¿Existe una única forma de jugar concreta que llevada a la perfección asegura el reinado del mundo del tenis? ¿Una especie de fórmula para ser el mejor tenista del circuito? Un reciente estudio de la ATP parece desmentir esta teoría. Al menos en parte. No existe un único perfil de tenista que pueda alcanzar la cima. Más bien, la fórmula parece residir en otra cosa, no tanto el qué sino el cómo. Dominar una estrategia de juego concreta a la perfección puede ser la piedra angular sobre la que se cimente un auténtico líder del tenis masculino.
La ATP coge dos tipos muy marcados de jugadores, dos formas diametralmente opuestas de entender el tenis. Por un lado, la quintaesencia del juego agresivo personificado en la figura del estadounidense Pete Sampras y por otro, el mejor y más devastador ejemplo del restador perfecto, el serbio Novak Djokovic, actual líder de la clasificación mundial. Ambos, en sus respectivas épocas, han sido o están siendo en el caso del balcánico, los mejores en esas facetas. Sampras en el juego de ataque con una estratosférica efectividad tanto con el primero como con el segundo servicio así como con la volea y Djokovic en el ejercicio del resto y el juego ya no defensivo, que también, sino uno cimentado desde la línea de fondo que de defensivo suele tener bien poco.

Pete Sampras acabó hasta en seis años consecutivos como número 1 del mundo. Desde 1993 hasta 1998. En ese período especialmente, el americano dominó como ninguno el juego agresivo cimentado en grandes servicios. En 1998 dejó una marca que no se ha vuelto a superar. Registró un 83% de primeros saques ganados, nadie ha podido superar esa cifra entre 1991 y 2015. En este período también es él el que lidera la de saques directos por partido, habiendo conseguido 11,9 aces de media en 1995. Y algo que es inherente a un tenista cuyo juego orbita sobre un servicio, el riesgo con el segundo saque. Sampras también es hasta la fecha el número 1 a final de año que más dobles faltas de media ha registrado al finalizar una temporada. Exactamente 4,2 por partido en 1998, que casualmente es el año en el que mejor porcentaje de puntos ganados con primer servicio posee el ex tenista de Washington. Sampras era el mejor en su terreno indiscutiblemente, por mucho que restando dejara que desear. Allí donde su estilo de juego era potenciado era extremadamente complicado librarse de su yugo.

En el otro hemisferio del tenis tendríamos al actual número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic. Representa sin lugar a dudas la perfección en el campo del resto, en la ardua tarea de contrarrestar el juego de ataque, ya sea con el servicio o en un peloteo. El despliegue por la línea de fondo del balcánico es exquisito, es el dueño y señor del fondo de la pista. Ni siquiera Rafa Nadal ha podido en la mayoría de ocasiones hacerle frente a Djokovic en ese terreno y ha acabado esclavizado por el ‘Djoker’.
Las estadísticas del tenista de Belgrado hablan por sí solas. En todo lo que atañe al juego al resto, Djokovic ha mandado. Ningún otro jugador ha podido hacerle sombra. Es el auténtico rey devolviendo saques y ganando esos puntos al resto así como llevando a buen puerto puntos de ruptura. Y no por casualidad, el número uno que peores datos refleja en este apartado es Pete Sampras, que tanto destacaba en la faceta ofensiva y con su propio servicio.

El estudio deja claro por tanto que aquel que lidera el circuito lidera o tiene que liderar una de las dos vertientes en las que se divide el tenis: Ataque y contraataque. Sampras era el rey del ataque y Djokovic lo es del contraataque. Cada uno con sus matices propios. A falta del jugador perfecto que lidere ambas facetas, ya no que sea muy bueno en ambas, sino que lidere, la fórmula indica que en el dominio absoluto de una de estas dos vertientes está la clave del éxito. A lo que cabría añadir la época en la que se desarrolla. Porque no es lo mismo ser el mejor restando en una época en la que los sacadores, con otro material y otras superficies dominaban a placer, que hacerlo ahora por ejemplo, donde el juego de fondo prevalece y goza de mayores garantías de éxito que el de saque.


