Ferrer vuelve a morder

El español pasa por encima de Thiem (6-3, 6-3) y se planta en semifinales de un Masters 1000 dos años después. Espera por Nadal o Kyrgios.

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Ferrer ganó a un top10 más de dos años después
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Pasó lo que solo unos pocos pensaron que pasaría y solo unos poquitos se atrevieron a vaticinar. En 2017, David Ferrer ganando a Dominic Thiem. En los cuartos de final de Cincinnati, en sets corridos y jugando como los ángeles (6-3, 6-3). Aquí no servirá eso de que “fue el otro quien perdió el partido”. Olvídense. El español, flotando sobre el cemento, se comió a su presa a base de fuerza, garra y ese gen competitivo que tan escondido había tenido esta temporada. Lo hizo en un día que ya es el mejor del año en cuanto a lo deportivo. El premio, una cita mañana en el horario estelar ante Rafa Nadal o Nick Kyrgios.

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Curiosamente, me preguntaron hace unas horas en Twitter sobre este partido. Sobre el papel, no debería haber dudas cuando juegan el número 8 del mundo contra el número 31. Cuando saltan a pista un chico de 23 años en pleno ascenso y otro de 35 años gastando sus últimas balas. Sin embargo y, sobre todo después de ver las primeras rondas, me la jugué con mi respuesta: 50-50. Realmente veía igualdad, no entendía por qué David Ferrer no podía plantarle cara a Dominic Thiem en pista dura, aquí en Ohio, donde ya sabe lo que es llegar a la final. Alguno hubo que se cayó de la silla tras ver mi pronóstico. Y sí, me equivoqué, porque David jugó de una forma que, tras acabar la faena, ese 50-50 le tuvo que parecer hasta injusto.

Todos y cada uno de los españoles hemos sufrido con la versión anual del tenista de Jávea. Empezó el año con un perfil muy bajo, luego en la gira de arcilla se escondió hasta casi desaparecer, para finalmente confirmar en la hierba que éste, posiblemente, iba camino de ser su peor año como profesional. Todos sabemos cómo estaba jugando y todos sabemos lo que está jugando a raíz de empezar esta gira estadounidense de verano. No sabemos muy bien por qué motivo, pero hablamos casi de otro deporte, de otro jugador. Empezando por la actitud, siguiendo por los golpes y, obviamente, acabando por los resultados. Hoy David salió con un solo objetivo a la cancha: arrasar a su rival. Poco le importaba que fuera un top10, o que tuviera 12 años menos que él, incluso que todo saliera mal y acabara apaleado. Él salió fiel a esa idea y así fue cómo la llevó a la práctica.

Parecía ridículo que el austriaco estuviera totalmente desarmado desde el resto. Es que no había manera, imposible que le hiciera daño al Ferrer de hoy, sin altos porcentajes de primeros pero con una efectividad bestial de cara a la estadística. ¿Y la derecha? Siempre recordaré cuando Javier Piles me habló hace unos meses sobre ese golpe. “Cuando de joven la cogía de derecha, yo respiraba tranquilo. Bien sabía que esa bola ya no volvía”. Hoy, por momentos, esa derecha nos regaló un trocito de los primeros pasos de David en el circuito, apabullante en intercambios y descomunal cuando buscaba el cruzado. Hasta los comentaristas emitieron alguna carcajada viendo el nivel mostrado por el de Jávea, en un segundo la escena parecía extraída de 2013.



El 6-3 cayó como un jarro de agua fría sobre Thiem, de los tenistas más potentes del vestuario, aunque alocado e impreciso cuando le obligas a pasar dos bolas más. Pero hoy Ferrer lo que buscaba era pasar dos bolas menos, todo lo contrario que habitualmente. En la reanudación, el recital continuaba. Un primer juego interminable que decantaría el papel de cada uno en este segundo asalto y que acabó dibujando un nuevo quiebre para el español. Por supuesto, seguido de una confirmación desde el servicio. Paco Fogués lo observaba todo desde la grada, imponiendo su carácter sosegado y racional. Aunque seguro que por dentro estaba ardiendo.

Pese a todo, Thiem recuperó el break (del 1-3 al 3-3) y levantó por primera vez el puño en pista. Poco le duraría la alegría. Inmediatamente, el alicantino volvía a tomar ventaja y se colocaba con 6-3 y 5-3 arriba. El pastel ya estaba hecho, faltaba solo decorarlo. Primera victoria ante un top10 desde Roland Garros 2015 para poner fina una racha de 0-13. Primeras semifinales de Masters 1000 desde París-Bercy 2015, resultado que le devolverá el lunes al top25 mundial. Esto son solo los datos. En cuanto al resto, hoy ya podemos afirmar que David Ferrer ni se ha ido ni tiene pinta de marcharse. Tiene los colmillos más afilados que nunca y vuelve a asustar a sus rivales. Esta noche Thiem tendrá pesadillas con él.

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