El partido estaba en el tercer set con 4-5 para Rafael Nadal. Sirve Dominic Thiem y el marcador está 30-40. Bola de partido. El español sabía que si perdonaba aquella pelota su rival no lo haría más tarde. Y así fue. El austriaco avanzó hasta la final de Buenos Aires dejando en su camino al vigente campeón (6-4, 4-6, 7-6). Duro golpe para la moral de balear que ha visto cómo el cambio de tendencia no se ha dado ni siquiera sobre la tierra batida.
El encuentro empezó bien para Nadal, con un servicio cómodo para abrir la velada y un break a continuación para ir ganando peso desde el inicio. Duró poquito esta ventaja. En seguida vio Thiem que a aquella bestia no se le podía dar más espacio que el del banquillo en el que se sentaba, por lo que decidió recuperar el equilibrio al duelo colocando en seguida el 2-2. Uno golpeaba y el otro reaccionaba, vuelta a empezar. Se mantuvieron discretos en los juegos posteriores, todavía atenazados ligeramente por el miedo, aunque sí es cierto que Nadal se mostraba algo más perdido sobre el terreno. Sobre su terreno. Los puntos fueron avanzando y con 4-3 y saque del austriaco, Rafa optó a una bola de break que le hubiera puesto desde la línea de saque a continuación para zanjar el primer acto. No pudo aprovecharla.
El tenis suele ser un deporte justo en la mayoría de sus ocasiones, pero sobre todo suele ajusticiar a quien no atrapa estas oportunidades. Empató Thiem el marcador y, tanta confianza ganó con este logro, que también se apuntaría los dos juegos siguientes. 6-4 para el número 19 del mundo que por primera vez le arañaba un parcial al tenista de Manacor. El público porteño se quedó petrificado ante lo sucedido, aunque no había ni uno solo que no confiara en la remontada del campeón de 14 Grand Slams.

Tenía que recuperar ese terreno cedido lo antes posible, desde el primer juego, allí donde apareció para sacar de su Babolat un par de buenos golpes ganadores que escondiera, un poco, tantos errores no forzados. Pero ahí se quedó toda la mejoría de Nadal. Al juego siguiente, desde el resto, no era capaz de morder, imposible poner en apuros al joven austriaco y cada vez con más tinieblas en las cuerdas de su raqueta. Hoy no hubo un calor extremo, ni tampoco aparecieron las lesiones ni el dolor de estómago. Simplemente se estaba enfrentado a un jugador que utilizaba mejor sus armas sobre la arcilla.
Pero el partido no le iba a negar a al vigente campeón una puerta para volver a meterse dentro del tablero. Con 3-3 salvó una bola de ruptura, la misma que se le presentó a su favor desde el resto con 4-5. Allí fue donde la diferencia de edad se conjuró para salvar al español y poner tan nervioso a Thiem que era incapaz si quiere de poner la bola en pista. Una derecha paralela se perdía lejos de la línea y el balear le devolvía la estocada con idéntico resultado (6-4, 4-6). Ninguno estaba siendo especialmente superior ahora, así que el último acto decantaría la balanza.

Y de salida, break. Así arrancó Dominic esta última contienda, frenando el ascenso de su oponente y volviendo a poner tierra de por medio. Pero la noria seguía girando y ninguno dominaba mentalmente la batalla, por lo que la tensión se volvió a apoderar del austriaco y Nadal recuperó la desventaja. Al final, un partido tan errático, solo se podía definir así, con errores. Y el que menos falló fue Dominic Thiem, aunque para ello tuviera que salvar una bola de partido con 4-5 en contra y desperdiciara otras tres en el último suspiro del encuentro.
El desempate fue un tiro al pie del jugador español que vio cómo de su raqueta solamente salía un error tras otro error. El campeón se despide de su título y el joven Dominic buscará el título en Argentina ante otro español: bien David Ferrer o bien Nico Almagro.

