No hay mucho que decir al leer a Kimiko Date-Krumm. La jugadora japonesa ha escrito una carta en Tennis.com donde, desde su propia vivencia, explica las diferencias del juego y el circuito que van desde su primera etapa como profesional (1987-1996) hasta la segunda, cuando volvió a las pistas 12 años después, en 2008 y con 38 años. En pleno 2015, con 45 años y dentro de las 200 primeras del ranking, la jugadora asitática quiere seguir compitiendo. Disfruta haciéndolo. Más que en ningún otro momento.
"Soy muy consciente de que en estos días, la mayoría de mis oponentes son lo suficientemente jóvenes como para ser mis hijas. Es una locura. Pero una vez que llego a la cancha para jugar un partido, eso nunca se me pasa por la mente. Después de todo, mis oponentes son mis compañeras, mis competidoras.

Cuando regresé tras mi primera retirada, nunca imaginé que todavía estaría jugando ocho años más. Pero a mis 45 años sigo adelante porque me encanta el deporte, y todavía tengo la oportunidad de jugar a un alto nivel en la WTA.
No me doy por vencida, porque sé que todavía soy capaz de vivir grandes momentos, como la victoria sobre Sabine Lisicki en Stanford este verano. En ese partido, perdía 1-6 y 1-4, pero fui capaz de luchar contra una jugadora potente y consumada. La próxima vez que pase por algo así, recordaré esta remontada.
Sigo jugando porque, bueno, nunca he sido muy buena estando quieta. Crecí en una familia muy activa -las vacaciones siempre las pasábamos en las montañas o en la playa, y practicábamos mucho deporte-. Cuando estaba en la escuela primaria, mis padres ingresaron a un club de tenis por primera vez. Después de la escuela, mientras que mi hermano mayor y mi hermana jugaban con sus amigos, me pasaba horas en el club de tenis, sin nada que hacer, sólo viendo jugar a la gente.

Pero como siempre tenía que estar haciendo algo, un día cogí una raqueta y empecé a competir contra otros chicos. Sólo tenía 6 años de edad, y de inmediato, vi que era buena. Durante mucho tiempo lo hice por diversión, pero me decidí a ser profesional cuando tenía 17 años; ahí empecé a tener éxito en los torneos en Japón. Una vez me convertí en profesional en 1989, mi ranking subió muy rápidamente.
Siempre me ha gustado jugar frente a mucha gente en grandes estadios, y en especial me encantó jugar contra Steffi Graf. Sin embargo, no me gustaba ir de gira durante mi primera etapa como profesional. Todo era muy diferente. No había internet ni teléfonos móviles, y no había muchos atletas japoneses, incluso fuera del tenis. Toda la atención de los medios japoneses se centró en mí.
Yo era muy joven y la presión era demasiado para mí. No entendía muy bien el inglés, y siempre me sentía sola. Sabía que si quería seguir para desafiar a las mejores jugadoras y ganar títulos importantes, tenía que trabajar más duro. Pero ya no tenía motivación.

En 1996 decidí retirarme del tenis y disfrutar de mi vida. Pasé tiempo con mi familia y amigos, fui a la escuela de cocina, corrí una maratón e hice muchas cosas divertidas. Nunca sentí que estaba perdiéndome el tenis, a pesar de que después de casarme en 2001 mi marido siempre decía: "¿Por qué no jugar más? Todavía estás en forma, todavía eres joven, y la competición es buena para tu vida. Pero siempre le decía: "No, no, no, se acabó mi carrera. Estoy disfrutando de mi vida. Es suficiente."
Durante casi una década apenas cogí una raqueta de tenis, sólo de vez en cuando golpeaba con mi marido, quizás una vez cada seis meses. Pero en 2007, me comprometí a jugar un partido de exhibición en Japón con Graf y Martina Navratilova. Yo sabía que tenía que trabajar muy duro para jugar bien un partido ante ellas, así que me dediqué a practicar durante los seis meses previos a la misma. Fue muy difícil. Tuve que volver a aprender todo, incluso cómo seguir la pelota con mis ojos. Pero lo disfruté.
Poco a poco, mi mentalidad empezó a cambiar. Pensé que tal vez, si la exhibición iba bien, podría apuntarme al Campeonato de Nacional de Tenis de Japón, en noviembre. Así que, después de la exhibición en marzo, me decidí a pasar el tiempo jugando algunos torneos ITF en Japón. En ese primer torneo, pasé la qualy y llegué hasta la final.

