Un set de doce jugados es el bagaje de Feliciano López ante Novak Djokovic. Una sola derrota en cuartos de final de los 26 conseguidos de manera consecutiva por parte del número 1 desde Wimbledon 2009. Dos estilos bien definidos y separados en la forma que pugnan por un puesto en semifinales, en una ronda en la que Novak acostumbra a acelerar y dar un paso adelante en cuanto a sus actuaciones previas.
Feliciano acepta el reto. Sin más presión que la de disfrutar y hacer su juego, el toledano saborea sus primeros cuartos de final en Nueva York tras reconocer que estuvo virtualmente eliminado en segunda ronda, cuando Mardy Fish sirvió para sellarle un billete de vuelta hacia España. Tras superar ese momento, Fabio Fognini y Milos Raonic derrotados en sets corridos. Feliciano llega a estos cuartos jugando un tenis de alto nivel.

Por su parte, Djokovic habrá anotado por todo lo que ha ido pasando en este US Open. Sin realizar aún un encuentro del todo dominante, el serbio acostumbra a ofrecer su mejor nivel técnico y físico en la segunda semana. Con el serio aviso que le dio Roberto Bautista, Djokovic deberá afrontar un encuentro de poco ritmo. Acomodar las piernas a tiros bajos y cortados y encontrar la manera de restar los servicios del zurdo español será la hoja de ruta a seguir.
López sabe y asume por su propio beneficio que debe escapar de cualquier intercambio dialogado desde la línea de fondo. A pesar de que su nivel defensivo es más estimable de lo generalizado, Feli ha de labrar su competitividad subiendo a la malla, haciéndolo con su aproach punzante a las esquinas cuando Nole deje alguna bola corta. Un gran % de primeros servicios será indispensable para caminar en igualdad por el encuentro.

Novak habrá ensayado mucho golpe con bolas muy bajas en estos días, pues peca de cierta irregularidad cuando afronta golpes cortados, principalmente con la derecha. En cualquier caso, el discípulo de Boris Becker jugará con los cinco sets y la profundidad de sus tiros para mantener a raya a un Feli que deberá cuajar un partido impoluto; en juego está jugar la mejor altura en Grand Slam de toda su trayectoria profesional.

