Jack Sock, el poder de lo impredecible

El estadounidense ha tenido una eclosión tan fulgurante como sorprendente, que le permite acabar el año entre los 10 mejores del mundo.

Si al inicio de temporada a cualquier aficionado le dicen que Jack Sock terminaría el año en el top-10, la sorpresa hubiera sido mayúscula, pero si dicho vaticinio se hubiera escuchado hace una semana se habría tildado de loco a su emisor. El estadounidense estaba afincado en la segunda línea del tenis mundial, siendo considerado un jugador de gran potencial pero algo disperso, tanto en lo concerniente a condición física como a regularidad.

Uno de esos hombres que en un torneo puede sorprender pero que su tope parece estar en los octavos de final de los grandes torneos. No es común ver jugadores como el de Nebraska; tan explosivo al servicion y la derecha como su paisano Andy Roddick, pero mucho más débil con el revés. En un tiempo en el que abundan los todoterrenos y los hombres espigados y finos, Sock no renuncia a su corpulencia para impulsar una derecha que se erige en un auténtico bazoka.

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Amigo íntimo de Nick Kyrgios, campeón de Wimbledon en modalidad de dobles junto a Vasek Pospisil en 2014 y personaje dicharachero y locuaz en la pista, en ocasiones demasiado. Así es un Jack que fue de los que más disfrutó de la experiencia de la Laver Cup, que le sirvió para encarar con ilusiones renovadas el tramo final de año. Un año que comenzó en el puesto 23, siendo esa posición la peor de toda la temporada.

Campeón en Auckland y Delray Beach, ya avisó de sus opciones de dar un salto cualitativo con sus semifinales en el Masters 1000 Indian Wells. La mayoría de sus derrotas han sido ante jugadores superiores a él o de un nivel similar, salvo en Wimbledon, donde cayó ante Sebastian Ofner, y en una racha negativa en este tramo final de temporada, donde sucumbió a Yuichi Sugita, Jordan Thompson, Andrey Rublev y Alexander Dolgopolov en Cincinnati, Us Open, Beijing y Shanghai. Sus resultados en Grand Slam es donde tiene margen de mejora; tan solo en dos ocasiones ha llegado a octavos de final (Roland Garros 2015 y US Open 2016).

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Esto hizo que llegara muy fresco física y emocionalmente al Masters 1000 París-Bercy, donde a pesar de tener opciones matemáticas para obtener un billete para las Nitto ATP Finals 2017, dicho objetivo parecía utópico. Pero los sueños se hacen realidad y suelen ocurrir cuando menos se espera. El trabajo duro siempre acaba saliendo a la luz y el talento se impone. Para triunfar en el panorama tenístico actual parece necesario tener una identidad y un esquema de juego propios, y eso es algo que Sock ostenta, pero también algo de suerte.

Antes de iniciar el torneo era el 24º en la Carrera a Londres y se vio con un marcador de 1-5 en contra en el tercer set de primera ronda, ante Kyle Edmund, habiendo perdido el primero. Resurrección inverosímil cual ave fénix, levantando el vuelo poco a poco hasta alcanzar el cielo. Así se ha desarrollado la semana más importante en la carrera de un Jack Sock que a sus 25 años, ilusiona a la mayor potencia mundial del tenis mundial, como es Estados Unidos, ávido de una estrella en el circuito ATP.

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Su intensidad y velocidad de piernas marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso. Invertirse constantemente para dominar con su derecha es el claro objetivo de un hombre que ha de trabajar ahora contra lo más difícil; gestionar el éxito inesperado y legitimarse en la élite. No han podido hacerlo Pablo Carreño, Kevin Anderson ni Sam Querrey después de resultados brillantes, y él tendrá una oportunidad de oro en las Nitto ATP Finals 2017 partiendo como el noveno mejor jugador del planeta.

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