El verano de Sloane

La estadounidense Sloane Stephens da un paso más en su brillante verano y alcanza la final del US Open tras vencer a Venus Williams

Frente a la experiencia, la agresividad y la ilusión de una leyenda como Venus Williams. Contra todo ello pudo Sloane Stephens para pisar su primera final de Grand Slam (6-1 0-6 7-5). La estadounidense, de 24 años, prevaleció ante el empuje de una vibrante pero irregular Venus, que puso todo sobre la pista pero que encontró en una equilibrada y consistente Stephens la horma de su zapato, una defensora excelente que viene de completar un verano impresionante y que ante la oportunidad de su vida respondía con la serenidad necesaria para seguir adelante.

Con el público muy dividido, o unido por el objetivo de ver a una de sus compatriotas en la final (vera una final íntegramente estadounidense), el partido comenzó sorprendiendo: Venus arrancó muy precipitada. Muy nerviosa, jugándose cada tiro, sin poner a prueba la capacidad defensora y contragolpeadora de su oponente, que en los primeros cinco juegos no fue un muro que expelía tres o cuatro bolas ganadoras y forzaba un nuevo fallo; era Venus quién se estaba yendo por el desagüe.

La finalista de Australia y Wimbledon completó unos primeros siete juegos para olvidar. Se fue hasta los 17 errores no forzados, por cinco ganadores, con un 20% de puntos ganados con el segundo servicio. En esas circunstancias, Sloane solamente tenía que dejar pasar el tiempo hasta que Williams subiera el nivel y después responder ante la amenaza. Y es lo que ocurrió, porque Venus, que cambia direcciones con la misma facilidad que cambia el ritmo y la velocidad, comenzó a encontrar las jugadas que la caracterizan.

De manotazo en manotazo, la mayor de las Williams miró la balanza y puso mayor peso en el lado más descompensado. El ataque era igual de agresivo peor mejor temporizado y construído: ante bola corta, paso adelante, ante bola templada, invertirse para abrir la pista; de revés a revés, cambiar al paralelo antes de que el punto se forme en un intercambio largo, donde Sloane marca diferencias golpeando en carrera. El partido se va igualando pero desde la superioridad relevada en turnos. Un set para cada una y el choque, a decidirse en el parcial decisivo.

En esas instancias, el partido se ralentiza enormemente- Cada jugadora se toma más tiempo en sacar, los juegos se hacen muy largos, la tensión toma relevancia y las decisiones tienen mayor trascendencia. Sucede que los breaks van cayendo, nadie abre brecha y la oportunidad se queda suspendida en el aire hasta su desenlace. Primero, en su séptimo juego, larguísimo, excelso en demostrar las virtudes de ambas. Sloane se hace con él y saca, peor el primero no le entra. Contrabreak.

Desde el 4-4 hasta el final, el mejor tramo del partido, curiosamente donde más suele temblar la mano. El ritmo del peloteo crece con cada tiro, las piernas de ambas responden como nunca, se llega a todo y se cierran muchos puntos en la red (lugar en el que Venus encalla en términos globales; Stephens siempre está para pasarla). Es con 5-5 donde Stephens, que acumula una ascensión de más de 800 puestos y varias semanas con victorias prestigiosísimas, alcanza su primera final, desbordando una buena versión de una de las mejores tenistas de la temporada. Parece que Sloane, que estuvo justo un año lesionada, ha venido para quedarse. Jugará el sábado la final del US Open siendo número 83 del mundo.

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