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Rafa Nadal no tiene tiempo

Iván Alarcón T… - 7 sept 2015 | 08:32

Uno de los asuntos más desagradables a los que se está enfrentando últimamente Rafa Nadal es la falta de tiempo a la que lo obligan.

La semana pasada leí a un forero, “fanático” confeso de Rafa Nadal, escribir algo como la siguiente gilipollez: que Rafa, para jugar igual que jugó contra Schwartzman, mejor que no jugase. La petición era tan maliciosa que iba incluso más allá del resultadismo: a Nadal ya no le bastaba ni con ganar el partido.

Creencias tan imbéciles no dejan de alterarme, principalmente porque seguro que casi siempre, si no siempre, vienen de parte de personas que en sus trabajos son del montón. En el mundo hay siete mil millones de habitantes. Que sepamos, sólo siete (!) son mejores que Rafael Nadal jugando a tenis. Me pregunto cuántas personas son mejores —en sus profesiones— que cada uno de quienes exigen a Nadal jugar mejor que como hay que jugar para ser el 8º del mundo.

Llama la atención que Maria Sharapova, quien sí está al mismo nivel de éxito profesional que Rafa, defendiera a muerte el sábado a Nadal; y que sus autoproclamados fanáticos le nieguen ya incluso el derecho a intentarlo, salvo que sobre la pista sea el de otro tiempo.

No es el de otro tiempo precisamente porque aquel fue otro tiempo, pero aún así, hoy en día, es tan bueno como la enésima potencia de lo que esos fanáticos han sido capaces de lograr profesionalmente.

El ejemplo invita por lo demás a cuestionar si la relación ídolo-fan es verdaderamente saludable, teniendo en cuenta que cuando el dinero no entra por la puerta el amor se escapa por la ventana.

Hay demasiada gente negándole a Rafa Nadal aquello que están obligados a aceptar para sí mismos: el transcurso del tiempo.

Y pensar que Nadal siempre actuó predicando valores de sabiduría absolutamente contrarios: respeto al otro, ciudadanía antes que deporte, la derrota como un atardecer inevitable que cuando llegase no sería un drama sino una naturalidad, la prueba de que el deporte, como la vida, está basado en un principio de impermanencia.

Y con esa idiotez se lo pagan muchos ahora.