Aire fresco entra en un edificio sólido y sin fisuras. Una ventana de esperanza para nuevos moradores de la cima del tenis mundial se ha abierto y por ella están asomando con tremenda fuerza dos hombres. Alexander Zverev y Dominic Thiem encarnan la tan ansiada alternativa al poder establecido por parte de jóvenes jugadores. El BigFour ha marcado el devenir del circuito ATP desde años, con escaramuzas de Juan Martín Del Potro, Marin Cilic y, sobre todo, Stan Wawrinka.
Sin embargo, el hecho de que en Roland Garros se vaya a percibir un creciente runrún sobre el potencial de dos jóvenes, establece un panorama novedoso. La ausencia de Roger Federer, el mal momento de Andy Murray y el desierto de triunfos en el que camina Wawrinka, han dejado un vacío de poder en las semanas previas al torneo parisino que ha sido aprovechado por el alemán y el austriaco. Dos hombres que no tendrán nada que perder y que aspiran a confirmar su tendencia al alza.
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El máximo favorito será Rafael Nadal; por presente, por pasado, por sensaciones y casi porque no hay otra opción factible. La derrota del balear en Roma ante Thiem no ha de generar dudas en el español, cuyo tenis en Montecarlo, Barcelona y Madrid han sido excelsas. Ganar a Rafa en tierra batida es una misión casi imposible y hacerlo al mejor de cinco sets requiere condiciones de superhéroe en el hombre que opte a ello.
A pesar de que Novak Djokovic sigue sin rendir a su mejor nivel con continuidad, tanto en Madrid como, sobre todo en Roma, hubo brotes verdes en el juego del balcánico. El encuentro ante Thiem ha de hacerle ver que puede volver a jugar de la manera en que lo ha hecho en los últimos años, y si Djokovic alcanza su máximo nivel será realmente difícil que cualquier outsider pueda incomodarle. Sin embargo, su bloqueo mental ante Zverev en la final puede volver a generar un poso de duda en la confianza del serbio.
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En oposición a las dos estrellas consolidadas, aparecen otras dos en proceso de formación pero que irradian un brillo cada vez más intenso. Dominic Thiem es un consumado especialista en tierra batida. Su juego prolífico en golpes liftados y repleto de potencia, le hacen erigirse en un candidato a todo después de haber alcanzado las semifinales de Roland Garros 2016 y ser capaz de batir a Nadal en Roma. Su tenis en Barcelona y Madrid también le hacen valedor del cartel de favorito, que solo puede arrancarle su inexperiencia en partidos de máxima tensión en un Grand Slam.
Por su parte, Alexander Zverev cierra la gira europea previa a Roland Garros con dos títulos (Munich y Roma) y una buena actuación en Madrid. El teutón ha logrado entrar en el selecto grupo de ganadores de Masters 1000 en la era del BigFour, donde tan solo estaban hasta este momento Stan Wawrinka y Marin Cilic, remontándonos más tiempo, David Ferrer y Jo-Wilfried Tsonga. Su juventud, polivalencia y desparpajo para ganar la primera final que ha disputado en un gran torneo, son avales suficientes como para considerarle favorito.
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Se antoja realmente complicado pensar en un vencedor de Roland Garros que no responda a ninguno de estos cuatros nombres. Además de Murray y Wawrinka, solo David Goffin parece en condiciones de poder sorprender a alguien pero aún está lejos de partir como favorito en un evento de esta magnitud. Milos Raonic, Jo-Wilfried Tsonga, Kei Nishikori o Marin Cilic parecen realmente lejos de cualquier posibilidad de sorprender a los mejores. Aún queda una semana previa al Grand Slam parisino pero estos cuatro hombres estarán en todas las quinielas.

