Medvedev quiere romper la tendencia

Magnífico ejercicio mental del ruso, que se carga en tres sets a Dimitrov en un grandísimo partido por su parte, no dejando ningún hueco al búlgaro, que terminó rendido.

Daniil Medvedev se mete en la final del US Open. Foto: Getty
Daniil Medvedev se mete en la final del US Open. Foto: Getty

Daniil Medvedev se metió en su primera final de Grand Slam después de mostrarse muy superior a un Grigor Dimitrov que terminó ofuscado al no ver ningún resquicio por el que poder hacerle cosquillas al ruso, que demostró lo poderoso que es a nivel mental. 7-6 6-4 6-3 para Medvedev, que ya venía avisando que era capaz de grandes cosas y el próximo domingo luchará por romper una tendencia que dice que el Big 3 domina los Slams con mano de hierro.

Primer set muy entretenido y con mucho para analizar. Si así, en frío, os ponemos las siguientes estadísticas, ¿quién pensaríais que se llevó la primera manga?

Dimitrov:

  • Ptos con el 1er saque: 74%
  • Ptos con el 2º saque: 53%
  • Winners: 14
  • Errores no forzados: 15
  • Puntos ganados: 43

Medvedev:

  • Ptos con el 1er saque: 79%
  • Ptos con el 2º saque: 45%
  • Winners: 7
  • Errores no forzados: 18
  • Puntos ganados: 41

Pues no. Cayó en el saco del ruso. Así es el tenis, que aunque los números digan que has dominado en casi todas las facetas del juego y aunque hayas ganado más puntos, eso no quiere decir nada y puedes terminar perdiendo el set que estés jugando. ¿Qué hizo mal o bien cada uno? Grigor empezó dubitativo pero en el tercer juego ya tomó las riendas y fue él quien comenzó imponiendo su táctica. Medvedev sufría por el lado de su derecha pero seguía mostrándose durísimo desde el fondo. El ruso es incomodísimo. Lo devuelve todo y llega a veces a desesperar al rival.

A pesar de que su primer saque no terminaba de entrar en este primer set, su magnífico revés le mantuvo con vida en cada juego hasta llegar a ese tiebreak donde lo comenzó ganando un Dimitrov que parecía tenerlo todo bajo control y que intentaba mover mucho al ruso, variándole alturas y velocidades (sobre todo con el revés cortado) pero empezó a liarse él solo tras varios errores, sobre todo uno de drive con toda la pista para él y eso le condenó al final, tras haber controlado prácticamente todo el set.

La cara de Daniil. Esa cara. No gesticula apenas. Uno no sabe lo que puede pasar por su mente excepto en esos momentos en los que externaliza su frustración hablando con su box. Como si se estuviera jugando sobre tierra, se mueve dos metros por detrás de la línea y no deja de devolver la bola al otro lado. A pesar de su 1,98, se mueve muy bien desde el fondo y cada uno de sus golpes tiene una misión: que se acerque lo máximo posible a la línea de fondo. Así, como si fuese un partida de ajedrez, lo que hace es que poco a poco va acorralando a Grigor en una esquina y cerrándole la puerta de la victoria, esperando al momento del jaque.

Dimitrov lo intenta. Le mueve de lado a lado y busca el momento en el que el ruso falle. Pero no falla. Debe ser desesperante verle boquear después de cada punto, como si no pudiera más, vendado en medio cuerpo, pero luego llegar a cada uno de los 39 intercambios que se llegaron a ver en este segundo set. No es de extrañar que aunque lo peleó y llegó a tener bola de break para ponerse con saque para igualar el partido, acabara perdiendo la paciencia y empezara a ceder terreno y perdiera también el segundo set.

Daniil le había eliminado los alfiles, varios de los peones, las torres y se acababa de llevar la reina. El búlgaro estaba tocado y era cuestión de tiempo que el jaque mate llegara. Apenas con tres juegos disputados en el tercer set, Medvedev se apuntó un break y metió una brecha grande en el marcador en un abrir y cerrar de ojos. A Grigor le empezó a llegar el agua a la barbilla y llegó a mirar hacia su box, como preguntando qué hacía para ganarle un punto a este espigado chico al que alguno en Twitter le apodaba "Murallev". Dimitrov terminó bajando los brazos, aceptando que Daniil hoy fue mucho mejor.

Parece que Medvedev se mueve mal desde el fondo, parece que su derecha no es muy técnica pero descúbranse ante el ruso, porque nada es lo que parece. Es un tenista brutal, con una cabeza privilegiada. Parece que no hace nada, pero lo hace todo. Cuando todo el mundo pensaba que Zverev, Tsitsipas, Coric, Kyrgios o algún otro de los jóvenes iba a ser el primero en luchar por un Grand Slam, llega Daniil, el tapado, por el que nadie apostaba, para ser el primer joven en pisar una final de Grand Slam. Y ojo, que para llegar a una final de este calibre debes ser muy bueno y que nadie dude de que Daniil, lo es.

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