Garbiñe Muguruza tiene en Singapur la oportunidad de completar una gran temporada, de ciertos altibajos y con picos muy altos, instalándose de lleno entre la élite del tenis mundial. A falta de confirmar en próximos años que hay madera competitiva para mantenerse y no acusar el cambio de estatus, Muguruza hoy es una de las mejores. Su temporada 2015, principalmente desde julio, explica seguramente la progresión más importante de todo el circuito. Comenzando el año en el puesto 21, Garbiñe puede terminarlo como número 2 del ranking, dependiendo de su desempeño en Singapur.
No existe en Garbiñe una progresión de números con respecto a 2014. La caraqueña marcó un récord de 38 victorias y 22 derrotas al finalizar la pasada campaña. En este 2015, 36 triunfos por 18 derrotas. Tres torneos jugados menos y las victorias repartidas en rondas finales de certámenes de mucho mayor prestigio. Garbiñe mostró todo su potencial en los mejores escenarios, asestando tres golpes concretos que realzaron todo su juego: Wimbledon, Wuhan y Beijing, únicas tres finales alcanzadas.

Garbiñe comenzó la temporada con buenas sensaciones hasta el WTA Dubai, a mediados de febrero. Perdió con Kerber en cuartos de final de Sydney, con Serena Williams en octavos de Australia y con Karolina Pliskova en semifinales de Dubai, todas con mejor ranking al momento de chocar. Entre medias, a pesar de no lograr el pase a cuartos de Fed Cup, ganó a domicilio sus dos partidos de individuales ante Rumanía, el segundo de ellos ante Simona Halep.
Tras retirarse en la primera ronda de Doha ante Carla Suárez, Muguruza acumuló cinco torneos consecutivos sin poder ganar dos partidos seguidos (5-5 de balance). Fue en Roland Garros donde volvió a emerger la jugadora que se inspira en grandes plazas, alcanzando la segunda semana, derrotando a Kerber y Pennetta, cayendo con Safarova, futura finalista del torneo. A partir de ahí, Garbiñe mezcló numerosos sentimientos. Sus mejores momentos de la temporada se vieron interrumpidos por la ruptura con su entrenador, Alejo Mancisidor.
Wimbledon fue el escaparate que cambió la vida de Garbiñe. Kerber, Wozniacki, Bacsinszky y Radwanska cedieron ante una jugadora habituada a llevar la iniciativa, sostenida por su capacidad para competir en pistas centrales. Los Grand Slam seguían siendo para Muguruza los que mejores resultados reportaban a su ranking, cediendo ante la incontestable Serena Wiliams en una final donde acusó el temblor en su primera final de un major. Como premio, su primera inclusión en el top-10.

De manera inesperada se anunciaba su separación con el entrenador que desembarcó de su mano al más alto nivel. Así, Mancisidor dejaba de ser su mentor. Tras una gira americana bastante negativa, se anunciaba la ruptura antes del US Open. Tras ceder en segunda ronda en Nueva York ante Johanna Konta y en cuartos de Tokyo ante Belinda Bencic, Muguruza firma como su preparador a Sam Sumyk, con el que despega en la gira asiática.
En el Premier Mandatory de Pekin y en el WTA Wuhan, Garbiñe despliega todas sus capacidades, obteniendo un lugar como cabeza de serie en las Finales de Singapur. La experiencia de conocer el circuito, jugar con mayor asiduidad frente a las mejores, y haciéndolo varias veces por temporada, asimilar la presión y los golpes duros o ajustar su juego a un físico particular, de mucha envergadura y articulaciones delicadas, han hecho de Garbiñe una jugadora más preparada para todo. Su ambición y su potencial han cumplido las expectativas. De ahora en adelante, toca gestionar y mantenerse.

