Beto Martín: “No me gusta el cliché del tenista tonto o inculto”

El español, ahora comentarista, huye de esta leyenda aunque afirma que hay de todo. “El jugador tiene que tener otras inquietudes más allá del tenis”.

Beto Martín en la piscina del RCTB 1899. Foto: Fernando Murciego
Beto Martín en la piscina del RCTB 1899. Foto: Fernando Murciego

Ex jugador, entrenador, director de una escuela de tenis, psicólogo y comentarista. Desde luego, mucho se le tienen que torcer las cosas a Alberto ‘Beto’ Martín (Barcelona, 1978) para que no encuentre trabajo. Retirado desde hace siete años y con una de las historias más interesantes e inusuales a su espalda, el que fuera número 34 del mundo nos cuenta cómo es su experiencia ante el micrófono, cómo ve el circuito profesional en la actualidad y nos desmonta esa idea instalada en la sociedad que dice que los deportistas de élite no tienen muchas luces en la cabeza. Él es el mejor ejemplo y así lo refleja en una entrevista con Punto de Break realizada durante el último Trofeo Conde de Godó.

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¿Cómo va la metamorfosis de ex jugador a comentarista?

Lo de comentar lo hago de manera puntual, no es un trabajo fijo. Ahora mismo estoy de director de la escuela de competición del C.T. de la Salut y, aunque lo disfruto mucho, todavía me siento mucho más ex jugador que comentarista.

¿Cómo te ves delante del micro?

Me siento bien, más cómodo a la hora de hacer partidos que cuando nos toca hacer plató delante de la cámara. Los compañeros me han tratado muy bien y me hacen sentir fenomenal en ambas situaciones. El hecho de analizar un partido es algo que se me da bien más allá de algún lapsus de dicción o algún dato erróneo que puedas cometer.

¿Cómo fue la primera vez que comentaste? ¿No te dio respeto?

En aquel momento estaba Tomás (Carbonell) y se tenía que ir a Indian Wells y Miami, entonces me llamó para ver si podía sustituirle. Al principio estaba un poco nervioso pero le pedí consejo a Arseni (Pérez), con el que estaba comentando, hasta que con el paso de los días todo fue saliendo más natural.

Si toda vuestra generación quisiera dedicarse a esto, los periodistas tendríamos un problema (risas).

Bueno, siempre que comentas lo haces con un periodista al lado que es quien te ayuda. Si a nosotros nos dejaran solos delante del micro tendríamos un problema. Nuestro rol es analizar únicamente los partidos y explicar las cosas que dominas de los torneos.

Tú que has jugado en dos siglos diferentes, ¿eres más del tenis romántico o del actual?

Obviamente soy más del tenis clásico. Desde que yo recuerdo, este deporte ha ido evolucionando más y más en cuanto a potencia y fuerza física. Cuando yo empecé a jugar la velocidad era una y cuando me retiré ya era otra. Ahora han pasado siete años más y tanto la velocidad, como la potencia, como la altura sigue aumentando. Quizá llegará un punto en el que haya que modificar alguna regla para cambiarlo y que no se pierda la esencia.

Y hablando más allá de la pista o la normativa, ¿qué ha cambiado en el tenis?

Recuerdo hace años a Orantes y toda su generación viajando sin entrenador. Luego ya se adaptó y, con el incremento económico de los premios en torneos, ha provocado que el jugador se pueda permitir un equipo técnico más amplio. Cuando yo jugaba esto solo lo tenían los cracks, los top10; ahora no hay un top30 que no tenga un equipo a su medida. No sé cómo lo llevan ellos pero quizá pueda parecer un poco exagerado. A veces ‘más’ no es ‘mejor’, hay que encontrar el equilibrio adecuado.



Hablabas del aumento del prize money en los torneos, aunque solo en los grandes.

