Skip to main content

El gen que ‘legaliza’ el dopaje

Un 10% de los deportistas con ascendencia europea contiene un gen (UGT2B17) en su ADN que les hace impunes a la mayoría de controles antidopaje.

Con el paso de los años, el ser humano ha ido investigando y estableciendo las bases del conocimiento de nuestra propia identidad. Gracias a la ciencia podemos afirmar con pruebas fehacientes de dónde venimos, de qué estamos hechos e incluso el motivo de nuestro aspecto. Todo se encuentra en los genes, el punto de partido de cada persona. Es justo ahí, en el ‘territorio ADN’, donde más hemos avanzado con el paso del tiempo, desarrollando miles de estudios que han aportado la información necesaria para desmenuzar y comprender la constante transformación del individuo.

El gen deportivo es un libro -aunque en realidad es un macroestudio- llevado a cabo por David Epstein donde podemos encontrar numerosos casos de atletas rodeados de curiosas historias que causaron sensación en el mundo del deporte. Hecha ya la recomendación, es hora de centrarse en uno de los más llamativos, el que concierne al mundo del dopaje y la ilegalidad. El dato es el siguiente: alrededor del 10% de las personas con ascendencia europea tienen dos copias de una variante genética que les permite doparse impunemente. Así es como lo descubrió en 2008 la doctora Jenny Jakobsson Schulze, liderando un grupo de científicos enfocados en el caso. Hablando en plata, que por mucho que uno se dope, si tiene este gen en su organismo jamás dará positivo.

Los análisis de orina más habituales en el mundo del deporte para detectar el dopaje con testosterona, analizan la proporción de testosterona en relación a la hormona llamada epitestosterona, o “ratio testosterona/epitestosterona”. El ratio normal suele ser de 1-1. Es decir, que inyectarse testosterona sintética alteraría la proporción elevando la T por encima de la E, y los controladores de sustancias consideran que un ratio por encima de 4 a 1 significa una posible trampa. Pero los portadores de dos copias de una versión particular del gen UGT2B17 -así se llama nuestro protagonista- pasan la prueba de todas maneras. Y todo esto sin haber realizado ningún trabajo de adquisición previa, simplemente por el hecho de haber nacido con esta singularidad.

Este gen está asociado a la excreción de la testosterona, y una de sus versiones provoca que el ratio T/E permanezca normal con independencia de la testosterona que uno se inyecte. Así que el 10% de todos los deportistas europeos pueden hacer trampa y aun así no tener ninguna posibilidad de dar positivo en la prueba de detección de drogas más habitual. Y el gen para irse de rositas de la prueba de detección de drogas es, en otras partes del mundo, más norma que excepción, como ocurre en el Extremo Oriente. Por ejemplo, dos tercios de los coreanos poseen los genes que les confiere inmunidad frente a las pruebas del ratio T/E. Una barbaridad.

Por supuesto, este no es el caso de Maria Sharapova, la primera jugadora de élite en la historia del tenis en activo en salir públicamente y afirmar que dio positivo por dopaje. La rusa no consumió anabolizantes, ni EPO, ni derivados de la testosterona, aunque su archiconocido Meldonium también era una buena bomba de relojería. Tras conocer este dato, que es más relevante de lo que parece (¡el 10% de los deportistas europeos!), ¿cómo saber cuándo alguien está jugando limpio o no? ¿Cómo confiar en el deporte si uno de cada diez puede estar haciendo trampas y nunca lo sabremos? Qué contradictoria la ciencia. En vez de arrojar luz en el camino, nos añade más dudas todavía.