El renacido

Marcos Baghdatis se ha vestido esta semana de Leonardo DiCaprio en Dubái y opta al galardón por unas de las mejores interpretaciones del torneo.

Una resurrección que llevábamos esperando varios meses. Marcos Baghdatis se plantó ayer en la final del ATP 500 de Dubái dejando muestra una vez más de esa ley no escrita que dicta así: el que tuvo, retuvo. El chipriota, ex número ocho del mundo hace una década, volvió a brillar con luz propia esta semana en los Emiratos como solía hacerlo en sus tiempos de gloria, entrando directamente a la disputa por el título que se pondrá en juego esta tarde a partir de las 16:00 hora española. Solamente Stan Wawrinka podrá apartarle de la emotiva recompensa.

Las bajas en el cuadro de Dubái ya hacían temblar al personal incluso antes de que empezara a correr la bola. Con solamente tres top15 en sus filas, el elenco masculino no hacía justicia a un evento de tal prestigio. Para más inri, las grandes raquetas se fueron desperdigando con el paso de los días, con el abandono de Novak Djokovic por un problema ocular como episodio más doloroso para los organizadores. Pero al final y pese a todo, el número cuatro del mundo logró sacar un billete para la final, aunque quizá la mayor atracción del partido se encuentre al otro lado de la red, con un hombre que no gana un título desde hace seis años pero que ha vuelto a reinstalar su sistema de ejecución de manera brillante.

Muchos serán los que todavía recuerden aquella final del Open de Australia 2006 entre un Roger Federer paseándose por el circuito en las dos últimas temporadas y un joven Marcos Baghdatis de tan solo 19 años ofreciendo su carta de presentación al mundo profesional. Esa sería la primera piedra del chipriota en este camino de rosas y espinas que ha significado su carrera como tenista. Su estancia en la élite no perseveró demasiado y pronto se descubrió su verdadera condición de jugador talentoso impredecible pero terriblemente irregular.

Lentamente fue dando pasos atrás, desandando lo andado, con varias lesiones que truncaron su evolución y algunos problemas personales que tampoco le dejaron avanzar. En 2014, momento en el que tocó fondo, se veía hecho todo un veterano -aunque con tan solo 29 primaveras- y con una tendencia que le empujaba hasta el top200 del ranking. ¿Qué pasó entonces?

El retorno del guerrero. Bajando al barro para crecer en el circuito Challenger y adaptándose paulatinamente al vestuario ATP fue Baghdatis sumando un puntito de aquí y otro de allá para escalar de nuevo en el ranking. Atlanta le vio cómo alcanzaba una final profesional cinco años después, aunque John Isner le dejara con la miel en los labios de un plumazo. Hoy, como el número 57 que es, todavía anda lejos de emular aquel joven imberbe que asombró a todos en 2006, pero esta final en Dubái –con victorias ante jugadores mejor clasificados como Troicki, Bautista o Feliciano- y la tendencia del circuito a encontrar el nirvana más allá de la treintena invitan a pensar a que el de Limassol puede tener un final de camino más que digno.

Wawrinka no lo pondrá fácil y mucho menos sabiendo que no pierde una final desde hace tres temporadas. Su balance contra el top10 tampoco invita a ser muy optimista. Con un récord de 20-49 en contra, Baghdatis no logra vences a uno de los diez primeros sobre pista rápida desde que tumbara a Andy Murray en primera ronda de Rotterdam 2011.

Mucho ha llovido desde entonces pero nunca es tarde para un último esfuerzo, el que ha llevado al chipriota a vestirse de Leonardo DiCaprio para interpretar la figura de El Renacido. [¡SPOILER!] En la película, el protagonista no logra recuperar a su hijo, ni siquiera es capaz de ajusticiar a su verdugo, pero cierra una etapa de lucha con un sentimiento de pureza y armonía consigo mismo. En Dubái, jugando mejor que nunca, Marcos ya ha ganado su propia batalla. Solo falta saber si también se lleva el Oscar.

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