Esto es un negocio, sí que es verdad que por los Grand Slams se estuvo luchando durante mucho tiempo porque nos daban poquísimo respecto a lo que ganaban. Antes daban cerca de un 1% y ahora están dando un 4% o algo así. Ahora se ha conseguido que den un poquito más pero es un tema complicado, están los torneos ATP por un lado y luego está la ITF, que lleva los Grand Slams y la Copa Davis. Hay muchos intereses y, por ejemplo con la Davis, cambiar el formato supondría favorecer o perjudicar a los intereses de numerosas federaciones y de los jugadores. No es tan fácil cambiarlo, hay muchos intereses cruzados.

¿Y en un nivel más bajo?

Existe demasiada diferencia de los torneos ATP con los Challengers o Futures, pero vivimos en un mundo capitalista repleto de negocios donde cada uno busca su propio beneficio. Se tendría que buscar desde la ATP una manera de hacer crecer estos dos circuitos. Ahora mismo la RFET está impulsando y moviéndose para crear más torneos de esta categoría en nuestro país y que los jóvenes tengan más oportunidades.

Son muchos los que dicen que España no ha trabajado bien la base estos últimos años. Entonces, ¿cómo es posible que tengamos esta cantidad de jugadores en la élite?

Las claves de tenis español se han querido analizar muchas veces, en los últimos 20 años hemos tenido un éxito que no es normal. Ahora que ya se palpa la preocupación de qué pasará cuando se retire Rafa y compañía, parece que están poniendo más empeño en trabajar y cuidar más la base. El secreto siempre fue tener muchos torneos Futures sin tener que salir de España, ahí se creó una competencia muy sana que provocó tanto éxito. Recuerdo haber jugado Futures con gente como Carlos Moyá, Galo Blanco, Jacobo Díaz… la mitad del cuadro se acabó ganando la vida jugando al tenis. Los extranjeros no querían ni pisar España, éramos durísimos.

¿Se puede llegar arriba sin recibir ayuda económica?

Muy difícil. Seguramente que el primero y el segundo de España van a tener sponsors y no pagarán nada pero, ¿qué pasa con el tercero, cuarto o quinto? Igual ellos también podrían llegar a ser top100. Aquí está el problema, que estos hace años seguían estando patrocinados y ahora ya no. De patrocinar a diez hemos pasado a patrocinar a dos, las Federaciones han sufrido la crisis y los recursos son menores. Si un chico se ve obligado a pagarlo todo es fácil que se quede en el camino, eso o irse a Estados Unidos.

¿Crees que habrá un vacío en los próximos años o aparecerá alguien?

Yo veo un bajón. Hemos vivido una época tan buena que todo lo que venga detrás no será tan bueno. El problema es que Rafa ha desvirtuado todo. Si no hubiera llegado él, ahora estaríamos hablando de Moyá, Ferrero o Corretja, todos enormes jugadores que han sido eclipsados por Rafa. No va a salir nadie de este calibre, pero cuando llegue alguien y sea top20 no se le dará el valor que merece porque no ganará un Grand Slam por año.

Es que ya no hay jovencitos en la pelea.

Tenemos a Carreño con 25 años. Si te fijas, entre el 100 y el 200 prácticamente no hay ningún jugador español joven aparte de Carballés: Ramírez Hidalgo, Dani Gimeno, Pablo Andújar, García-López … la mayoría superados los 30 y luchando con las lesiones. Antes en esa franja siempre teníamos mucha gente, ahora habrá que esperar a que lleguen los Davidovich, Kuhn, Álvaro López, Zapata, Taberner…

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“Rafa ha desvirtuado todo”. ¿Crees que su éxito ha minusvalorado al resto de españoles?

Sí pero él no es culpable de nada, es que el público se ha acostumbrado a algo que no es normal, es como un Messi o un Cristiano, sale uno cada muchísimos años. Cuando se habla de Rafa parece que Ferrer, Moyá o Bruguera no fueran tanto, en cualquier otro país sería ídolos. En Francia, por ejemplo, Yannick Noah solo ganó un Grand Slam y es un ídolo de masas. Somos un país pequeño, de pocos recursos, pero en los últimos años hemos sacado varios números 1, no es normal.

