Roger Federer volvió a caer en las redes de Novak Djokovic. El número uno del mundo se llevó el partido en cuatro sets (6-1, 6-2, 3-6, 6-3) y dejó al helvético a un paso de una nueva final de Grand Slam. Federer salió frío del vestuario, no pudo frenar el tren a toda velocidad que fue el balcánico, tampoco encontró su mejor tenis y se vio superado en todas las facetas por un jugador que rozó la perfección. En Punto de Break analizamos las cuatro claves de la derrota de Federer ante Djokovic.
Arranque con el pie izquierdo
Federer se vio rendido al tenis de Djokovic desde el inicio de la batalla. Los partidos generalmente se marcan por los primeros sets y Djokovic supo poner su mejor tenis en los primeros 50 minutos de encuentro. El serbio fue un absoluta apisonadora desde el primer juego. Maniató y maltrató tenísticamente al helvético. Puso tierra de por medio con esos dos sets a cero a su favor. Y ahí, Djokovic tenía un récord de 152-1 en Grand Slams (única derrota en cuartos de final de Roland Garros de 2010 ante Jurgen Melzer). Prolongó la racha y llegó a los 153 partidos ganados tras estar dos sets a cero arriba. El serbio empezó ganando desde el vestuario.

Errores no forzados
No se puede intentar vencer a un hombre tocado con la varita mágica cometiendo 51 errores no forzados. Si bien es cierto que una gran parte de esta cifra llega debido a la impecable labor de Djokovic de forzar siempre a Federer a disputar una pelota más, a poner dentro una bola y a arriesgar en sus tiros. Aún así, demasiados errores gratuitos que mermaron la confianza del suizo y allanaron el camino del serbio.
Sin saque no hay paraíso
Federer no encontró su servicio salvador. Fue el encuentro donde menos le funcionó el primer saque (apenas consiguió un 57% de primeros dentro) y esto le restó iniciativa. El servicio es una de las mejores armas que tiene el helvético y con él gana una buena dosis de puntos gratuitos. Hoy apenas consiguió 5 saques directos en todo el encuentro, la cifra más baja de todo su particular Australian Open.

Desorientado
Federer está acostumbrado a marcar el ritmo del partido, a imponer su velocidad, a llevar la iniciativa y poder dominar a sus rivales. Frente a Djokovic lo intentó, pero a cada embestida suiza volvía un misil serbio. El número 3 del mundo le imprimió velocidad a sus tiros, pero veía que sus pelotas volvían más fuertes del otro lado. No tuvo la capacidad de reaccionar ante los contraataques de Djokovic, quedó desorientado, sin ideas e incluso con prisas para terminar los puntos.

