La baja de Fish en Australia y el triste panorama del tenis estadounidense

La baja de Mardy Fish es otro serio contratiempo para el tenis estadounidense, que este año no ha metido a ningún representante en los cuartos de final de un Grand Sl

Julio Muñoz | 28 Nov 2012 | 21.48
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En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
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Mardy Fish ha renunciado a disputar el Open de Australia debido a los problemas cardíacos que viene arrastrando desde el Masters 1000 de Miami. Una mala noticia para el tenis estadounidense, que a día de hoy, sólo cuenta con siete tenistas entre los 100 primeros, siendo uno de ellos Andy Roddick, retirado desde el pasado US Open.

John Tobias, agente de Mardy Fish, ha comunicado que su jugador no disputará el próximo Open de Australia debido a los problemas cardíacos que le vienen afectando desde el pasado Masters 1000 de Miami. El jugador norteamericano, que en 2011 disputó las finales de la ATP tras lograr acabar entre los ocho primeros del mundo, ha rematado con esta noticia un año 2012 realmente malo que le ha llevado a bajar al puesto 27 de la clasificación.

Fish no jugará en Australia.

Ausente de las pistas desde que abandonara en los octavos de final del US Open cuando tenía que enfrentarse a Roger Federer, Fish evoluciona bien de sus problemas con las arritmias de las que fue operado esta temporada, pero no lo suficiente como para volver a tiempo en Australia: "la mejor noticia es que la salud de Mardy (Fish) está mejorando y regresará a la competición de forma lenta y progresiva", dice Tobias.

El regreso del medallista de plata de Atenas 2004 podría producirse en el torneo de San José, dentro del mes de febrero, pero su ausencia en el primer Grand Slam del año supone un duro contratiempo para el tenis estadounidense, que tiene en el jugador de Minnesota una de sus mejores bazas.

Y es que la baja de Mardy Fish en el Open de Australia no es más que la punta del iceberg de los problemas que viene sufriendo el tenis norteamericano en los últimos tiempos, y que se ha agravado de forma notable en 2012. Desde 2003, cuando Andy Roddick ganará el US Open derrotando a Juan Carlos Ferrero en la final, ningún estadounidense sabe lo que es saborear un triunfo en un Grand Slam. También Roddick fue el último tenista de esa nacionalidad en ganar un Masters 1000 (Miami, 2010).

Organizan un Grand Slam, tres Masters 1000 y dos ATP 500, además de invertir fuertes cantidades de dinero, pero ni mucho menos esto es una ventaja. En 2012 sólo han llegado a una final en estos tres tipos de eventos (la lograda por John Isner en Indian Wells). Han ganando cinco títulos, siendo el quinto país que más ha ganado, pero todos menores, y dos logrados a cargo de Roddick, ya retirado.

En el ranking, siempre habían sido una potencia dominadora, no en cuanto a números 1 en los últimos tiempos, pero sí por lo menos en cuanto a jugadores dentro del Top 100. En el presente curso ni eso. Cuentan con sólo siete tenistas entre los 100 primeros. Uno ya apartado de las pistas, dos por encima de la treintena, y sólo uno, Ryan Harrison, menor de 25 años. Muy lejos de los 18 tenistas que consiguieron ser Top 100 a finales de 1992, o los 11 con que acabaron en 2002.

La situación en el ranking no es más que el patético reflejo de la actuación en los Grand Slams. En Australia ningún estadounidense pisó los octavos de final, en Roland Garros ni siquiera la tercera ronda. En Wimbledon y el US Open hubo dos reprensentantes en octavos, pero ninguno logró pasar a cuartos de final, algo realmente sorprendente. Es decir, no ha habido ni un sólo norteamericano entre los ocho mejores de cualquier grande de esta temporada.

¿ Cuáles son las causas de esta mala racha?

Esta es una de las preguntas más recurrentes que se hacen en Estados Unidos y de más difícil respuesta. Existe inversión, muchas licencias federativas, magníficas instalaciones, buenos entrenadores y una estructura organizativa adecuada con multitud de competiciones y ligas internas. Ahora bien, también hay problemas.

Existe un patrón de juego muy determinado. Suelen ser jugadores de estilo directo, basados en un buen saque y un golpe definitivo, que por lo general, es la derecha. Muy adecuado para superficies rápidas, pero que cada día es más complicado de utilizar debido a la ralentización que sufren las pistas. El tenis cada vez requiere más paciencia y elaboración debido a que cada vez la bola corre menos, y esa es precisamente una de las carencias de la mayor parte de tenistas norteamericanos.

Junto a ello, los estadounidenses son tenistas a los que les gusta jugar en su país, y sólo salir al extranjero a disputar las menores competiciones posibles. En este sentido, se pierde la posibilidad de probar nuevos métodos de trabajo que permitan aprender técnicas de trabajo diferentes a las que suelen utilizar.

Evidentemente, también existe un componente de mala suerte. Jugadores como John McEnroe, Andre Agassi o Pete Sampras no salen todos los días, y puede ser que tarde varias décadas en aparecer una nueva leyenda del tenis norteamericana.

¿ Qué cabe esperar en el Open de Australia?

Ante semejante panorama, ¿qué se puede esperar del tenis estadounidense el próximo Open de Australia? La respuesta es clara: otro batacazo. Salvo que John Isner tenga un cuadro favorable y dos semanas inspiradas con el saque, las opciones de clasificar a algún representante a los cuartos de final es casi una utopía. Fish es baja, Roddick está retirado y Sam Querrey es sumamente irregular en las grandes citas. Ryan Harrison aún no está lo suficientemente rodado como para pensar en llegar a metas altas, y del resto mejor ni hablar.

Los hermanos Harrison son una gran esperanza del tenis norteamericano.

Del 14 al 16 de diciembre celebrarán en Atlanta un mini torneo con ocho tenistas relativamente jóvenes donde el premio será la entrega de una Wild Card para el Grand Slam australiano, y ahí, sí que parece que hay jugadores con algo de futuro. Denis Kudla, 20 años y ex finalista del US Open júnior, Jack Sock, 20 años y tercera ronda en el cuadro principal del último grande del año, o Cristiano Harrison, 18 años y hermano de Ryan, aportan algo de luz, pero ni mucho menos como para esperar un salto cualitativo del tenis estadounidense. Un panorama desolador que se agrava con la ausencia de Mardy Fish, una de sus grandes bazas.