Kevin Anderson, motivos para no infravalorar a un trabajador incansable

El sudafricano desvela sus sensaciones tras ganar su primer título ATP 500 y clasificarse para el torneo de maestros en un año inolvidable.

Kevin Anderson en 2018. Foto: zimbio
Kevin Anderson en 2018. Foto: zimbio

"¿Quién es el Anderson ese?". Es una frase que escuché en diversos contextos e innumerables ocasiones cuando el sudafricano se clasificó para la final de Wimbledon 2018. Desconocido para el público cuyo contacto con el tenis es tangencial e infravalorado por muchos que tienen en el deporte de la raqueta su gran hobby, el bueno de Kevin lleva años afanado en demostrar que su salto cualitativo es una realidad y, lo que es más importante, que tiene margen de mejora aún a sus 32 años.

Un eterno miembro de la segunda fila durante muchos años es el peso que tiene en la mochila este hombre, jugador clásico de octavos en Masters 1000 y tercera ronda en Grand Slam, incapaz de vencer a los mejores hasta que algo cambió en su tenis y actitud. El Anderson de 2018 poco se parece al de 2011, por ejemplo. El sudafricano no es solo un cañonero capaz de despedazar rivales con su servicio, sino que ha hecho un ingente trabajo en lo que a movilidad se refiere, encontrando la manera de trabajar puntos desde el fondo de pista con gran inteligencia, y subir a la red con acierto. Ni siquiera una inoportuna lesión a final de 2015, justo cuando había entrado en el top-10, han impedido que su tenis incrementara prestaciones.

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Ya dio un salto de calidad en 2017 y este año, se consolida como uno de los mejores del mundo. Lleva semanas afincado en el top-10, ha materializado su clasificación para las Nitto ATP Finals 2018, y ha sumado el quinto título de su carrera y primero en categoría ATP 500. "Es fantástico poder estar en Londres. Me han hablado mucho del ambiente que se crea en ese torneo y sentí que el año pasado estuve cerca y también en 2015. Sellar matemáticamente mi presencia ganando un torneo como el de Viena es un sueño hecho realidad", comentó el de Johanesburgo.

"Significa mucho para mí ganar este título. Sé lo que es perder finales (presente 13 finales perdidas en su carrera) y siempre es duro. He tenido que hacer mi mejor tenis para vencer a Kei Nishikori, un rival de entidad. Creo que he hecho un magnífico tenis y estuve muy concentrado en los momentos importantes", asegura en la web de la ATP el que es desde hoy número 6 del ranking ATP, habiendo llegado al top-5 hace unos meses, tras su final en Wimbledon. Le quedan dos asaltos para seguir agrandando su felicidad tenística, y el hecho de jugar indoor, confiere a su juego de una peligrosidad especial. Llega con confianza y sin nada que perder por lo que se antoja un rival temible para cualquiera. Kevin Anderson es una realidad y ha de ser considerado una estrella fruto del trabajo; sus logros no son casuales ni esporádicos.

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