Federer hace historia con una demostración de poderío ante un gran Wawrinka

El suizo venció en cuatro sets a su compatriota en un partido tremendamente igualado y repleto de alternativas tácticas y calidad.

Roger Federer gana a Stan Wawrinka en Roland Garros 2019. Foto: gettyimages
Roger Federer gana a Stan Wawrinka en Roland Garros 2019. Foto: gettyimages

¿Por qué amamos el tenis? Por partidos como estos. Se intuía que podría ser un día grande en Roland Garros 2019, pero las expectativas se quedaron cortas con la realidad. La primera conclusión que se desprende de lo acaecido en una abarrotada Suzanne Lenglen es dar las gracias a Suiza por haber criado a dos genios tenísticos como éstos. Roger Federer y Stan Wawrinka se midieron en un duelo fratricida apasionante y no exento de multitud de lecturas tácticas. Dicen que el tenis es el deporte más parecido al ajedrez, y viendo un partido como este no es una afirmación nada descabellada. Rivales íntimos que se conocen a la perfección fueron reinventándose a medida que avanzaba el encuentro, buscando soluciones a cada desafío que le planteaba el otro. Alternancia de posiciones al resto, búsqueda de cambios de altura y velocidad, dejadas y subidas a la red constantes por parte de uno, búsqueda inexorable de paralelos y golpes potentes por parte del otro. En definitiva, una auténtica demostración de talento e inteligencia en pista, de dos hombres con un mismo destino y trayectorias muy diferentes.

El mundo del tenis debe congratularse con el retorno de Stan Wawrinka, cuya lesión de rodilla parecía poner en jaque su continuidad en la élite. Este partido demuestra que está preparado para continuar luchando por lo máximo, al igual que un Roger Federer cuya grandeza solo podrá valorarse cuando llegue el fatídico momento en que no se disponga de ella en competición. 37 años, cuatro temporadas sin jugar en el Grand Slam parisino, tres sin pisar la tierra batida y su magia volvió a brillar en la ciudad de la luz. Ni siquiera la lluvia quiso faltar a la cita, interrumpiendo el partido con 3-3 en el cuarto set. Todos los ingredientes para la épica sazonaron un partido simplemente inolvidable que se resolvió con triunfo para Federer por 7-6 (4) 4-6 7-6 (5) 6-4.

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En la primera manga, fue Roger quien transmitió mayor sensación de dominio. El de Basilea salió a pista más contemporizador en sus ataques de lo que muchos podíamos esperar, ejecutando constantes cambios de altura con sus golpes y castigando notablemente a Stan con saques abiertos, especialmente en el lado de la ventaja. Tuvo paciencia de fondo de pista, se sintió cómodo en el tú a tú, pero fue incapaz de romper el servicio. Los fantasmas de su derrota ante Tsitsipas en Australia (0/12 bolas de break) comenzaban a planear cuando se llegó al tiebreak y la tendencia del partido se hizo efectiva. Roger jugó la muerte súbita con la misma templanza y acierto de los que hizo gala en todo el set, a excepción de en las oportunidades para romper el servicio de su rival, y se adelantó en el marcador.

Gran punto de inflexión el acaecido en los compases iniciales del segundo parcial. Federer, auspiciado por la confianza de verse por arriba en el marcador, empezó avasallador y se situó con dos bolas de rotura en el segundo juego. No pudo aprovecharlas, cometiendo errores no forzados que cambiaron absolutamente el partido. Stan salió reforzado moralmente, se metió en la pista y jugó con mucha agresividad. Primó la potencia y profundidad en sus golpes, renunciando a abrir tantos ángulos como había buscado. Federer encajó el break pronto y se vio incapaz de dominar como lo había hecho hasta ese momento. Demostración de poderío la que dio el de Lausana, equilibrando el marcador y sacando de su zona de confort a un Roger empeñado en buscar profundidad en sus golpes, y sin capacidad para cambiar de ritmo con el revés cortado.

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Si por algo se caracteriza Federer es por su inteligencia en pista y capacidad para amoldarse a todo tipo de situaciones. Lo hizo planteando una variante táctica que, no por esperada, resulta menos sorprendente. Subir a la red de forma permanente, incluso con segundo servicio. Entre el primer y segundo set, las apariciones de Roger en la media pista fueron 14 (con 8 puntos ganados), y solo en la tercera manga esa estadística subió como la espuma: 17/23 puntos ganados en la red del de Basilea, que salió de una situación crítica cuando se vio con 4-3 y break abajo. Rompió de vuelta aprovechando errores de Stan y asumiendo riesgos, y llegó al tiebreak, de nuevo, donde volvería a sacar toda su magia.

Que un jugador con un aprovechamiento de 1/11 en oportunidades de break lidere el marcador no es nada habitual. La fortaleza mental que ello requiere es enorme y Roger parecía algo fatigado en todos los aspectos durante el cuarto set. Bien es cierto que gozó de cinco nuevas opciones de rotura, salvadas por Stan, auténtico superviviente en situaciones límite, pero fue quien mejor pareció acoger la necesidad de hacer un parón por la lluvia cuando el marcador era de 3-3. Más de una hora de parón que, efectivamente, dio alas a nivel físico y táctico a Federer, cuya rapidez de desplazamientos en la reanudación fue comparable a la de la primera manga.

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Volvió a ser él quien dictara el juego, quien atacara con precisión y neutralizara la resistencia de un Stan que se vio desbordado por la salida en tromba de su rival. Logró hacer la ansiada rotura de servicio en el noveno juego y se dispuso a sacar para cerrar el encuentro y convertirse en el jugador más veterano que alcanza unas semifinales de Grand Slam en el siglo XXI. Stan Wawrinka luchó hasta el final y llegó a tener una oportunidad para equilibrar de nuevo el marcador, pero Roger volvió a ejecutar la táctica de subir a la red con segundo servicio. Desperdició dos bolas de partido, una de ellas con doble falta, peor terminó cerrando con dos voleas impecables. La vida puede ser maravillosa por cosas como estas. Roger Federer vuelve a asombrar en París y se citará con el gran rey del torneo en semifinales de Roland Garros 2019. Espera ya Rafael Nadal, que necesitará su mejor nivel para doblegar al suizo.

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