Angelique Kerber rompió el sueño del tenis estadounidense y se citará con Serena Williams en la final de Wimbledon, reeditando la cita que ambas protagonizaron en Australia, después de doblegar a su hermana mayor Venus Williams en dos sets. La alemana, no del todo cómoda a tenor de sus gestos, fue claramente superior a su rival y jugará su segunda final de Grand Slam, las dos esta temporada.
El punto de partido explica gran parte de la superioridad de la tenista de Bremen. Un intercambio largo -rally favorable a su tenis-, con Venus golpeando bien y pasando al ataque, viendo como un passing cruzado a la carrera de la jugadora zurda terminaba con el punto. La tónica transmitió siempre, en mayor o menor medida, una sensación muy similar.

Venus nunca pudo dominar el encuentro. Todos sus tiros tenían respuesta. Kerber siempre estaba antes que la pelota, esperando el tiro o llegando con sus formidables piernas. Si el choque se derivaba hacia el plano físico, las de ganar eran todas para la alemana, así que Williams, tal y como reza también su tenis ofensivo, debía acortar los puntos gracias a su servicio, los golpes paralelos y las subidas a la red. Atacar y acortar.
Un plan que no pudo acometer hoy Venus, nerviosa en el arranque, sin primer servicio y sin posibilidad de encontrar ganadores frente a una de las mejores defensoras y contragolpeadoras del mundo. Sin sostener entre ambas ninguno de los primeros cinco turnos al servicio, el encuentro comenzó a tomar color alemán en el sexto juego del primer parcial, donde Angelique, sin mostrar un tenis brillante, tenía el partido donde quería.
El segundo set comenzó también con break y no tuvo el punto de inflexión necesario para que el choque se igualara. La velocidad de pelota y el tenis de Venus no hacían daño a Kerber, que se asentó con su servicio y pudo cerrar sin dar lugar a la posible remontada. El domingo, buscando su segundo major y frente a la rival ante la que se bautizó, Kerber buscará seguir siendo el antídoto de las Williams.

