Así se forjó la leyenda de Novak Djokovic

Viajamos al pasado para descubrir cómo fueron los inicios de Djokovic cuando niño y cómo llegó a convertirse en un tenista de época.

A veces, el destino coloca delante de nuestros ojos una señal que nos salva por completo. No todo el mundo es capaz de descubrirla y aprovecharla. En el caso de Novak Djokovic, el serbio supo hacerlo. Sus padres tenían un Restaurante en los Alpes Dináricos, en el sur de Europa. Justo enfrente, habían construido tres pistas de tenis. Nole sintió el gusanillo por ese deporte y sin que nadie antes en toda su familia hubiera agarrado una raqueta jamás, él se enamoró por completo de ese juego. Tenía sólo cuatro años de edad y corría el año 1991.

"Sólo Dios sabe lo que habría pasado si esas tres pistas de tenis no hubieran sido construidas enfrente del Restaurante de mis padres", recordaba Novak en una entrevista hace años. En su familia era habitual deportes como el esquí, pero no el tenis. No hubo ningún tipo de herencia recibida por este deporte. Djokovic y el tenis fue un amor a primera vista. Una serendipia. "Quizá habría sido esquiador o futbolista, pero así es el destino. Me enamoré del tenis. Cuando algo está para ti, está para ti", aseguraba el serbio.

Los inicios de Nole no fueron fáciles. Djokovic practicaba solo. Casi del mismo tamaño que su raqueta, pasaba horas golpeando la pelota contra la pared, mejorando su técnica. Sus padres recuerdan verle delante del televisor, con sólo seis años, viendo el torneo de Wimbledon y cómo Pete Sampras se alzaba como ganador del torneo y él soñaba con ser como él un gran día. "Se hizo un dibujo con la copa de Wimbledon y con la frase 'Novak es el campeón' para motivarse", revelan los padres de Nole. Fue entonces cuando su camino se cruzó con el de Jelena Gencic.

Esta mujer se dedicaba exclusivamente a entrenar a niños en Serbia en un pequeño club. Novak era un chico muy tímido y acostumbrado a jugar solo en las pistas de al lado del Restaurante, observaba callado y muy atento desde la verja cómo jugaba el resto de niños. "Nunca olvidaré el día que le vi por primera vez", recordaba la ya fallecida Gencic. "Iba completamente equipado, con su bolsa y raquetero. Como si fuese un profesional. Le pregunté que quién le había vestido así y me respondió muy seguro que él mismo", continuaba diciendo en una entrevista. "En cuanto le vi jugar supe que tenía algo diferente y por eso le pedí a sus padres que me dejaran entrenarle". Ellos dieron el sí y a partir de ahí, su historia como tenista comienza.

"Un día le pregunté que quería ser cuando fuera mayor", seguía diciendo Jelena. "Me respondió, sin dudar, que quería ser número 1 del mundo. Yo le aseguré que estaba convencida de que lo haría realidad", admitía. Y así fue. Pero antes de eso, Djokovic y su familia tuvieron que superar un duro capítulo en sus vidas.

Primavera del año 1999. Estalla la guerra en Belgrado. Durante la noche, las bombas no dejaban de caer en la ciudad donde vivía y Nole y su familia tenían que esconderse, rezando para que ninguna cayera sobre ellos. El propio Djokovic reconoce que el tenis le ayudaba para aislarse del terror y el horror de la guerra. En aquellos meses, Novak se entrenaba en una piscina vacía, sin dejar de golpear la pelota contra la pared y con el sueño y la ilusión intactos de ser tenista profesional. "Todos los que pasamos por aquello nos hicimos más fuertes. Sabemos lo que se siente estar en un recinto pequeño, siendo bombardeados. Después de aquello, uno aprecia mejor el valor de la vida", afirma Nole, que recuerda cómo sus padres le cantaron el cumpleaños feliz por su 12º aniversario mientras de fondo sonaba el zumbido de las bombas recorriendo el aire.

Poco tiempo después, sus padres tomaron la decisión de escapar de Belgrado y sabiendo el potencial de Djokovic como tenista, viajaron hacia Alemania, a la Academia de Nikola Pilic en Munich, donde esperaban que el ex-tenista croata viera lo mismo en el chico. "No tardé en darme cuenta de su actitud", aseguraba Pilic. "Era un chico muy bueno para entrenar porque tenía aquello que se necesita en el corazón y en la mente, aquellos lugares a los que un coach no puede llegar. No sabía de dónde podía emanar ese espíritu tan determinado", recordó el entrenador.

Su leyenda empezó a escribirse a partir de entonces y su carrera fue imparable. Con sólo 14 años ya era campeón de Europa y con 16 años levantaba títulos de categoría ITF y con 17, de Challenger. Su primer título ATP llegó cuando Djokovic tenía sólo 19 años. El resto de su historia, ya todos la conocen.

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