Borna Coric y su segunda explosión

Una de las piezas más conocidas del puzzle de la NextGen, el croata Borna Coric, busca su explosión definitiva después de muchos cambios en los últimos tiempos.

Rubén Pérez Serrano | 23 Feb 2017 | 17.00
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Tan solo tres temporadas en el circuito ATP le han dado para mucho al croata Borna Coric (Zagreb, 1996). Algunas grandes victorias, algunos grandes resultados pero también algunas grandes decepciones que han lastrado e incluso frenado en seco la que parecía una meteórica progresión hacia el estrellato para un chico con unas cualidades físicas y de actitud sobresalientes. Una rara avis dentro de su generación. En su caso, han sido las lesiones las que le han detenido. La temporada 2017 se erige ante él como un nuevo punto de partida, no un arranque desde cero, pero sí un renovado impulso con el que Coric pueda reclamar el sitio en el que muchos han vaticinado que debe estar dentro del circuito ATP.

El croata es un jugador que para el que no le conozca, es tremendamente atípico. No por su sistema de juego en sí, sino más bien por la vinculación de ese esquema con su país de origen. Un país cuna de devastadores sacadores y tenistas de perfil muy agresivo y pistas rápidas. Borna juega a la contra, de Croacia y de su rival. Es un enorme defensor, un tenista con la cabeza bien cimentada y con un tenis muy sólido y seguro. Si en su pasaporte figurara la nacionalidad española o argentina, a nadie le sorprendería. Ha sido sin duda una gran noticia para el tenis que un tenista de esta nueva generación, cuyo patrón está marcado por una desaforada altura y un juego en ocasiones demasiado agresivo y de fragilidad mental, destaque por precisamente lo contrario a eso.

Con ese patrón, más a la contra, más centrado en conservar y en construir que en derribar, Coric había conseguido grandes cosas hasta ahora. Semifinales en dos ATP 500 como Basilea y Dubái, en el primero batiendo a Rafa Nadal. Al mismo al que derrotó en Cincinnati 2016 para plantarse en los cuartos de final y convertirse en el más joven en llegar a esa instancia en esa clase de torneos desde Novak Djokovic en 2006. Además, dos finales ATP el pasado año en Chennai y Marrakech. El 33 es el número que marca su mejor posición en la clasificación ATP. Todo se truncó sin embargo por problemas de lesiones. La última en su rodilla derecha de la que debieron extraerle dos partes de hueso anclados al tendón. Coric se perdió el final de 2016 y sobre todo esa finalísima de la Copa Davis ante Argentina.

Hasta cierto punto, el zagrebí se siente como si hubiera sido de nuevo colocado en la línea de salida del tablero. Ahora busca esas escaleras que le hagan trepar con celeridad, aunque es consciente de que la paciencia será indispensable como cuenta para la web de la ATP. "El regreso ha sido difícil pero ahora ya me encuentro más o menos bien. Como todo en la vida, hay subidas y bajadas. Durante el pasado verano jugué muy bien, pero después me lesioné. Llevaba hasta 2017 cuatro meses sin jugar. Era consciente de la dificultad de volver a arrancar", reconoce el joven de 20 años y que en la pasada madrugada cedía en la segunda ronda de Delray Beach con el número 4 del mundo, Milos Raonic.

Estos 'impasse' de Borna Coric han venido acompañados de cambios en su equipo. En sus primeros tiempos era el actual capitán de Copa Davis, Zeljko Krajan, el que iba con él. Posteriormente le han seguido Thomas Johansson y Miles McLagan. Ahora se ha decidido en su regreso a las pistas por el hermano de Mario Ancic, Ivica. Una vuelta a las raíces, a lo de casa, que siempre funciona. "Se hace complicado cambiar cada seis meses de entrenador ya que cada uno tiene sus puntos de vista propios sobre lo que necesito para jugar así como una mentalidad distinta", cuenta Borna, que confía en encontrar la conexión necesaria con Ivica Ancic. "Es importante conocer a la persona con la que posiblemente vayas a estar viajando el resto de tu carrera. A buen seguro que haremos 'click'", opina.

Coric sabe que estar sano no es la única premisa para escalar hacia la cúspide y hacia sus primeros títulos ATP. Cree que a esa rocosidad y solidez de su juego le hacen falta unas adecuadas y medidas dosis de agresividad, de las cuales ha carecido. "Es preciso que sea más agresivo de lo que lo era antes. Aunque tengo que tener cuidado de no serlo demasiado. Si solo me centro en atacar, acabaré perdiendo una parte de mi juego, la defensa, que es lo mejor que tengo", considera Borna.

El arranque de año está siendo lento, comedido. Pero la temperatura de esa nueva raqueta con la que está jugando el croata, quien cambió de Yonex a Wilson, irá a buen seguro en aumento con el paso de las semanas. Más pronto que tarde acaparará los principales focos una de las grandes estrellas de la NextGen.