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Javier Martí lleva el tenis en la sangre y es herencia familiar. Concretamente de sus padres, quienes llevan adelante una academia de futuros talentos. De ahí entonces que el chaval nacido un 11 de enero de 1992 en Madrid, se vio conquistado por la pasión de sus progenitores y ya a los 2 años, cuando recibió su primera raqueta, puso en práctica el deporte que tras dar su primer paso en un pista, lo enamoró perdidamente. Hoy, a sus 18 años y situado en el escalafón número 386 del ATP, es una de las mayores perlas tenisticas de España y muchos lo señalan como el sucesor de Rafael Nadal.
No es zurdo. No tiene la potencia física de Rafa Nadal, ni tampoco es de Manacor. Pero Javier Martí es español, alto y con buen repertorio de juego. "Soy bastante completo. Si tuviera que destacar algo me quedaría con la volea, aunque me defiendo igual de bien con la derecha como con el revés", se presentó él mismo, dos años atrás ante los micrófonos de Marca. Llegó al mundo en Madrid y es tenista. En sus comienzos se debatió entre el fútbol y el mundo individualista de la raqueta, pero éste último lo conquistó desde que usó la razón. A los pocos más de 730 días de vida, ya le pegaba a la bola con una destreza poco común para la edad que tenía. Pero nada fue obligado y menos forzado. Sus padres no le exigían que practicase el deporte que ellos pregonaban: todo se dio natural, por herencia quizá. Y tal como reza el refrán: lo que se hereda no se roba.
Entonces, desde un principio el tenis sólo era un entretenimiento pasajero para Javier Martí, pero con el tiempo comenzó a transformarse en profesión. A los cinco años se olvidó del balompié y su papá detectó que había nacido para insertarse en el infinito universo raquetero y por eso, a partir de ahí, la historia comenzó a desarrollarse en otro terreno, donde los torneos juveniles, las rutinas desgastantes y los viajes, eran los factores que predominaban en vida del madrileño. Una agenda inusual para un chaval. Pero propia de una futura leyenda.
Y todo el esfuerzo que invirtió desde muy pequeño no fue en vano: con el paso de los años Javier Martí recogió lo que había sembrado. Y el éxito comenzó a transformarse en otro factor en su vida. Con 11 años ya ilustraba un palmarés exquisito: campeón del mundo, de Europa y de España, tanto en individual como en dobles. Luego, tres años después repitió la corona mundial conquistando el Masters Internacional sub-14 en Italia. Y lo laureles siguieron y con ello la inmediata comparación con Rafa Nadal. "Ser Nadal es imposible. Despuntar a las 16 años y jugar Roland Garros un año después es muy difícil. Nadal es para mí un espejo donde mirarme para mejorar", le advirtió tiempo atrás Martí a Marca ante la constante comparación con el manacorí.
Es prematuro hacer un paralelismo entre los dos y sólo el tiempo dirá sí Javier se encarga de revelar la gigante figura que Nadal ya es para el tenis español y mundial. Aun así, mientras el debate se mantiene, con sus jóvenes 18 años a cuestas, el madrileño sigue por el sendero correcto. Y recientemente se consagró en el ITF Future de Espinho en Portugal, nada menos que su tercer titulo del año en esta categoría después de Madrid y Varna. Todo ello, se debe, en cierta parte, al vínculo que forjó con la Federación de Tenis de Madrid y su entrenador, Óscar Burrieza.
Este último se ha convertido en un eslabón importante para que Martí siga creciendo. Juntos van madurando en cada aspecto que le falta pulir al madrileño. Y día a día avanzan hacía objetivos cada vez más valiosos. "Mentalmente se ha convertido en un jugador muy fuerte, algo que era su punto débil. Su objetivo ahora es acercarse al 300 y si juega bien dos de las cuatro semanas que nos quedan, lo conseguirá", cuenta su mano derecha. Javier sigue persiguiendo ese sueño que comenzó a escribir a los dos años. Está 386 en el ranking y ya se encamina al Valencia Open 500, dónde demostrará que está hecho.



