Muchas veces no sabemos lo mucho que luchan los deportistas como Serena Williams para llegar a donde llegan, para lograr todo lo que logran. Tan sólo les vemos saltar a pista y en muchas ocasiones les criticamos por no lograr cosas que a simple vista parecen fácil pero realmente no nos damos cuenta de todo lo que hay detrás. La número 1 del mundo ha hablado para Sports Illustrated con motivo del premio a mejor deportista del año y la estadounidense ha abierto su corazón y lo ha contado todo.
En números, el año de Serena ha sido asombroso. Un récord de 53-3 logrando hasta tres Grand Slams. En cierto momento del año, la menor de las Williams llegó a tener dos veces los puntos de la segunda clasificada e incluso la distancia que ella le metía a su perseguidora era mayor que la que había entre la número 2 y la número 1.000. Pero no todo ha sido de color de rosa para Serena, que ha sufrido más que nunca en un año muy duro para ella.

Porque la decisión de parar casi a final de año para descansar no viene de la nada. Fue fruto de mucho pensar en ella y en su cuerpo, después de la paliza que se había metido este año, para darle un descanso más que merecido. Ella nunca ha querido que nada saliera a la luz a lo largo de la temporada pero ya desde el Open de Australia, tuvo que luchar contra las adversidades que se le presentaron.
Un resfriado fuerte le hizo vomitar antes y durante un partido por primera vez en su vida, fue en la final del Open de Australia, el pasado mes de enero. Partido que logró ganar, finalmente. En primavera, tuvo contusiones en ambas rodillas, obra de los 20 años de competición que arrastra a sus espaldas. Esto le hizo no poder moverse de la manera en la que ella desearía. Para Roland Garros, una sobrecarga en el codo derecho le castigaría su servicio ya para todo lo que quedaría de año. Todo esto iría minando la resistencia y aguante de la tenista.

En Roland Garros ocurre lo siguiente. Tras derrotar a Azarenka, Serena pilla la gripe. Con más de 38 de fiebre, Williams apena puede moverse y mucho menos correr por las bolas. Aún con eso, supo luchar lo indecible para sobreponerse al aguante de Timea Bacsinszky a la que asestó 10 juegos de forma consecutiva para colarse en la final. Lo que no se vio fue cómo quedó físicamente tras ese partido. Su familia se la encontró en el vestuario sollozando y envuelta entre toallas. Su madre cuenta que nunca la había visto así de destrozada físicamente, y mucho menos con una final de Grand Slam a las puertas. "Me rompió el corazón verla así", confiesa su madre. "Estaba llorando muchísimo", asegura Serena. "No quería ganar. Sólo quería irme a casa y no paraba de decir: 'No puedo jugar más'".
Pero lo que pasó, todos lo sabemos. Serena no podía tomarse la medicina para la gripe para no dar positivo en el control antidoping. La noche antes de la final, se encontraba tan mal que estaba segura que no podría acudir al partido ante Safarova. Ella incluso llamó a los organizadores del torneo para ponerles sobre aviso de que no lograría llegar para disputar el partido. Pero como dice Chris Evert en el artículo, "ella es diferente al resto". Serena se levanta con un poco de fiebre todavia y tras entrenar un poco decide jugar. Gana la final en tres sets y tras la victoria, confiesa Serena que la fiebre y la gripe se habían ido. Ese sobreesfuerzo de París le hizo tener que tomarse una semana entera para descansar.
Serena logra en Wimbledon ganar los cuatro Grand Slams de manera consecutiva por segunda vez en su carrera. Dañada, lesionada y herida, y aún así, ha logrado salir victoriosa en cada torneo, como una auténtica luchadora.

Pero si hay un momento en el año que ha resultado especial para ella ése no ha sido ninguna de sus victorias en los Grand Slams. Fue su vuelta a Indian Wells, 14 años después. Lo anunció el pasado mes de enero. Serena volvería a California después de lo ocurrido tantos años atrás donde tanto ella como su familia pasaron por un auténtico bochorno al recibir abucheos e insultos racistas después de que en la semifinal ante su hermana, Venus tuviera que retirarse por problemas físicos.
La decisión no fue nada fácil. Serena lo anunció a través de un escrito en la revista Time. Cuenta que tuvo que cambiar la redacción hasta tres veces para evitar hacer daño a sus padres. Una vez les enseñó el escrito contándoles su decisión, a ninguno le gustó la idea. Ni su padre ni su hermana Venus estaban preparados para volver y acompañarla. Su madre asegura que ella nunca hubiera vuelto. "No porque no les haya perdonado, sino por mi propia integridad". La número 1 del mundo reconoce que si cualquiera de su familia se hubiera opuesto a que ella participara este año en 2015, se habría negado a acudir. Pero Richard, su padre, le dijo que quizá sería buena idea para ella volver, y el resto le siguió. Esta decisión por parte de Serena viene de su fe y de su forma de pensar. "Me enseñaron que debía perdonar y sentía que no estaba haciéndolo", comenta la tenista.
Los momentos previos al torneo, Serena sufrió un ataque de pánico en su casa de Los Angeles. Un ataque que le hizo no querer ir al torneo por miedo. "¿Y si es horrible? ¿Y si me abuchean de nuevo? No quiero ir. ¿Cómo puedo salir de esta?", admite Serena que llegó a decir en aquellos momentos. Su hermana Isha le intentaba calmar. "No sabes lo que la gente va a hacer. No quiero que te expongas, no quiero verte dañada", le decía.
Acompañada de su madre y sus hermanas Isha y Lyndrea, Serena se rearmó y acudió a Indian Wells. No pudo siquiera entrenar antes del partido por los nervios. "Fue un momento aterrador", relata la número 1 del mundo. Pero lo que ocurrió cuando saltó a pista es que recibió una ovación tremenda, incluso durante su calentamiento. Isha, tras ver aquello, comenzó a llorar. Serena confiesa que ella también.
"Mucha gente siempre me preguntó cuál es mi mejor momento en el tenis y siempre respondí que todavía no había llegado", dice Serena. "Pero creo que ahora sí lo ha hecho y fue el volver a Indian Wells y jugar. Despertó en mí muchos sentimientos que no sabía que tuviera. Fue muy sorprendente lo emocional que me puse y lo aliviada que me sentí después de todo".
Ahora, tras esa parada de un par de meses, Serena hace recuento. "Ya no estoy tomando ninguna pastilla para el dolor, ni Advil ni Voltaren. Mi codo se siente mucho mejor. Estaba fatal, no podía sacar. Pero he estado estirando y tratándome y ahora estoy muy bien", asegura.
Tras recibir el premio a mejor deportista del año por Sports Illustrated, Serena cerró su discurso con una frase del poema de Maya Angelou: "Y aún así me levanto". Y es que no dudamos de que lo seguirá haciendo muchas veces más. Serena, todo un ejemplo para muchos.

