Murray ilumina la Arthur Ashe

Andy Murray conforma un imponente debut en Nueva York, derrotando a Rosol en una eléctrica cátedra de juego. El cénit del escocés

De noche, de negro y con gorra. En un teatro de sombras, Andy Murray sumó un nuevo capítulo a su cenit veraniego, completando un ejercicio de debut propio del mejor jugador del mundo, por sensaciones de juego y confianza personal. El escocés alumbró la pista para dejar a Lukas Rosol, uno de esos jugadores de arranques fugaces e intimidatorios, en un tenista sentenciado desde el quinto juego del choque. El número 2 lo anuló por 6-3, 6-2 y 6-2, en apenas 2h de juego, conquistando al público norteamericano, ávido de ataque y proposición.

Es justo decir que la valoración de Murray como miembro legítimo de un grupo que contiene a Federer, Nadal y Djokovic debe ajustarse tomando distancia. Sin embargo, circunstancias y momentos de los tres ya citados a un lado, es de recibo confirmar que llegó el momento en el que el actual campeón de Wimbledon ha podido alcanzar la versión del jugador total. El verano de 2016 ha permitido comprobar que Murray, el cuarto en discordia, también pudo ser el mejor jugador posible dentro de su carrera deportiva. Lo ha logrado junto a Lendl y lo ha logrado en estos meses.

Andy debutó en la Arthur Ashe dando muestras de estar por encima de todo. Más veloz que la pista, más rápido que la pelota, desafiando a los tiempos, como jugando vendado; pletórico y pleno, en ese momento deportivo que todo jugador experimenta en determinado periodo de su carrera. Rosol, agresivo en el intercambio corto y la combinación a dos tiros, duró un pestañeo. Murray comenzó a danzar por la pista, de proeza en proeza, de recurso en recurso. Ahora un servicio directo, ahora una volea improvisada; una defensa convertida en tromba y un escudo ante un proyectil plano de su oponente.

Sin afrontar pelotas de break en todo el encuentro, y restando agresivo continuamente, casi en posición del Federer 2015, Murray es consciente de que controla el tiempo; lo consume, se lo quita al rival, lo mueve y lo domina como nunca se vio antes en su tenis. 17 errores no forzados jugando a una velocidad tan alta explican bien los riesgos, imposibles para el 90% de jugadores, pero sostenidos en todo momento, que tomó el escocés durante todos estos meses, y por supuesto hoy.

Gustos a un lado, Murray ha ganado en lustre y brillo. Su concurso en Nueva York pasa por ser de los más atractivos a día de hoy. Su nivel de confianza hace factibles ciertas probaturas, mayor ofensividad, contragolpes brutales. La sensación remarca que cada minuto de Andy en este US Open es una oportunidad para recordar que esta es la mejor versión de un extraordinario jugador. Por lo que pueda durar.

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