Emperador Murray

El británico acaba con el sueño de Roberto Bautista y conquista su tercer título en Shanghai. Andy firma una gira asiática perfecta.

Suena a perogrullada, pero qué lástima que no se puedan repartir dos títulos de campeón en algunas finales. Andy Murray demostró en el Masters 1000 de Shanghai por qué es el hombre del momento, la raqueta más en forma del circuito y la persona que le va a discutir el Nº1 del mundo a Novak Djokovic. El escocés, de menos a más, apartó a Roberto Bautista de la gloria (7-6, 6-1) para sumar su segundo título de manera consecutiva, cerrando así una gira asiática impoluta tras su victoria en Pekín la semana pasada.

Nunca le había ganado a un miembro del Big4. Nunca había pisado la primera final de un Masters 1000. Nunca se había situado dentro del top13 del ranking. Imaginen asaltar estas tres vallas de un solo salto. Seguramente pueda dar algo de vértigo pero lo cierto es que Roberto Bautista podía jugar este domingo en Shanghai la mar de tranquilo. Ya no había nada que perder. Pero claro, la presión siempre está ahí, la posibilidad, por mínima que sea, de ganar. Y también le pesa a Murray, aunque en su registro luzcan ya 20 finales de Masters 1000. Toda esta lucha de sensaciones se pudo ver en la primera manga.

Había igualdad, sí, pero cada vez que el español se disponía a defender sus juegos al servicio, se respiraba la amenaza de break. Hasta que llegó, con 3-3, para más tarde darle la oportunidad al de Dunblane de cerrar el primer acto con 5-4 y servicio. Llegó a tener hasta varias pelotas para ello, pero se sumergió entre tantas dudas. El valenciano, que jamás había podido ganarle un parcial a su rival (0-4), forzó la maquinaria y, de paso, el tiebreak. Lástima que fuera un remar para morir en la orilla, ya que el desempate representó la auténtica realidad entre estos dos jugadores, un 7-1 a favor del británico que le arrancaba el primer parcial del torneo al de Castellón.

Urgía una reacción, pero el daño ya estaba hecho. Animales como Murray son difíciles de cazar desde un inicio, pero si ya tienen cierta ventaja, la misión se vuelve utopía. Seguramente pasarían muchas cosas por la cabeza de Roberto, y seguramente ni él mismo sería capaz de creer que aquella situación se podía remontar. Desde la primera bola se entendió que los galones ya estaban repartidos, solo faltaba recogerlos. Fue un 6-1 doloroso pero justo, un parcial que le entregaba a Murray el título número 41 de su carrera. Demasiada diferencia.

Es el momento de Andy Murray, ya nadie lo duda. En los últimos diez torneos seis títulos, tres finales y unos cuartos de final. El escocés cierra la gira asiática con los trofeos de Pekín y Shanghai, enlazando diez victorias al hilo sin dejar escapar una sola manga. Sus 13 Masters 1000 ya se ponen a la altura de figuras como Boris Becker e iguala los tres entorchados de Djokovic en el torneo chino. En definitiva, él es el rival a batir. Hoy Roberto lo intentó, naufragó, pero habrá más oportunidades. Por delante, algo más de un mes para repartir gloria y hacer temblar al dueño del negocio. ¿Habrá cambio de turno en la azotea de la ATP?

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