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Nadal siembra un posible comienzo

El español Rafael Nadal vence en cinco mangas al alemán Alexander Zverev y cruza así a octavos de final del Open de Australia

Más de cuatro horas necesitó Rafael Nadal para inclinar a la futura estrella del tenis, Alexander Zverev, en un encuentro repleto de alternativas y en el que tuvo que remontar dos sets a uno en contra (4-6 6-3 6-7 6-3 6-2). El balear mostró buena parte de los aspectos más reconocibles de su mejor momento. Faltando aún plasmarlo en el tiempo, el número nueve quiso encontrarse con su derecha para recordar que ese golpe sigue ahí. Su defensa y su experiencia, fundamentales en los momentos de mayor agobio.

De entrada, el arranque es rápido en tiempo y veloz en cada disparo. Zverev se descubre hambriento para sorprender cuando no hay ritmo ni rodaje. En un primer juego propio de una demostración de lo que uno puede hacer si se lo piden, el alemán rompe el servicio de Nadal para comenzar a dominar un set en el que Sascha mantiene las distancias en pista, más dentro que Rafa, más incisivo con su revés, obligando al balear a pensar que la repetición de su drive sobre el revés de Zverev no es la solución. Sin embargo, y aunque el de Hamburgo cierra 6-4 el parcial de apertura, el ritmo y cadencia de la cita se va parando.

Seguramente porque Nadal, ya de entrada en el segundo, decide parar y sedar los intercambios. Los liftados no funcionan como arma constructiva ante Zverev, ni siquiera el de Nadal. Zverev golpea con suma comodidad una pelota combada del mallorquín, pasando a generar toda la velocidad que se proponga, así que el número nueve del mundo va probando invertirse de derecha para escapar del revés cruzado de su rival y, sobre todo, invitar a pista a su revés cortado, haciendo a Sascha a golpear en flexión y no montado sobre el bote. Como último añadido, Rafa empieza a leer el saque de Sascha, que baja sus porcentajes. El partido va dirigiéndose hacia el desgaste fisico y hacia el combate psicológico. Set iguales.

El diálogo va generando una tendencia en los intercambios, y es esa en la que Nadal declara que su defensa está preparada para cinco sets y una bola extra en todo momento. Despliega una gran movilidad, el tronco y las piernas bajan muy rápido y Alex tiene que tomar más riesgos, en direcciones y velocidad. Con tanta clase en su raqueta, el alemán acepta el reto, pero eso le resta continuidad y acierto, una circunstancia que debe manejar en cada punto. El nivel sube muchísimo por momentos, con Nadal pegando tres derechas por cada revés, lo que significa poner a defender a su rival. El partido se cierra y la pista vibra.

Ambos jugadores le piden al contrario más de lo normal, mucho más. Zverev madura desde más latigazos y su servicio, Nadal desde el intercambio más elaborado, con inercia más que positiva en ambos para afrontar puntos de inflexión. Los hay, de hecho, y los dos son capaces de solventarlos. Se suman juegos en el momento de partido donde más concentración se observa. Hay en el ambiente una clave por ser agarrada y alemán y español lo saben como ningún otro actor que forma parte del espectáculo. El choque está a punto de ceder hacia un lado y necesita saberlo en una muerte súbita delicadísima, fundamental en el porvenir.

Allí, Zverev lo ataca todo, fallando grotescamente en la red, sin timing alguno, y sacando misiles impresionantes para corregir dichos errores. Nadal pone primero su defensa para igualar a cinco, pero Sascha tiene una marcha más. La pasta de crack se forma en los últimos puntos, habilitando un revés cruzado que tiene pinta de alzarse como historia del tenis. Dos sets a uno para Alexander, que celebra enérgicamente. Compite con marcador a favor. A sabiendas de que el germano pueda relajarse y desubicarse, Nadal aprieta, conociendo como la palma de su mano que el inicio del set, en ese contexto, tiene una importancia vital. El balear rompe, con una feroz agresividad, yendo a por la pelota sin contemplaciones, sosteniendo para un 3-0 tempranísimo pero también lejano del objetivo de forzar el quinto parcial.

Con 3-1, Rafa salva bola de break y varios deuce para ponerse 4-1 y caminar hacia el empate. Es la fase de más dudas en Zverev que se ve con la ventaja cedida y el comienzo del set definitivo con una rotura en contra. La presión hace mella en la calidad del juego... y en el físico de Zverev, que en el quinto juego comienza a sufrir calambres definitivos. Nadal no baja la concentración y suma una dosis de confianza por partida doble: llueve mucho menos en las dudas que atravesaron sus golpes y competitivamente se carga de argumentos para próximas rondas. Quien sabe si el punto de inflexión que vaticinaba este cruce pueda convertirse en un inicio. En un posible comienzo.