Richard Williams, padre de las hermanas Serena y Venus, detalla episodios de racismo en su nuevo libro

El padre de las hermanas Williams saca un libro el próximo 6 de mayo donde explica detalles de su vida y la de sus hijas

Richard Williams, conocido por ser el padre de Serena y Venus Williams, publica el próximo 6 de mayo un libro titulado 'Black and white: the way I see it', donde detalla episodios de su niñez, donde confiesa haber tenido que robar para poder subsistir y cuenta lo duro que fue para él dejar a su mujer e hijos atrás para poder conseguir dinero para salir de Shreveport. También comenta qué hay detrás de la ausencia de las Williams en Indian Wells por más de 13 años.

Para entender esa historia, hay que remontarse al año 2001, último año en el que las hermanas acudieron al torneo californiano. Serena y Venus estaban encaradas en las semifinales de Indian Wells. A pocos minutos de comenzar el partido, se comunicó por megafonía que Venis se retiraba, por lo que su hermana pasaba directamente a la final. Esto fue recibido por abucheos por parte del público. Al día siguiente, ya en la final, Serena tuvo que aguantar abucheos e insultos por parte del público, que pensaba que el abandono de Venus estaba orquestado. Su padre, que estaba en la grada, llegó incluso a recibir amenazas (tal y como recoge esta pieza de ESPN) del tipo: "Iros de aquí, negratas", o "Si no te vas de aquí, te despellejaremos vivo". Un episodio, tal y como Richard lo declara en el libro, llamado "El día que América cayó en desgracia".

Respecto a aquello que él y sus hijas vivieron aquel día, Richard escribe (recogido en la web usatoday): "La cascada de abucheos por parte del estadio envió un mensaje a América, a Venus, a Serena y a mí. Era un mensaje del pasado, un mensaje que América intentó dejar atrás pero que no se puede olvidar. Era una instantánea de los días en el que la humillación a la raza negra era aceptada sin rechistar. Las acusaciones e insultos raciales sobrevolaban el estadio".

El portal nydailynews.com ha podido publicar un extracto del libro de Richard Williams:

El mundo puede verme ahora como un hombre famoso en control de su destino, pero nadie sabe cuánto me definió mi vida anterior como niño, y después, como marido y como padre. Desde que tengo uso de conciencia, odié mi nombre porque el amor por mi padre no venía con él. Siempre me recordaría al hombre que me abandonó, abusó de mi madre y que me puso detrás de la línea de salida en la carrera de la vida.

Cuando niño, me costó entender por qué mi padre me repudiaba y porqué no me quería. Incluso ahora, esas preguntas siguen sin respuestas y me siento incómodo con gente o conmigo mismo, sin tener en cuenta el respeto que he ganado.

En Shreveport, mi familia y yo vivíamos en una choza de tres habitaciones, al lado de las vías del ferrocarril. La casa era tan mala que un simple viento fuerte la podría haber tirado al suelo. Cuando mi padre nunca me dio nada, decidí que iba a darle a mi familia todo lo que tenía. Cuanto más trabajara, más podría ayudar a mi mamá y mis hermanas, y así, me sentía muy orgulloso de mí mismo.

El dinero que conseguía traer apenas servía para llegar a final de mes, pero sobrevivíamos. Solía ir al bosque y cazar ranas para comer. Disparaba a conejos y robaba pollos también. Un día, compré carne en el mercado y encontré gusanos en ella. Era invierno, y estábamos tan hambrientos que no pude forzarme a tirarla. La cociné, con gusanos y con todo. No era la primera vez que comíamos carne contaminada o en mal estado. No podíamos tirar nada, ni siquiera la carne podrida.

Quedé fascinado por el hecho de poder robar a la edad de ocho años. No sé si era por la emoción de hacer algo ilegal o por el hecho de hacerlo a un hombre blanco. De cualquier forma, fue el comienzo de una próspera carrera. Con doce años, hice en mi patio trasero un pequeño un pequeño huerto de cosas que robaba de gente blanca. Sandías, melocotones, fresas, moras, tomates y nueces. Nueces era lo que más vendía en Navidad. Contraté a los hombres que merodeaban en las esquinas de mi colegio para que trabajaran en el huerto para mí.