Tu caso, por ejemplo. Ganaste tres títulos ATP y estuviste en el top35. Aunque no ganaras 14 Grand Slams, ¿cómo explicarle a una persona común que lo que tú hiciste es dificilísimo?

Solamente entrar al top100 ya es muy duro, has de tener algo y trabajar muchísimo. En la semana del Godó me tocó retransmitir un Ramos-Bautista, que es un partidazo, y la pista estaba vacía. Vale que la climatología fuera mala, pero hablamos de dos jugadores que están en un gran momento, que han defendido a España en la Copa Davis y que están 20 y 19 del mundo, no es justo. La gente está acostumbrada a ir a ver a Rafa y eso hace pequeños al resto.

Rafa y Roger, tú te has enfrentado a los dos. ¿Sensaciones?

Son jugadores distintos. Cuando me enfrenté a Rafa (2005) era un chico muy joven que no daba una bola por perdida… bueno, ahora tampoco (risas). La dificultad estaba en acabarle un punto, luego con los años ha ido siendo cada vez más agresivo. Él desde la primera bola jugaba con el 100% de la intensidad, o le tirabas a la línea o no le ganabas un punto, a mí tampoco me servía con hacer un buen partido, tenía que jugar muy por encima de mi nivel. Lo que hacía era jugar kamikaze y creo que jugué partidos bastante correctos contra él, aunque obviamente los perdí.

En el caso de Roger es distinto, él juega siempre agresivo y sin escatimar porque tiene un talento y unos armas tan poderosas que se lo puede permitir. La primera vez que jugamos me metió una paliza, yo tampoco estaba muy bien ese día y él estuvo normal. La sensación que tuve es que jugaba a medio gas, iba probando y en el momento en que quisiera se me iba. Como si estuviera jugando conmigo, súper relajado. Son dos jugadores muy buenos, cada uno a su estilo.

Qué impotencia.

Desde el principio sabes que estás jugando con alguien que es mejor que tú. En mi caso, las veces que jugué con ellos ya era un poco mayor y lo tomé desde un punto de vista diferente: “Ahora que me quedan pocos años, qué suerte jugar contra alguien que hará historia”. Ante Roger, por ejemplo, la segunda vez que jugamos era 2009, mi penúltimo año y ya con varias operaciones de codo. La gente me decía, “¡qué mala suerte que te ha tocado con Federer!”. Todo lo contrario, qué buena suerte que voy a jugar en la central de Roland Garros contra Federer y me acordaré toda la vida. Además me salió un partido bastante decente y lo disfruté.

Tú conviviste con los Sampras-Agassi y luego con los Hewitt, Ferrero o Safin. ¿Cómo se vivió ese cambio de turno en el vestuario?

Los número 1, cuando están inexpugnables, parece que tengan un aura invencible, pero cuando pasan por malos momentos y empiezan a perder contra gente que antes no les daba problemas, eso el resto lo ve y les van perdiendo el respeto. Se lo vi pasar a Sampras, Agassi, Hewitt, incluso Rafa durante una etapa donde la gente empezó a dudar. Es ley de vida, todo el que sube a la cima luego le toca bajar poco a poco.

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¿Estar en la cumbre te cambia como persona? ¿Alguno que hayas visto subir y que se haya distanciado del resto?

Cuando un jugador sube mucho lo hacen también las demandas situacionales en torneos, la gente le agobia muchísimo más, ahí es cuando el equipo tiende a cerrarse para protegerlo de todo eso. Este tipo de jugadores cuando empiezan sus carreras están muy abiertos y su equipo es más pequeño, pero a medida que va creciendo el equipo aumenta y lo va absorbiendo, esto provoca que los compañeros también se distancien ligeramente, aunque haya buen rollo y sigan compitiendo. Al final, por muy amigos que sean Federer y Nadal, nunca se van a contar cómo están o cómo se encuentran porque igual dentro de dos días se están enfrentando por algo importante.

Cuéntame cómo te dio por estudiar una carrera.

