Janko Tipsarevic ha sido noticia por su vuelta a las canchas en Buenos Aires. Desde allí, ha concedido una entrevista al medio UOL en la que, más allá del tenis, comparte sus inquietudes con relación a la filosofía y la vida. El serbio, que no tiene problema en confesar su ateísmo, afirma estar muy interesado en cómo cambian las relaciones humanas.
Antes de llegar a dichas cuestiones, Janko se centra en lo que le sigue moviendo a intentarlo a pesar de tanta lesión. "Los problemas de lesiones empezaron cuando tenía 29, y retirarme a los 29 o 30 años creo que es demasiado pronto. Atrás quedaron los días en los que los jugadores se retiraban con 30. Muchos de nosotros estamos cuidando mejor nuestro cuerpo, por lo que las carreras son más largas. Por supuesto, hay un aspecto económico y a todo el mundo le gusta el dinero, pero para mí ese no es el motivo. Lo que he ganado lo he invertido de forma inteligente. La razón principal por la que vuelvo es porque creo que todavía puedo jugar al tenis. Voy a tener el resto de mi vida para hacer otras cosas, pero jugar en Wimbledon sólo me quedan dos o tres veces. Después, nunca más. La razón principal es querer jugar más tenis".
Valora también el serbio lo bueno y lo malo que le aporta el tenis como profesional. "Por supuesto, a veces sientes la presión. Me gusta un poco de todo del tenis. Tiene su lado malo y su lado bueno. Si yo jugara al tenis, no tendría la oportunidad de visitar todos estos lugares increíbles. Por otro lado, se está lejos de casa, familia, esposa e hija. Sé que es un cliché y cientos de jugadores dijeron lo mismo, pero me encanta competir. E incluso en sus partes malas, al final es lo que te gusta hacer. Si no lo amas, si no puedes manejar la presión y el nerviosismo, tienes que dejarlo".

¿Qué es lo que más disfruta Tipsarevic de la competición? "El deporte es tan intenso que no tienes mucho tiempo para celebrar o vivir el momento de un gran golpe ganador en un punto importante. El siguiente punto se inicia en 25 segundos o te penalizan. La mejor sensación que tengo con el deporte es absorber todo lo que queda después de finalizar un partido. Después de todo ese drama. El verdadero placer viene cuando termina un encuentro. Ahí es donde puedes relajarte durante un día o dos y ver lo que has conseguido".
Fuera del tenis, el extop-10 explica cómo llegó a interesarse en la filosofía, enlazando primeramente sobre sus creencias religiosas. "Aunque mi familia es muy religiosa, soy ateo. Leí determinados libros cuando tenía 21, 22, 23 años. Lo que me atrajo a estos libros era: ¿Qué es la filosofía? Pues no es la verdad. Es la búsqueda constante de la verdad. La humanidad misma está en constante cambio y evolución. La ciencia tiene ahí un reto pues no puede decir "esto es verdad", porque en diez años todo puede cambiar. Es por eso que hoy me gusta leer acerca de la sociología moderna, acerca de las relaciones humanas. Al final del camino, siempre hay dolor, siempre hay tristeza, siempre hay oscuridad pues la esperanza o la creencia no se usa en filosofía; con ellas no se puede probar nada".
"La belleza salvará el mundo" es una frase que Janko lleva tatuada en uno de sus brazos, también extraída de una lectura. "No tiene nada que ver con el tenis. Es una frase de un libro de Dostoievski llamado "El idiota". De hecho, es una ironía, pues el personaje principal, Mishkin, cree que la belleza salvará el mundo. En el libro, él cree que ser bueno con los demás hace que los demás también lo sean contigo, pero creer eso le lleva a la muerte. Yo no estoy de acuerdo con eso, claro. De hecho, creo que ser bueno con los demás es una virtud. Aunque soy ateo, practico la regla de "no hagas a otros lo que no quieres que los demás hagan contigo. Por desgracia, la sociedad en que vivimos no funciona así. Tienes que ser más cuidadoso".

