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El tenis es capaz de unir a un país

Fabián Valeth - 25 abr 2016 | 14:37

Cuando la guerra atemoriza a un país, el deporte es una buena medicina para secar las lágrimas. Eso lograron Cagla Buyukakcay y el tenis en Turquía.

Este domingo el tenis turco logró la mayor hazaña de toda su historia: Cagla Buyukakcay remontaba a la montenegrina Danka Kovinic en la final del WTA International de Estambul y lograba el primer gran título para aquel país; nadie –fuera hombre o mujer- había sido capaz de alzar el trofeo de un torneo ATP o WTA, incluso, ninguno había sido capaz de llegar a una final hasta que apareció Cagla.

Cuando Kovinic dejó la pelota en la red, la reacción de Buyukakcay fue llevar sus manos al rostro para convencerse que aquello que vivía no era el mejor de los sueños; quería confirmar que era realidad. Y se dio cuenta de ello cuando vio a todos sus compatriotas, que llenaron la pista central del Koza World of Sports de la capital de Turquía, celebrar con alborozo aquella gesta nunca antes vista. Las lágrimas no solo se apoderaron de Cagla, las cámaras captaron a muchos de los presentes echados a llorar; pero esta vez la razón no era fruto de la guerra, fue un llanto de alegría que es paz ante la incertidumbre.


El temor que ha provocado el denominado Estado Islámico ha tocado las fibras del pueblo turco, que en el último tiempo se ha visto inmerso en atentados que han cobrado vidas de inocentes. El temor en el ambiente provocó las bajas de jugadoras como Camila Giorgi, Lucie Hradecka o Irina Falconi, quienes prefirieron no seguir esa ruta. De hecho, también estaban anotadas Victoria Azarenka y Caroline Wozniacki, aunque estas bajas se inclinaron más por la buena actuación de la bielorrusa en Indian Wells y Miami y por la lesión en el pie derecho de la danesa.

Lo cierto es que aquello no fue capaz de derrumbar el evento magno del tenis en Turquía, que fue acaparando mayor atención a medida que Buyukakcay iba avanzando cada vez más rondas. En la final el estadio estuvo colmado, los aplausos resonaban a mayores decibeles cada vez que la local ganaba un punto, llegaron fanáticos uniformados como sabiendo que el apoyo iba a ser vital. Fue un manto que cubrió a la jugadora de 26 años que quedará en la historia del tenis de este país para siempre.

Lejos de los focos, que apuntaban sin dudas a Stuttgart –que acaparó a más de la mitad del top 10-, en Estambul se tejió una historia mágica. Cagla, oriunda de Adana (ubicada al sur de Turquía), ve el fruto de los esfuerzos que construyó desde hace más de 17 años en el Adana Tenis Dag ve Su Sporlari Kulubu Dernegi, un club de tenis y deportes acuáticos que hoy en día la principal cancha de tenis lleva su nombre, porque allí, en su pueblo natal, significó todo un ejemplo a seguir en el deporte desde que ganó la medalla de oro en sencillos y dobles en los Juegos Mediterráneos de 2013. Y hoy confirma aquello: es la primera turca en pisar el top 100 en toda la historia y tiene ganas de ir por más.

Turquía tuvo su día de júbilo, su alegría en medio de la desazón. El pasado domingo siempre quedará marcado en el libro histórico del tenis de este país.