7 de junio de 2015. Novak Djokovic cae derrotado contra pronóstico en la final de Roland Garros ante Stan Wawrinka. El serbio venía de sumar 28 victorias consecutivas y pocos pensaban que el suizo pudiera robarle la Copa de los Mosqueteros en otro intento de Nole de lograr el título en París y cerrar el círculo, consiguiendo así el ansiado Career Grand Slam. Bajo la ovación del público y con los ojos llenos de lágrimas, Novak miró hacia la Copa, sostenida en brazos de Wawrinka y dijo: "Voy a seguir intentando ganar este trofeo. Volveré el año próximo".
Un año después, su amenaza se hace realidad. Djokovic llega a París con la vitola de gran favorito al título tras un inicio de 2016 espectacular con 37 victorias, sólo 3 derrotas y 5 títulos en su haber. Muy similar a cómo llegó a París el año pasado, con 35 victorias, 2 derrotas y también 5 títulos. Aunque su gira de tierra batida no ha sido tan buena como la del año pasado (10 victorias, 0 derrotas y los títulos en Monte Carlo y Roma), con sus 9 partidos ganados y 2 perdidos y ese título conseguido en Madrid, se pone en una situación en la que pocos no dan al serbio como claro favorito al título final en París.

Han sido muchos años los que el serbio ha ido trabajando y mejorando su juego sobre esta superficie. En los primeros años de carrera se encontró con un Rafael Nadal increíble, en su mejor época donde arrasaba prácticamente a todos sus rivales en polvo de ladrillo. Pero poco a poco fue acotando el cerco entre los dos hasta el punto de derrotarle sobre tierra batida en varios encuentros aunque no terminaba de encontrar la manera de derrotar al malloquín en París. Los dos últimos años consiguió llegar a la final pero en ninguno de aquellos partidos vimos al Novak que todos estamos acostumbrados a ver. Bien por la presión, bien por los nervios o bien porque Nadal y Wawrinka también tuvieron algo que decir, a Djokovic siempre se le escapa la victoria en la ciudad de la luz.
El azar le ha querido echar una pequeña mano al serbio entregándole un cuadro bastante asequible en las primeras rondas, permitiéndole que pueda llegar a los últimos días bastante fresco de mente y piernas, algo que, por ejemplo, echó mucho en falta el año pasado ya que las dos duras rondas que tuvo en cuartos ante Nadal y en semis ante Murray le restó un poco de frescura en la final ante Wawrinka, algo que él mismo reconoció en rueda de prensa y es que eso es algo que le estamos viendo mucho últimamente en este 2016 a Djokovic, que tras muchos partidos seguidos le está costando especialmente recuperarse para encarar con garantías la victoria en un partido. Le costó encontrar ritmo en Miami, después de Indian Wells. Le costó en Monte Carlo, después de Miami y le costó en Roma, después de Madrid. Será clave para él llegar con pocos minutos en pista a los partidos de rondas finales.

Su edad, cumple 29 años hoy 22 de mayo, hace pensar que no le quedan demasiadas oportunidades más para conseguir el título en un torneo como Roland Garros, uno de los que más exigen de un buen físico para poder ganarlo y es que hay muy pocos tenistas en la historia que hayan logrado el título en París a esta edad. En la Era Abierta, tan sólo aparecen Andre Agassi y Stan Wawrinka como jugadores tan veteranos en ganar Roland Garros. El estadounidense lo logró con 29 años y 1 mes y el suizo lo hizo con 30 años y 2 meses.
Aunque existen auténticos peligros en su camino que le podrían poner las cosas muy difíciles como Wawrinka, Nishikori, Nadal o Murray, el serbio debería de una vez imponer su superioridad sobre la arcilla del Bois de Boulogne. No hay torneo al que vaya Djokovic, que siempre le preguntan por Roland Garros y es que conseguir el título en París le haría entrar en el selecto club de tenistas que consiguieron los cuatro Grandes: Nadal, Federer, Agassi, Emerson, Laver, Budge y Perry. Auténticas leyendas ya de este deporte. Y esa Copa de los Mosqueteros le haría subir aun más un par de escalones en el Ranking histórico de mejores tenistas de la historia.
El tenis le debe un Roland Garros a Djokovic. Para él, será casi como decir: "Es ahora o nunca".

