Murray avanza hasta la última pantalla

El favorito local suma ante Raonic su 23ª victoria consecutiva en un duelo de 3h 41min. Luchará mañana por su primera corona maestra.

Andy Murray celebrando un punto ante Raonic
Andy Murray celebrando un punto ante Raonic

Después de empezar perdiendo, sufrir remontando y salvar una bola de partido, Andy Murray consiguió sumar la que seguramente sea la victoria más sufrida de su calendario. La mejor versión de Milos Raonic obligó al británico a firmar un encuentro memorable de casi cuatro horas de duración en la que el número 1 del mundo volvió a escapar con vida. Tanta vida que ya son 23 los triunfos consecutivos del escocés, a solo uno de coronarse rey en Londres y asegurar el podio del ranking siempre que Novak Djokovic supere esta noche a Kei Nishikori.

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Eran siete las victorias consecutivas de Andy sobre Milos, por lo que hoy era realmente complicado imaginarse un duelo con distinto final. Solamente este año se habían visto en arcilla, en hierba, en cemento y en indoor no pudieron porque a Raonic le apartó una lesión. Pero quizá era hoy el día en el que Murray se inclinara de nuevo ante la torre de Podgorica. Los inicios fueron, como casi siempre, muy equilibrados. Eso sí, el cañón del canadiense lucía mayor peligrosidad que el fabuloso resto del británico. Tanto que fue precisamente el número 1 del mundo quien se vio arrinconado en numerosas ocasiones para salvar su servicio. Salió vivo de cuatro, pero cedió en el quinto, justo cuando sacaba para forzar el tiebreak del primer set. Aquello nos pilló a todos, el mejor tenista del momento palmando en los momentos clave.

Pero no se detuvo aquí el bombazo de Milos. Al inicio de la segunda manga, un nuevo quiebre para confirmar que iba muy en serio. Que, de manera milagrosa y casi inexplicable, la lesión sufrida en París-Bercy había desaparecido como por arte de magia. Solo así se podía haber llegado hasta aquí con dos victorias y media (ante Djokovic perdió en dos desempates) y ahora plantarle cara al hombre que traía en sus espaldas 22 triunfos de manera consecutiva. Nadie sabía cómo terminaría esto, pero lo que era seguro es que, pasara lo que pasara, Raonic se podía ir más que orgulloso de su actuación esta semana en el O2 Arena.

El que no iba a bajar los brazos era el pequeño de los Murray, inmerso en su cuarta semifinal en las ATP World Tour Finals, límite que jamás había logrado superar. Tocaba reacción y así lo hizo, del 1-2 se pasó del 3-2 y vuelta a empezar. Otra vez el servicio volvió a dominar el encuentro y no hubo manera de cambiar aquel guión más que con la llegada de, esta vez sí, el deseado tiebreak. La conclusión previa al final era evidente: cualquiera podía ganar. Allí pudo pudo la tendencia de remontada a favor de Andy, quien cerró el acto con un apretado 7-5 que le devolvía la moneda a su rival. Lo justo era irse a un tercer set definitivo.

Ahora sí que ya no había tiempo para bromas, la (poca) energía que quedara había que sacarla si se quería alcanzar el billete a la final. Hubo respeto, amenazas pero máxima seguridad por parte de ambos. Y al llegar al 4-4, lo inexplicable. Rompe Murray. Rompe Raonic. Rompe Murray. ¿Alguien entiende algo? Por segunda vez en apenas cinco minutos, el británico se disponía a concluir aquella obra desde la línea de saque. Pero no, la broma se alargaría todavía un poco más, hasta el punto de convertirse en el partido más largo a tres sets de las ATP World Tour Finals desde que el certamen se movió a Londres en 2009.

La locura se apoderó del recinto cuando las bolas de partido empezaron a regalarse en el segundo y último tiebreak de aquella guerra sin final. Solo una tuvo que salvar Murray, para inmediatamente atar en corto su 23er triunfo al hilo, el que le manda por primera vez a la final de una Copa de Maestros (allí Djokovic o Nishikori). El reloj paró aquel drama en 3h 41min, historia del torneo, del año y de nuestro deporte. Y es que aquí solo toman parte los mejores, ¿qué esperaban?

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