Cuando me retiré estaba muy quemado de viajar y siempre me quedó el gusanillo de estudiar, algo que me vi obligado a aparcar cuando empecé a jugar al tenis. Siempre he leído mucho y me ha interesado la psicología o la preparación física, así que cuando terminé me apunté a un máster de gestión deportiva y a última hora decidí hacer el acceso a la universidad, pero nunca pensé en hacer una carrera. Luego vi que se me daba bien y probé con Psicología. “Un año, si no me gusta lo dejo”, lo hacía simplemente por el placer de conocer. simplemente por el placer de conocer. El primer año jamás imaginé que la acabaría, era todo muy difícil después de 17 años sin estudiar, pero lo hice y ahora estoy terminando otro máster de psicología deportiva. Lo que tenía claro es que quería hacer algo relacionado con el tenis y el deporte.

Está muy de moda la figura del psicólogo, hay jugadores que hasta viajan con uno particular.

Hay pocos que viajen con psicólogo, quizá los más top. Cuando yo jugaba recuerdo que Acasuso iba con uno a Australia. La gente siempre dice que la psicología es muy importante en el tenis, que la cabeza es el 80%, pero luego resulta que nadie trabaja con un psicólogo. Ahora se ha puesto muy de moda el término del ‘coaching’, que al final es psicología, pero veo poco trabajo en este sentido, muchas veces esta figura la absorbe el entrenador. Para mí el psicólogo está muy bien como asesor y miembro del equipo, no creo que le quite nunca protagonismo al entrenador.

Estudiaste la carrera una vez retirado, ¿por qué no al mismo tiempo que jugabas?

Imposible… pero imposible. Si te dedicas al 100% al tenis profesional estás muy metido en tu trabajo, el día no empieza y acaba en la pista, no puedes dedicarle el tiempo ni la energía que requiere una carrera cuando ya la estás destinando al tenis. El sistema educativo español no está nada adaptado a los deportistas, esto en Estados Unidos lo hacen mejor. Debería mejororar mucho la situación para que los deportistas puedan compaginar ambas cosas.

¿No hay ningún jugador que lo haya hecho?

Ángeles Montolio, que llegó a ser top25, creo que compaginó las dos carreras, pero es una superdotada, una cosa de otro mundo. Jugaba al tenis, tocaba música, estudiaba… un caso aparte. Ahora es profesora, estudió algo relacionado con la Lengua. Ya te digo, Estados Unidos está a años luz de España.

¿Y alguien que hiciera como tú?

Hace poco leí que Michael Berrer había estudiado una carrera a través de un convenio que tiene la ATP con una universidad de Estados Unidos. Éste hizo psicología también, lo recuerdo porque leí la entrevista y decía: “Soy el único psicólogo que ha sido deportista de alto nivel”. Ahí es cuando dije, espérate que yo también estoy (risas).

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Existe cierto vicio en la sociedad de tratar al deportista profesional como si fuera un borrico, de arrancar todo síntoma de inteligencia y veros como personas que solo sabéis pegarle a una pelota.

Hay de todo, como en todas las profesionales. Lo que muchas veces no se entiende es que el tenis es como una carrera, aunque no te den un diploma. Yo he aprendido muchísimo más de mi carrera deportiva que de la de psicología. Es la experiencia, vivir situaciones, verte obligado a avanzar… aquí no das teoría cada día ni te ponen Power Points, los exámenes son las vivencias que te van formando y cultivando como persona. Sí es cierto que siempre bajo los mismos parámetros, es un mundo muy cerrado con las mismas cosas cada semana, por eso está bien que luego el deportista también tenga sus inquietudes como leer, informarse de la prensa, que no solo se quede con jugar e irse a casa después. El tenista cuando juega cree que todo el mundo gira a su alrededor, somos muy egoístas pero tenemos que serlo. De todos modos no me gusta este cliché del deportista inculto o tonto porque no es así en absoluto.

Me apasiona el tema de la retirada visto desde fuera. La gente lo ve como algo sencillo, pero no debe ser fácil dejar atrás algo que llevas haciendo desde niño, quizá lo único.

