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Boris Becker: "Quiero ser enterrado en Wimbledon"
Tras cumplir 50 años, Boris hace repaso de su vida. Cuenta dónde le gustaría ser enterrado y revela las secuelas que el tenis profesional le dejó en su cuerpo.
Boris Becker cumple hoy, 22 de noviembre, 50 años, y para celebrarlo, la cadena alemana ARD emitió anoche un documental donde el alemán hizo repaso de su vida y ofreció ciertas revelaciones importantes como que a pesar de haber nacido en Leimen, Boris no se siente alemán, sino inglés, y todo desde aquél 1 de julio de 1985, cuando se convirtió con sólo 17 años y 7 meses en el jugador más joven de la historia en ganar Wimbledon. El cariño que recibió del público inglés le llegó tanto que Becker siente Inglaterra como su país.
Los 50 es una edad donde uno puede hacer balance de su vida y mirar todo el camino que recorrió y ver hacia dónde quiere llegar. Después de vivir "la primera mitad de su vida", tal y como él mismo dice, mira hacia adelante y revela exactamente dónde estará el sitio que marque el punto y final. "Wimbledon. Ahí es donde quiero estar. Ni en Munich ni en Montecarlo. Cuando no esté en este mundo, quiero que me entierren en el viejo cementerio de Wimbledon", confiesa Boris. El viejo cementerio de Wimbledon se encuentra apenas a kilómetro y medio del All England Tennis Club de Londres, donde se disputa actualmente el Grand Slam inglés y donde la vida le cambió aquél primer día de julio de 1985.
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Becker ha sido uno de los grandes precursores del tenis moderno. De su rivalidad con tenistas como Edberg, Lendl o McEnroe han surgido partidos que son historia de este deporte. Pero Boris tuvo que luchar mucho para llegar ahí. Günter Bosch, la persona que estuvo con él en sus inicios cuando era un niño, cuenta lo mucho que tuvo que trabajar. "Era muy débil cuando niño. Tenía barriga y sus piernas eran gruesas y pesadas", reveló Bosch en el documental. La Federación alemana creía que nunca podría llegar a ser tenista profesional. Paul Zimmer, amigo de Becker en su infancia, recuerda una historia muy curiosa. "La Federación alemana le dijo a Boris que no era lo suficientemente bueno como para jugar con los niños y por eso, le enviaron a jugar con las niás. Steffi Graf era dos años menor que él y le dijeron que fuera a jugar con ella", señala Zimmer.
Boris dice que aquellas palabras le sirvieron como fuente de inspiración para encontrar la fuerza y la motivación para luchar y convertirse en tenista. "Al ver el cuerpo que tenía, nunca pensé que ese niño sería número 1 un día", cuenta Paul. "Pero funcionó. Cuando ganó Wimbledon, ese día, nació una leyenda", explica. Eso sí, debió pagar un precio. Aún a día de hoy, Becker sufre secuelas de su paso por el profesionalismo. "Todavía estoy pagando el precio. Sufro del llamado codo de tenista y tengo problemas en la rodilla. También tengo daños en la cadera y una articulación del tobillo rota", confiesa Becker. "Todo eso es culpa de la forma en la que se abalanzaba sobre cualquier pelota", cree Bosch.
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En una parte del documental, Boris hace una revelación importante. "No me siento alemán", afirma. "Probablemente, nunca regrese a Alemania. Aunque mi pasaporte diga que soy alemán, me siento inglés. Mi casa está en Londres", continúa diciendo. "El día en que ya no esté en este mundo, me gustaría que me enterraran en Wimbledon, en el viejo cementerio, a pocos pasos del territorio donde hice mis grandes hazañas", desea. Tal es su amor por Wimbledon, que Becker se compró una casa a muy pocos metros de las instalaciones del torneo.
Al cumplir 50 años, Boris afirma "ser hombre por primera vez", después de dejar atrás todo lo que le ha ido "ahogando". El alemán no niega que tenga problemas económicos, aunque asegura que no son tan graves como los ha pintado la prensa. Becker ve en esos problemas una forma de comenzar y volver a vivir una vida nueva. "Tengo la oportunidad de poder vivir las siguientes décadas de mi vida de la forma en la que me gustaría", termina diciendo.