En ese momento mi objetivo ya no era sólo jugar, quería ganar. Y lo hice en singles y en dobles. A finales de 2008, mi ranking era ya lo suficientemente alto como para poder jugar la qualy del Abierto de Australia. Mi marido me dijo: "Tienes que ir."
El tenis hoy es muy diferente de lo que era durante mi primera etapa. Es mucho más físico, y todo el mundo golpea con más fuerza. Solíamos tener más tiempo antes durante los intercambios, pero ahora, con el nivel de la WTA, tengo que estar plenamente preparada y concentrada en cada pelota. No tengo grandes músculos y no soy muy alta, así que tengo que mezclar. Así que uso cortados, pelotas cortas y subidas a la red para terminar los puntos.
La preparación física es un reto también. Si me ejercito demasiado, mi cuerpo lo acusa mucho. Pero si no hago lo suficiente, no puedo seguir el ritmo de las jugadoras más jóvenes. Así que siempre estoy pensando en el equilibrio. Hago un montón de entrenamiento funcional. La recuperación es la parte más difícil. Durante mi primera etapa, recuperarme era fácil: sólo necesitaba una noche de sueño, y al día siguiente estaba como nueva.

Ahora, recuperarme es un poco más complicado. Justo después de un partido, bebo batidos de proteína, estiro y me pongo hielo. Luego tomo baños de agua caliente con sales japonesas de Epsom; todo el mundo toma un baño caliente casi todos los días, y realmente disfruto de ellos. Trato de dormir lo máximo posible. Veo que cuando estoy compitiendo, necesito al menos nueve horas de sueño por noche.
En general, sin embargo, la vida yendo de gira es mucho más fácil y más agradable de lo que era durante mi primera etapa. A pesar de que mi marido no viaja conmigo, internet hace que sea muy fácil mantenerse en contacto. También hay más jugadoras japonesas para pasar el rato. Siempre como con Kei Nishikori cuando estamos en los mismos torneos, y eso me relaja mucho.
Cuando era joven, perder era como el fin del mundo. Había decepción casi todas las semanas. Ahora, simplemente soy feliz jugando. De hecho, a pesar de que tengo muchas grandes victorias en esta segunda etapa, mi mejor recuerdo es mi partido contra Venus Williams en la segunda ronda de Wimbledon 2011. Lo perdí 6-7 (6), 6-3, 8-6, pero fue un gran momento en mi carrera. Me venía a la red, punto por punto, y estaba frente a una cinco veces campeona de Wimbledon. El techo de la pista central se cerró, la multitud me estaba animando, y utilicé el 100% de mi juego y mi pasión. Fue muy emotivo.

En esta segunda etapa, puedo sobrellevar las derrotas, pero no puedo soportar no estar lo suficientemente sana para competir. Odio las lesiones, y no quiero una lesión que ponga fin a mi carrera. Así que cada vez que me lesiono, estoy aún más motivada de lo habitual para curarme, volver a la cancha y dar todo de mí físicamente.
Me encanta este deporte. Nos permite viajar por todas partes, y tenemos una maravillosa oportunidad de estudiar y ver muchas cosas. Así que incluso si no puedo ganar, me encanta jugar al tenis, y todavía quiero competir durante el tiempo que pueda. Realmente, la edad es sólo un número".