El tenis en serio empieza a los 12 años, desde ahí ya empiezan los sacrificios y viviendo por y para el tenis. Cuando te retiras son casi 20 temporadas dedicándote a esto y lo que te llega es un cambio de vida muy fuerte. Uno está acostumbrado a vivir en una burbuja, algo irreal, de hotel en hotel y rodeado de mucha gente que hace la pelota, acabar con algo así es como si bajaras de la Luna, has de hacer una aclimatación al mundo real que no todos saben llevar. Cuanto mejor te prepares para esto, mejor.

Ex jugador, entrenador, psicólogo, ahora también comentarista… lo que está claro es que el tenis te pica y te infecta para siempre, hagas lo que hagas siempre estará relacionado con la pelota amarilla.

Es una droga. El otro día lo hablaba con Jamie Delgado (entrenador de Andy Murray) y los dos coincidíamos: como jugar no hay nada. Ya puedes hacer lo que quieras, entrenador, comentarista, director de una escuela… como jugar no hay nada. Puedes tener una familia, cuidar de tus hijos, dirigir una escuela… ¡puedes ser feliz! Pero de estos últimos seis años, si tú me pides que te cuente alguna anécdota, no me acordaría de ninguna. En cambio, si me pides anécdotas de los 17 años que jugué me pueden salir 10.000. Son vivencias muy intensas, los mejores años de tu vida, es imposible desintoxicarte de algo así. Ahora hay que valorar lo que es quedarse en casa, estar en familia, quizá el mayor motivo por el que uno decide retirarse.

¿Algún día especial en el que vieras que tanto esfuerzo había merecido la pena?

Ese pensamiento se te pasa por la cabeza en tus mejores victorias. Por ejemplo cuando gané a Sampras en Cincinnati siendo él número 11 del mundo, o cuando gané a Hewitt en Australia siendo número 1. En el Godó también tuve una muy bonita con Ferrero, siendo él número 2 o con Moyá en Mallorca. Cada vez que logras un resultado de este tipo te olvidas de todo lo que has sufrido, que también se sufre mucho. Recuerdo una derrota ante David Ferrer en los cuartos de final de Roma con cuatro bolas de partido a mi favor, aquel hubiera sido el mejor resultado de mi vida. Dos derechas fáciles, momentos muy duro. O en octavos de Roland Garros contra Benneteau, estaba en mi mejor momento y no era un cuadro extremadamente complicado, pero voy y me lesiono de la espalda. Todo el mundo guarda momentos buenos y malos.



Ahora los jugadores se retiran más tarde pero también empiezan más tarde. Por ejemplo, entran a la élite con 24 años y se marchan con 36. Vosotros empezabais con 18 y lo dejabais con 32. Sinceramente, creo que ninguno de vuestra época se cambiaría por la de ahora. La mayoría de los de ahora jamás sabrán lo que es ganar o pelear ante los mejores siendo un crío.

Es una reflexión que no me había planteado la verdad. Para mí fue muy bonito empezar con 18 pero a esas edades uno no está preparado para gestionar un equipo técnico a tu alrededor y las decisiones tomadas no son siempre las mejores, no estás preparado para ser el jefe de un círculo así. Igual ahora que llegan con 22-23 años sí están más curtidos. Seguramente tengas razón, pero cada época es de una manera y hay que aceptar la que te toca.

La pregunta es… si pudieras alargar tu carrera por dónde lo harías, ¿por el principio o por el final?

Si a un jugador joven le preguntas si le gustaría llegar arriba con 18 años seguro que te diría que dónde hay que firmar; al que se está retirando te diría que le gustaría alargarlo de inmediato. Cada uno tiene su historia. La realidad es que antes nos poníamos una barrera mental muy grande de retirarnos a los 32 que ahora ya no se ve, en parte debido a las mejoras que ha habido en dietética, fisioterapia y la evolución de un juego que cada vez es más rápido. Ahora el declive no llega hasta los 35, pero a partir de los 30 las lesiones empiezan a jugar su papel, eso no ha cambiado.

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