Nishikori escapa de la maldición

El japonés derrota a Daniil Medvedev en Brisbane para levantar un nuevo título ATP tres años después. Primera final profesional que pierde el ruso.

Kei Nishikori, campeón en Brisbane. Fuente: Getty
Kei Nishikori, campeón en Brisbane. Fuente: Getty

Febrero de 2016. Kei Nishikori conquista su cuarta corona en Memphis ante Taylor Fritz y ni loco se imagina lo que se le viene por delante en los próximos tres calendarios. Un vacío inexplicable para uno de los mejores jugadores de la década que no encontrará una salida hasta hoy, día de Reyes de 2019. Nada mejor que un título como regalo para devolverle la sonrisa a un hombre que lo ha pasado muy mal dentro y fuera de la pista. En Brisbane, el de Shimane se impuso a Daniil Medvedev (6-4, 3-6, 6-2) para capturar el duodécimo entorchado de su carrera.

Cuando alguien está metido en una espiral negativa como la que arrastraba Kei Nishikori, cualquier cosa puede pasar en el camino con tal de que nada cambie. Ya me dirán ustedes, si el japonés no tiene el nivel suficiente como para haber ganado al menos una de sus nueve finales en la élite. De sobra, pero no lo hizo. Una falta de determinación importante ha mantenido a Kei sediento de trofeos desde Memphis 2016 y hoy Medvedev entró a la pista con el objetivo de que su rival no recuperara la sonrisa. Y funcionó, en tan solo quince minutos ya teníamos el 3-0 en contra del tenista de Shimane.

¿En serio? ¿Veríamos a Nishikori perder diez finales seguidas? Pues hombre, recordando que fue el propio Medvedev quien le ganó la última que disputó en Tokyo, tampoco hubiera sido la gran noticia del curso. La cuestión es que el nipón no encontraba la manera de doblar el lomo a Medvedev, brillante en cada golpe y tremendamente inspirado desde el inicio. La cara de Dante Bottini preveía una tragedia pero su pupilo iba a cambiarla rápidamente por una mueca de esperanza. No solo recuperó el break, sino que enlazó cuatro juegos consecutivos para ya no soltar esa ventaja adquirida. Fue un 6-4 que sabía a gloria por verse competitivo y entender que en su muñeca siempre tuvo las armas para salir campeón de allí. Lo más difícil, quitarse el miedo, ya estaba superado.

Se le hizo de noche a Daniil, campeón el año pasado en las tres finales que disputó. Cuanto menos era curioso que lo que uno no sabía cómo perder, el otro no encontraba la fórmula para ganar. Era el momento de que la experiencia jugara su papel y le diera al japonés por fin esa recompensa tan esperada, pero los juegos pasaban y Kei no lograba dar el mordisco definitivo. “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”, pensó el ruso. Con 4-3 arriba, Medvedev aprovechó un momento de incertidumbre para lograr el quiebre montado en un revés paralelo de película. Luego no fallaría con su servicio, mandando el combate a un tercer asalto que mucho no pensaban que verían.

Vuelta a empezar, partido nuevo, todo a un set. ¿Recuerdan quién es el mejor tenista del circuito en el parcial definitivo? Exacto, el mismo que acumulaba nueve finales seguidas recogiendo la bandeja de plata. Hoy a Nishikori le iba a tocar agarrar el trofeo gordo, porque ni por todos los yenes del mundo iba a permitir que aquella maldición se alargase un día más. Salió con ganas de arrasar y Daniil solo pudo que aceptar su destino. Un título más para el nipón en la categoría 250, aunque de sabor mucho más especial del resto. Si Brisbane suele medir la temperatura de lo que podremos ver a lo largo de 2019, esta temporada pinta muy bien para el japonés.

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