La expectación era máxima por ver el duelo entre dos de los jugadores más en forma del circuito. Comienza a resultar difícil pensar ya en la posibilidad de que Novak Djokovic pierda un partido, apenas cinco meses después de que se despidiera de Roland Garros replanteándose su calendario y muy tocado moralmente. La resurrección del serbio es uno de los sucesos más meritorios y espectaculares del mundo del deporte en los últimos tiempos, tanto por su contundencia como por el poco tiempo que le ha llevado. Uno de los escasos rivales que ha demostrado poder ponerle en aprietos ha sido Kevin Anderson, con un estilo de juego que provoca cierta desesperación en el serbio al impedirle jugar con mucho ritmo merced a su buen servicio y tenis incisivo, pero no ha podido el sudafricano dar la campanada en el Masters 1000 Shanghái 2018.
La actitud siempre positiva de Kevin es su mejor aval para considerarse en disposición de sorprender a cualquiera, e hizo gala de la misma en un primer set en el que el tenis le acompañó. Golpes profundos, constante presión sobre el serbio y muchos puntos gratis con el saque, fueron los ingredientes de la receta del éxito, que a punto estuvo de consumarse. Djokovic supo contener su impotencia al verse incapaz de abrir hueco en el marcador y aguantó los envistes de su rival, que llegó a disponer de una pelota de set en el duodécimo juego. Lo puso todo el sudafricano para intentar hacerse con el triunfo parcial y pareció acusar en el tiebreak, el esfuerzo mental realizado en ese juego. Novak subió sus prestaciones en la muerte súbita y dio un zarpazo mortal al encuentro.
Fue un severo castigo para un Anderson que se mereció un final diferente al del primer parcial, y salió bastante tocado a nivel moral en la segunda manga. Encajó un break inicial que le hizo ir a remolque ante un Novak tremendamente sólido. Cuando una estrella rutilante navega con viento a favor resulta casi imposible modificar su rumbo, y aunque Anderson volvió a enfocarse y hacer un buen tenis, la montaña ya era demasiado alta para poder escalarla. Balance ideal del serbio entre defensa y ataque, con capacidad innata para contrarrestar la velocidad de bola de su rival y obligarle a asumir más riesgos de los recomendables, haciéndole jugar al límite continuamente.
Triunfo por 7-6 (1) 6-3 en favor de un Novak Djokovic que cada vez se aproxima más a la posibilidad de terminar el año como número 1 del mundo, en lo que parece ser un reto ilusionante para él. Con su pase a semifinales del Masters 1000 Shanghái 2018 se sitúa con 6805 puntos en el ranking ATP, pudiendo llegar a los 7445 si es capaz de ganar el torneo, lo que le situaría a tan solo 215 de Rafael Nadal. El balcánico necesitará de su mejor versión para poder imponerse a Alexander Zverev en la batalla que ambos mantendrán por un puesto en la final del torneo chino.

