con este ha ido quemando etapas en su progresión hasta que mediado el 2017 tomó una drástica decisión.
Renunció a disputar la gira de hierba para entrenar durante seis semanas y lanzarse a la aventura de cambiar su empuñadura. Esto es algo realmente inusual y arriesgado, que casi ningún jugador profesional se atreve a hacer. Y es que es muy complejo salir de tu zona de confort y cambiar totalmente un golpe. Chung asumió con entereza que debía ser más incisivo y que su heterodoxo drive tenía que experimentar una progresión.
Comparando el golpeo de revés de hace unos años, se observa un balanceo en la cabeza de la raqueta que ya no presenta actualmente, golpeando con más seguridad y confiriendo a la pelota mayor efecto liftado. Pero es en el drive donde el cambio se hace más aparente, con una modificación en la empuñadura que le permite tener un movimiento más natural y fluido que le ayuda mucho a la hora de defenderse.
Tras caer en Roland Garros con Kei Nishikori en un partido apoteósico a cinco sets, Hyeon arriesgó y ha ganado. Los frutos a su valentía los recogió ya en 2017 pero nada hacía presagiar una eclosión tan notable en un torneo de máxima entidad. Lo más representativo en el surcoreano es su velocidad de piernas y facilidad innata para golpear la pelota en movimiento; una notable flexibilidad y su carácter de contraatacante nato, que se retroalimenta de la velocidad de bola del contrario, le hacen un jugador letal.
El fortalecimiento de su tren inferior le ha permitido ser incisivo en sus defensas y no perder pista, mientras que la progresión técnica en forma de reajuste de su empuñadura le ha ayudado a atacar la pelota con más eficacia al incrementar la potencia en sus golpes. Mide 1.85 y hace del trabajo y la paciencia sus armas letales lo que dificulta mucho que tenga lagunas de errores no forzados. A todo esto le acompaña y complementa una mentalidad sosegada y muy madura para su edad que transmite la sensación de que lo visto ante Djokovic no será flor de un día.
Tampoco hay que poner demasiada presión a un hombre que tendrá que demostrar su sosiego a la hora de interiorizar un triunfo de este calibre. En el duelo ante Novak solo se le vio dudar en una ocasión, cuando gozaba de bola de break en la tercera manga y pasó un tiempo más largo de lo normal entre el primer y segundo servicio de Djokovic al solicitar ojo de halcón. Aunque parezca increíble, fue el único error que se puede achacar a los nervios y a una mala lectura del juego, lo que habla maravillas de este hombre.
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Hyeon Chung ha llegado para quedarse en la élite y aun perdiendo en cuartos de final se situaría en el mejor ranking de su carrera, como 44 del mundo. El Open de Australia 2018 puede haber presenciado el nacimiento de una estrella pero ésta no tiene por qué emitir su brillo de manera ininterrumpida desde ya; sus previsibles altibajos no han de suponer una alarma ya que su estilo de juego y carácter vaticinan una regularidad que en pocos jóvenes se puede atisbar.