Cuando cumplí trece años, mis proyectos empresariales eran lo suficientemente provechosos para mudarnos a una casa mejor.

Mi nuevo mejor amigo era un chico llamado Lil Man (Pequeño hombre), que llevaba el Gang de los Cedar Grove. Él no tenía miedo de nada ni nadie. Él también robaba a plena luz del día, como yo. "Tío, puedo robar cualquier cosa. Una vez, me colé en la cerca del viejo Thomas y le robé un cerdo. Y lo voy a volver a hacer Richard". El viejo Thomas era un granjero blanco miembro del Ku Klux Klan. Thomas ya había matado a dos negros que intentaron hacer lo mismo que Lil Man.

La última vez que vi a Lil Man, fue cuando fui a por agua al pozo. Él tenía su gorra hacia atrás y sonreía. Tres días después, algunos chicos que estaban cazando en el bosque encontraron su cuerpo sin vida colgado de un árbol. Los rumores decían que el señor Thomas estaba reunido con miembros del Ku Klux Klan y pillaron a Lil Man intentando robar otro cerdo y decidieron dar ejemplo con él. Le metieron un pañuelo en la boca y le cortaron las manos con un hacha. Las pusieron en una valla a modo de advertencia para otros que intentaran hacer lo mismo. No hubo investigaciones. Nunca nadie preguntó. Nadie lo intentó siquiera.

El Ku Klux Klan me cogió una vez. No recuerdo por qué fue. Solo sé que cuando me quise dar cuenta estaba peleándome con tres hombres blancos y yo estaba cubierto de tierra y de sangre en medio de una multitud. Levanté la mirada y le vi. Era mi padre, observándome ser golpeado sin mover ni un dedo. Ni siquiera llamó a la policía. Sólo se movió cuando los tres hombres se dirigieron hacia la multitud en busca de otro negro al que pegar. Ahí, salió corriendo, dejándome solo.

Es una cosa terrible saber que tu padre no te quiere. Darte cuenta de que tu padre preferiría verte morir que a mover un dedo para ayudarte. Fue un rechazo tan fuerte que aún sigue en mi memoria. Me duele tan profundo en el alma que no he podido olvidarlo ni perdonarlo.

La ira era mi vida. Encontré fuerzas luchando contra el Klan para ver hasta dónde podía llegar. Antes de irme de Shreveport a Chicago, planeé infiltrarme en el Ku Klux Klan.

Mis amigos Big Mo y Louis tenían relaciones sexuales con una granjera blanca llamada Lucy Clavens. Ella era como un perrito obediente así que sabía que ella les diría dónde guardaba su padre el traje del Klan. Mi preocupación era esconder mi color de piel. La máscara tenía unos agujeros en los ojos por lo que no enseñaba nada de piel y era de largo hasta los pies. Hice que mis hermanas compraran maquillaje para hacer que mis manos parecieran blancas.

Cuando oscureció, me monté en mi bicicleta y me dirigí a un barrio de blancos con el traje del KKK perfectamente escondido en mi chaqueta. Escondí la bicicleta en unos arbustos y me puse el traje y me blanquecí las manos. Caminé dos manzanas hasta que seleccioné mis víctimas, un granjero blanco con su hijo adolescente sentados en el parque, bebiendo y fumando. Olía su humo y escuchaba el sonido rasposo de sus barbas mientras se rascaban. Mi ira iba en aumento así como mis ganas de hacerle pagar a alguien todo lo que me ocurrió. Sentí el poder del anonimato. Cogí un palo y les ataqué rápido y veloz. Me acerqué detrás de ellos en la oscuridad y les golpeé en la cabeza hasta que se cayeron al suelo. Salí de allí tan rápido como pude. Pedaleé con mi bici hasta que salí del barrio. Pedaleaba como si el mismo diablo me estuviera persiguiendo. Cuando llegué a mi casa, mi corazón estaba aceleradísimo, obra de la adrenalina.

Sin duda, una historia desgarradora. Su libro, con la historia completa, lo podréis encontrar a la venta a través de Amazon.

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