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“Hice 15 horas en coche para jugar un torneo en Stuttgart”

Daniel Sanabria - 1 ene 2016 | 09:34

Hablamos con Cristina Sánchez Quintanar, una de las docenas de tenistas españolas que trata de sobrevivir en la jungla del circuito femenino ITF.

Dicen que para jugar al tenis se necesita dinero. Y no es ninguna leyenda urbana. Convertirse en profesional de este deporte requiere de un buen colchón económico o un talento innato que te lleve hasta arriba victoria tras victoria. Bien lo saben las chicas que vuelcan todos sus esfuerzos en los torneos femeninos ITF. Sus esfuerzos, su tiempo y su dinero. Incluso el de sus familias. Viajes, comida, alojamiento, material… Son muchos los gastos que tiene una joven que trata de abrirse camino en el mundo del tenis. Si quieres llegar arriba necesitas viajar. Y, por supuesto, ganar.

El circuito femenino ITF se distribuye a lo largo del año en cientos de torneos de diferente categoría según los premios y puntos que otorga. Las competiciones de categoría 10.000 son las más accesibles para las tenistas con un ranking muy bajo o incluso para las que todavía no cuentan con puntos oficiales WTA. Los hay a puñados en muchos rincones del mundo y es el primer escalón que deben subir las chicas.

Estos torneos son organizados a menudo por grandes resorts que cuentan con hoteles, instalaciones deportivas y toda clase de necesidades para las tenistas. El ránking de cada tenista determinará a qué tipos de torneos puede acceder. “Tenemos una licencia y entramos en una página web donde nos apuntamos con varias semanas de antelación a los torneos que queremos jugar. Podemos inscribirnos a varios, por prioridades, y acabas jugando en el cuadro que te acepten. Yo elijo los que sé que voy a entrar sin problemas según el ránking que tengo. Ahora mismo a los 10.000 accedo seguro y a los 25.000 debería jugar la previa”, comenta la española Cristina Sánchez Quintanar, situada en el puesto 368 del ranking WTA.

Su caso fue diferente. Con 20 años recibió una beca para jugar al tenis en Estados Unidos y allí permaneció hasta el verano de 2014, cuando se le agotaron los recursos y tuvo que regresar a España para luchar con sus propios medios y escalar puestos en el ránking. Sus padres le ayudaron con dinero durante un tiempo, hasta que ella misma puso fin a ese desembolso familiar y decidió asumir todos sus gastos. “Me he convertido en una chica muy ahorradora”, apunta. Las circunstancias le han obligado.

Por eso a la vez que tenista Cristina también debe hacer de tesorera. Cada gasto cuenta. Los torneos de categoría 10.000 y 25.000 donde ella compite no dan ninguna ayuda a los tenistas. “Los torneos en el extranjero o los ganas o no cubres gastos. Esta temporada estuve tres semanas en Túnez y conseguí hacer dos finales, unas semis y gané un dobles. Con lo que me dieron solo me pude pagar el hotel de esas tres semanas, y eso que me hicieron un precio especial, sino tendría que haberme ido a unos apartamentos fuera”, comenta Cristina.

Ganar, mucho más que levantar un trofeo

En septiembre, en el Torneo Internacional Distrito de Vicálvaro, la alcarreña logró el título en individuales y dobles. Los premios económicos esa semana sí fueron importantes, ya que los gastos eran mínimos por jugar cerca de casa. Cada día iba y venía en coche desde Ciudad Real. Solo tuvo que pagarse la gasolina. La sangría de gastos llega cuando hay que viajar al extranjero. Nos quedamos a cuadros cuando nos cuenta aquella vez que cogió la maleta y se marchó por Europa en busca de torneos: “Me hice quince horas en coche hasta Stuttgart. Yo sola. La primera vez da respeto meterte tantos kilómetros de carretera, pero luego te acostumbras. Es estar casi un día entero en el coche, pero es más barato que viajar en avión”, comenta.

Hizo una gira por Europa enlazando torneos, jugando en Francia, en Alemania, compartiendo habitación, ahorrando costes. Este modus operandi añade una presión extra muy grande a las tenistas cuando saltan a la pista. “A nivel económico dependemos totalmente de nuestros resultados. A veces es difícil estar en la cancha y no pensar en ello. Sabes que si ganas ese partido te pagas dos noches de hotel, y si ganas el torneo puedes viajar la semana que viene a otro”, explica con naturalidad Cristina.

Así, con apenas 20 años, solas, lejos de casa, la mayoría de ellas coge la raqueta sabiendo que se está jugando mucho más que los puntos para subir en el ránking. Es habitual que un mismo torneo se celebre en semanas corridas y las chicas opten por pasarse allí una temporada. “Si caemos en las primeras rondas pero tenemos que quedarnos toda la semana hasta enlazar con el siguiente torneo, o te quedas en las habitaciones del hotel o no te dejan entrenar en las pistas. Es así de duro. Es el negocio que tienen. Se aprovechan de las chicas. Yo ahora voy a Turquía unas semanas para jugar varios torneos de 10.000, si pierdo en las primeras rondas me tengo que quedar allí en el hotel oficial si quiero que me dejen entrenar hasta que empiece el segundo torneo”, explica.

Ella es uno de los tantos casos de jóvenes que no cuentan con familias acomodadas. Tiene más talento que dinero, y por eso el mundo del tenis es a veces tan cruel con sus mayores promesas. Por supuesto, viaja sin entrenador ni preparador físico. Sería otro gasto más que asumir. Hay tenistas que sí tienen esa posibilidad, van a los torneos al extranjero con sus entrenadores e incluso con varios familiares. Cristina no. Es independiente y solo ella puede construir su propio camino a golpe de raqueta. Otras lo hacen con el talón por delante.