La sonrisa del US Open

La norteamericana Sloane Stephens se proclama campeona del US Open tras derrotar a su compatriota Madison Keys por 6-3 y 6-0

Sloane Stephens se proclamó campeona del US Open. Lo hizo en una final bastante desdibujada, sin historias que rescatar a nivel de emoción y competitividad, resumiendo una de las grandes virtudes de la propia jugadora estadounidense, que levantó la copa gracias a un nuevo ejercicio de paciencia y consistencia en cada pelota. Stephens volvió a ser el perfecto antídoto del perfil pegador que representó Venus en semifinales y una nerviosísima Keys en la final, en la que únicamente pudo hacer tres juegos (6-3 6-0).

El último paso de este US Open en categoría femenina se cuenta desde un único punto de vista: Sloane Stephens ha representado este verano el perfecto combo de sangre fría y juego desde el fondo. La de Florida se metido en la cabeza de las mejores pegadoras del mundo hasta deshacerlas. Desde una supuesta inferioridad, sin la iniciativa que otorga la producción de potencia en una pista tan rápida como las de Flushing Meadows, Stephens ha representado una posición de poder.

Sus piernas, su frecura mental -comenzó a competir en julio- y su ya sabido engranaje táctico le han servido para sr la mejor sin necesidad de generar golpes ganadores. A base de contragolpes, bolas templadas e incómodas y una economía ofensiva certera y puntual, ha gobernado cada centímetro de pista que le ha visto levantar el puño siete veces consecutivas. Hoy, ante Keys, quedó más claro que ninguna otra vez. Stephens iba a estar y estuvo antes y mejor que su rival.

Ambas sin experiencia en finales de Grand Slam, la inexperiencia jugó en contra de la pegadora. Keys, necesitada de feeling en el tiro ganador para hacer que la rueda girara todo el tiempo que hiciera falta, saltó a la final sabiendo que con las reglas de Sloane no iba a rascar apenas nada. Sin capacidad de adaptación táctica para ser por un día lo que no es, Keys salió a pegar con su derecha, a buscar las líneas, a llevar la iniciativa a través de su envergadura y potencia.

Muy nerviosa desde el inicio, bloqueada mentalmente ante la extrema seguridad y tranquilidad que desprendía Sloane, Madison se quedó parada a nivel estratégico, sin respuestas sobre las que desentrañar lo que estaba ocurriendo, y es que las bolas altas, destensadas y caídas de Stephens se meten en la mente como una gota china. Vienen centradas y no son cortas pero tampoco van a la línea. Son una pregunta en forma de tentación: para una pegadora, esa pelota tiene que pegarse. Y en una final, sin experiencia, y ante una defensora y contragolpeadora como Sloane, que te espera detrás de un árbol para que te pierdas en ese bosque, la espera es una recompensa.

Van cayendo los juegos y la reacción se hace más difícil. La mecedora de Stephens, que construye con varias bolas sin forma para comenzar a angular y contragolpear aprovechando la potencia de su rival, la final se acerca hacia ella mientras Keys se agota aunque no haya corrido, cansada y frustrada por ver la pista como un campo de minas. Un 'rosco' en la segunda manga no deja más lectura que la sonrisa de Sloane Stephens, que ha completado una de las progresiones más espectaculares que se recuerdan. En apenas mes y medio, tras un año sin competir, es campeona del US Open.

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