De la tierra batida a la hierba
Cambian los cordajes, el calzado y la forma de juego; Saque-volea y ataque
La tierra batida cesa su actividad en el circuito profesional para dar paso a la hierba a través de los torneos de Halle, (Gerry Weber Open) y Queen’s (AEGON Championships) en un año en el que esta superficie va a ser clave en pocos meses con la disputa de Wimbledon y los Juegos Olímpicos.
A lo largo del año no volveremos a ver al Top 4 en torneos de tierra batida porque la última parte de la temporada donde se v a jugar sobre tierra batida son ATP 250 y el ATP de Hamburgo donde los mejores jugadores del mundo no pueden invertir un gramo de sus energías, de tal manera que, al máximo nivel, la temporada de tierra batida se ha acabado. (Insistimos que todavía quedan por disputarse Stuttgart, Bastad, Umag, Hamburgo y Gstaad).
Cambios
Esto da paso a una nueva forma de juego y a un montón de variaciones, muy abruptas en la preparación y en cómo afrontan los profesionales esta etapa del año. Para empezar, pasamos de la superficie más lenta del circuito a una de las más rápida, sobre todo si hablamos de estos torneos previos que cuidan sus instalaciones con un mimo espectacular y que, con muchos menos partidos que los que se tienen que disputar en el All England Club de Londres, mantienen sus pistas con un césped perfecto. Con un gramaje muy tupido y con unas condiciones de juego realmente rápidas.
Calzado, cordaje, saque y red
El primer cambio fácil de observar es en el calzado. Las zapatillas para jugar en hierba son muy distintas a las que se utilizan para jugar en tierra batida. El cambio de calzado, evidentemente, anuncia cambios en la forma de desplazarse. La adherencia en hierba es muy inferior a la que hay en tierra batida y no tiene nada que ver con la que hay en superficies sintéticas y cemento. La hierba exige del tenista una concentración absoluta porque un mal ajuste puede dar con tu cuerpo en el suelo o con un golpe impreciso por no estar bien fijado.
Las arrancadas son más complicadas y las frenadas completamente distintas a las que se producen en tierra y superficies duras. En la hierba el deslizamiento es muy peligroso y no ofrece garantías de un frenado fijo. Desde luego, el derrape, una de las herramientas habituales para los jugadores de tierra batida pasa a mejor vida.
Mientras en tierra batida puedes agacharte y dejar que tu cuerpo deslice por la superficie, en hierba lo más recomendable para poder darle dirección y potencia a un golpe, es continuar caminando. Los cambios de dirección son más difíciles y la recuperación de bolas de un sitio para otro, casi imposible.
En definitiva, en el tenis que se juega sobre hierba, quien coge la iniciativa tiene mucha ventaja porque las defensas son mucho más complicadas.
El calzado específico de hierba, tiene una suela algo más dura que la de la tierra y con unos mini tacos que permiten al tenista un mejor agarre y que se falque mejor en el suelo. (Tercera de la foto)
En definitiva, y para explicarlo claramente, esta superficie está diseñada para el juego de ataque. El jugador que pega con los dos pies fijados en el suelo tiene una gran ventaja sobre el que tiene que pegar en movimiento. La coordinación es mucho más complicada y el juego de fondo pierde, no sólo una gran efectividad sino su sentido en la base. Es decir; tratar de dominar al rival desde el fondo exige una precisión milimétrica y te va a exigir un movimiento completamente antinatural para la superficie: el movimiento lateral. Si decimos que el cambio de dirección, sobre todo de lado a lado es más complicado por la adherencia, lo mejor es solucionar los puntos con desplazamientos de atrás hacia adelante.
En este sentido, la mejor estrategia para ganar un partido de hierba es atacar y cerrar los puntos en la red. Los movimientos hacia adelante permiten un mayor dominio. Acortas los márgenes laterales y finiquitas en la red. La volea se convierte en la gran protagonista.
Junto al servicio, primordial para coger la iniciativa, la volea es el golpe definitivo.
Estrategias y cambios de planes
Los golpes de top-spin, las derechas liftadas, especialmente, pierden su efectividad porque la pelota bota mucho menos y el efecto envolvente se pierde cuando la bola toca la hierba. Ésta patina y no acelera en su movimiento de rotación.
Así que los golpes ganadores son los golpes planos y especialmente las voleas que se hacen inalcanzables. Al botar menos, no sólo evitan que se pueda levantar la pelota sino que al ir el golpe cortado, la bola patina todavía más.
Los golpes cortados, en general alcanzan una nueva dimensión y un tremendo peligro. Inocuos o defensivos en otras superficies, son golpes de ataque en la hierba. Normalmente se utilizan como “aproach”, o lo que es lo mismo, aproximación a la red para tratar de cerrar allí la ventaja que otorga saber que el rival va a tener que flexionar mucho y pegar con dificultad para levantar la bola.
Las pelotas deslizan y remontarlas es muy complicado.
El saque es primordial. Los jugadores que tienen saques planos y que son capaces de ponerlos en juego por encima de 200 kilómetros por hora convierten el primer golpe directamente en ganador. Quizá no sea una estocada, pero es un golpe mortal de necesidad. Simplemente poner el resto es juego se convierte en una quimera. El segundo golpe puede ser decisivo.
Jugadores que han sufrido muchísimo en tierra batida pueden ser muy peligrosos en hierba y al revés. Los jugadores más específicos de la tierra lo pasan muy mal en hierba. Sus desplazamientos son más torpes, sus golpes menos peligrosos y su nivel baja mucho.
Cambio de superficie. Cambio de plano. Llega la hierba.