El calendario de los circuitos ATP viene siendo uno de los temas de mayor debate y controversia por el poco descanso que existe, lo que repercute en el estado físico de todos los tenistas. La obligación de jugar los 13 torneos más importantes del calendario, así como el poco espacio vacacional, con una pretemporada corta que obliga a los jugadores a comenzar su preparación con mayor antelación, es un argumento recurrente a la hora de que los jugadores soliciten más margen para competir.
En ese sentido, la figura de Dominic Thiem ha resultado especialmente llamativa. El austriaco viene caracterizándose por competir en más de 25 torneos al año en las últimas temporadas, una circunstancia realmente anómala entre la élite del tenis. Su entrenador, y el propio Dominic, han comentado estar barajando la posibilidad de corregir y adaptar sus esfuerzos a una hoja de ruta menos exigente pero de momento no está siendo así. Thiem juega muchísimo. Más que nadie.
Al menos en la élite, porque el nombre de Gonçalo Oliveira deja muy lejos a Thiem en esa posible comparación. A sus 22 años, Oliveira sigue peleando por instalarse en el top-100, la barrera que establece quién puede vivir del tenis y quién no, al menos en términos de puntos y ganancias, patrocinadores a un lado. Para intentar conseguirlo, Oliveira no para de jugar. Y esto es algo completamente literal. De las 52 semanas del año natural, 40 de ellas las ha pasado arrancando la semana en una pista de tenis.

Las derrotas prematuras y la posibilidad de entrar en cuadros de otros torneos en el mismo país le han permitido realizar giras en las que poder competir prácticamente cada semana del calendario, una rareza que encuentra explicación en compaginar torneos de dobles e individuales. Oliveira ha jugado muchas semanas en el individual y muchas otras sólo en el dobles. El mundo de los Futures, a nivel de ganancias y puntuación, necesita de mucha participación para generar ingresos. Y aún así no es suficiente.
Poco a poco, con calendarios tan sumamente exigentes, Oliveira parece estar consiguiendo su propósito. Fuera de los 1000 primeros en 2013, cuatro años después parece estar en el camino de instalarse entre los 150 mejores jugadores del mundo. Una meta que está exigiéndole competir la práctica totalidad de las semanas del año.

