Roger Federer derrotó a Philipp Kohlschreiber en la segunda ronda de Basilea: 6-4, 4-6 y 6-4. David Goffin será el rival del tenista suizo en los cuartos de final.
Roger Federer mantiene en el bolsillo las llaves de su Basilea natal. El vigente campeón en la ciudad suiza defendió su casa en una noche difícil ante Philipp Kohlschreiber. La agresividad y la colocación de los golpes del tenista alemán suponen una excelente carta de presentación, pero sus habituales intermitencias le impidieron lograr su primera victoria ante Federer en once duelos.

El primer servicio de Roger apenas apareció hasta el tercer set (48 por ciento de acierto en los dos primeros parciales). Sin embargo, el jugador suizo dominaba con solvencia la fase inicial del partido. Sus restos neutralizaban frecuentemente el servicio del alemán, que acusaba cierta inconsistencia con su derecha.
Federer, fiel a su estilo, mantenía una posición adelantada en el resto, mientras alternaba contundencia y sutileza en sus subidas a la red. Superaba al alemán en el tenis directo y vertiginoso basado en el instinto.
Las grietas de Roger aparecieron en el segundo set, cuando sufrió en las devoluciones y acumuló errores no forzados que alimentaron la fe de su rival. Y Federer se tambaleó ante la presión de Kohlschreiber. Una debilidad que mandaba el partido al tercer set. Silencio en Basilea. La ciudad temía por su héroe.

Sin embargo, cuando la incertidumbre dominaba la pista central, el primer saque de Roger acudía al rescate. Éste crecía hasta un 88 por ciento de acierto, frenando las embestidas del alemán. Federer, jaleado por su público, exprimía sus virtudes defensivas esperando una oportunidad. Y ésta llegó cuando el marcador apenas concedía margen de error. El carácter de uno y otro definió los instantes finales. Roger no se exhibió esta noche, pero defendió su casa.

