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¿Qué se puede esperar de Pablo Carreño en este tramo final de año?

Descubrimos el lado más personal del asturiano y analizamos sus opciones de cara a la gira asiática y europea de final de temporada.

Un numerito en el ranking ATP, ¿puede cambiar las cosas? Hay notables ejemplos a lo largo de la historia del tenis de jugadores a los que les ha pesado explorar sus límites y su paso por la zona noble de la clasificación ha sido efímero. La madurez de un tenista se mide en la capacidad no ya para alcanzar la gloria, sino para legitimarse en ella. Pablo Carreño afronta el tramo final de año con la intención de confirmar su gran progresión en el US Open 2017, seguir creciendo y lograr un billete para la Copa de Maestros.

Alguien que llega a un torneo como el ATP 500 Pekín y dice sin rubor que está ahí para ganarlo, transmite la sensación de no ser conformista y de saber sobrellevar la presión. No solo hay intangibles como éste que invitan al optimismo, sino también el rendimiento ofrecido por Pablo en pistas duras e indoor a lo largo de su carrera. Es un jugador español capaz de jugar bien en tierra batida pero no puede otorgársele el papel de experto sobre arcilla ni mucho menos, sino que su hábitat natural son las pistas duras.

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Prueba de ello es que los dos primeros títulos de su carrera llegaron en Winston-Salem y bajo el techo del torneo de Moscú. Las apariciones de Carreño en este tramo de temporada han sido siempre halagüeñas para sus intereses. Ya en 2014, logró brillar en el torneo indoor de Valencia al entrar en cuartos de final, derrotando a Feliciano López. Pero fue en 2016 cuando dio un paso adelante.

Cuartofinalista en Pekín ganando a tenistas como Richard Gasquet y Bernard Tomic y plantando cara a Milos Raonic, campeón en Moscú imponiéndose en la final a Fabio Fognini y capaz de imponerse a jugadores como Fernando Verdasco en Basilea. Golpes planos, buena movilidad y capacidad para pasar de la defensa al ataque más que notable. Son los avales para que Pablo siga haciendo gala del excelso nivel de tenis que ya mostró en Nueva York.

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"Mi motivación es ser el mejor y sé que hay que trabajar muy duro para lograrlo pero estoy dispuesto a ello porque mi pasión es el tenis", argumento el asturiano en un vídeo de la ATP en el que señala que "lo más duro de la vida del tenis es estar viajando siempre y pasar poco tiempo con familiares". Un chico sencillo que se divierte con una raqueta en la mano, y que de ahora en adelante, tendrá que gestionar la presión de saberse candidato al título allá donde vaya. El primer día del resto de la vida de Pablo Carreño será en Pekín.