Nick Kyrgios derrotó a Albert Ramos en la primera ronda de Estoril por 6-3, 6-7(5) y 7-6(3). A priori, un partido más de los que se disputan cada semana en el circuito ATP. Sin embargo, el comportamiento del joven tenista australiano dio lugar a una situación controvertida.
Tras perder el primer punto del tie-break del tercer set, Kyrgios manda la pelota fuera de la pista. Ramos protesta a Fergus Murphy (juez de silla) ya que el tenista australiano había recibido dos ‘warning’ previamente y un tercero supondría la pérdida del juego, y por lo tanto, del partido. Pero Murphy responde que no ha visto la acción de Kyrgios. Éste no recibe sanción y acaba ganando el partido.

José María Díaz, entrenador de Ramos, criticó la actitud de Kyrgios en el diario Marca y hoy ha dado su versión de los hechos en Punto de Break: “Al chico (Kyrgios), todo el mundo lo conoce. Tiene mucha facilidad para jugar a tenis. Cuando madure un poco, empezará a tener más respeto por los rivales y las situaciones”.
“En el primer set, le pitan un warning por decir una palabra fea. No es la única que dijo en todo el partido, las va diciendo constantemente. En el segundo set, rompe una raqueta, le pitan el segundo warning y entonces le quitan un punto”, recuerda el técnico.
“Si recibía otro ya le quitaban un juego, y en el tie-break del tercer set, después de haber tenido él dos bolas de partido, venía un poco caliente. En el primer punto pierde su saque, y tal como le viene la bola, la saca de Lisboa y la manda a Badajoz… y nadie vio nada. Lo que protesta Albert es que si ha tirado la bola así, es una violación del código y tiene que ser juego y partido”, afirma Díaz sobre el incidente, que se puede observar en este vídeo (1:28:10):
Sin embargo, Murphy afirmó no haber visto esta acción de Kyrgios: “El juez de silla le dice que lo ha escuchado pero no ha visto nada. Puede ser que no lo haya visto. Lo raro es que no permita que entre el supervisor a la pista, eso sí que molesta. No le da ningún motivo para que no entre. Le dice que si sigue protestando y no se pone a jugar, le va a sancionar a él”.
Carlos Sánchez, supervisor del torneo, aseguró que no veía el partido en ese momento. “Hay gente que dice que sí lo estaba viendo. Él me dice a mí que no lo estaba viendo y luego me dice que lo estaba viendo algún rato. Es muy extraño que no vea el tie-break de un tercer set con un jugador amonestado dos veces. Si el supervisor lo hubiera visto y hubiera entrado a la pista, podría haberle echado (a Kyrgios)”, afirma el entrenador de Ramos.
“El público se nos tiró encima, porque quería que él ganara por ser la estrella del torneo. Durante el tie-break, todo el mundo estaba silbando, protestando y fue muy complicado ganar el partido. Al acabar, nos quejamos a todos los que nos podíamos quejar y todos nos dijeron que no habían fallado en cumplir las normas, sino que no lo habían visto. Nos dijeron que les disculpáramos por no verlo, que les hubiera gustado verlo y que en caso de haberlo visto… después de haber visto detenidamente las imágenes, le tenían que haber expulsado. El supervisor vio las imágenes por su cuenta y me dijo: ‘Tienes razón, tenía que ser expulsado’”, asegura Díaz.
“Si nos creemos todo lo que nos dicen y no empezamos a pensar cosas raras, lo único que no tiene explicación es por qué no deja entrar al supervisor a la pista. Ésto sí me reconocen que es un fallo del árbitro. Este partido lo habíamos ganado. Albert estuvo aguantando a este chaval todas sus tonterías, todas sus habladurías. Él hacía gestos en los cambios como si fuera un torero y le dejaba pasar y ‘olés’... Aguantas, aguantas y no lo ven”, nos cuenta el técnico vía telefónica.

“Ya iréis viendo a este chaval, no lo he descubierto yo. Es un personaje de otra galaxia. Gana un punto y lo celebra como si fuera un jugador de fútbol americano. Tiene gestos extraños, movimientos extraños. Juega muy bien, es un grandísimo jugador, pero creo que su nivel de juego no está a la altura de su comportamiento en un deporte que nosotros entendemos de otra forma. Albert es un jugador que no se mete con nadie. Corre, lucha, hace lo que puede… y el otro haciendo gestos todo el rato de ‘¿cómo me puede ganar este punto?’, desmereciendo la situación. Falta un poco al respeto a todos. A veces lo hace con él mismo, pero va molestando porque es todo el rato. Es un desgaste jugar contra él”, afirma Díaz.
“No sé todavía de qué va, la verdad. Hasta ahora no nos habíamos cruzado con él, sólo le había visto jugar por televisión y tenía mi percepción de él (un chico joven que iría madurando, un megacrack), pero ahora, al haber sucedido esto, conmociona un poco a todos. No es cómodo jugar contra él, no sólo por lo bien que juega sino por cómo te hace sentir con su comportamiento. Ahora que viene a Madrid, sí me gustaría que la gente le pegara un poco de caña, cosa que no pasa. A veces estamos en casa y no se nota. Cuando vamos fuera, se nota que estamos fuera”, reflexiona el entrenador de Ramos.
Díaz quiere pasar página y mirar hacia el Masters 1000 de Madrid, aunque lamenta lo ocurrido: “No pasa nada, es un error. Estamos centrados en Madrid y a seguir. Es una pena, más que nada por lo maleducado que es. Era una buena oportunidad para intentar educar a un niño de 20 años que no sé lo que se cree que es”.

