La serenidad de Venus Williams

Venus Williams vuelve a ser el foco de atención al cruzar con Serena. Sin embargo hace tiempo que camina en paz y disfruta de su momento actual

Alejandro Arroyo | 7 Sep 2015 | 19.13
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Si no fuese porque Venus Williams y Serena Williams se han cruzado en 26 ocasiones, cabría pensar qué se le pasa por la cabeza a dos hermanas que se enfrentan en el camino que puede inmortalizar la figura de la menor de ellas. Seguramente algún pensamiento habrá detenido las rutinas de motivación y preparación, pero la experiencia debería de ir muy por delante. No es cuestión de calibrar de qué manera competirá Venus en un día tan crucial en la carrera de su hermana, sino de cómo ha llegado Venus a jugar unos cuartos de Grand Slam con 35 años, conviviendo con la enfermedad que padece y que ha logrado sobrellevar.

Ya queda muy lejos pero las hermanas Williams monopolizaron el tenis femenino de una manera que hoy día cuesta valorar echando la vista atrás. Desde el US Open de 2001 a Wimbledon de 2003 -ocho ediciones de Grand Slam-, Venus y Serena se enfrentaron en seis finales, cuatro de manera consecutiva entre Roland Garros 2002 y Australian Open 2003. Ya por entonces Serena desharía la igualdad y comenzaría a marcar importantes distancias con su hermana mayor.

Venus pasó a un segundo plano y se detuvo en 2005 como ganadora de Grand Slams. Aceptó que la verdadera elegida era la pequeña Serena, llegando a caer hasta el puesto 48 en noviembre de 2006. Recuperó su estatus en la última etapa de su carrera y cayó más allá de las 100 primeras a finales de 2011. Su fin parecía cercano, pero Venus contaba con un factor que a día de hoy luce y brilla por encima de todo: su tranquilidad y disfrute a la hora de jugar sin ataduras, sin focos ni exposición.

A sus 35 años, Venus ha escalado hasta las 20 primeras raquetas del mundo con una mirada distinta. Una mirada sabia, de sonrisa contenida y de un swing personal que transmite una paz interior que la hace disfrutar, sin valorar la derrota como algo incómodo. Lejos de manejar la presión de ser favorita o de estar obligada a aprovechar la plenitud de años atrás, con la que exprimir al máximo el punto álgido de toda trayectoria, la mayor de las Wiliams juega desde su pura esencia: un tenis superofensivo.

Es quizá el momento y la sensación que encuentra todo jugador en determinados momentos del profesionalismo. Es la paz de la que hablaba Frederik Nielsen aún jugando Challengers. Cuando todos miran a Serena, Venus está tranquila. Camina oscilante y relajada por un circuito del que disfruta, sin alarmas ni titulares que cuestionen una derrota. Algo así como el descanso del guerrero en medio de la trinchera. De Venus hay que disfrutar lo que quede, define al estilo norteamericano como pocas y se la ve feliz. Lo hace con la paz en su mirada.