Andy Murray, sin agonía no hay paraíso

Andy Murray vuelve a la final de Australia tras vencer en 5 sets a un enorme Milos Raonic en un choque espectacular y de más de 4 horas.

Andy Murray tiene más vidas que un gato y lo ha demostrado de nuevo en las semifinales ante Milos Raonic. El escocés se ha impuesto tras 4 horas y 5 minutos por 4-6, 7-5, 6-7(4), 6-4 y 6-2 en un duelo apasionante, con un nivelazo por parte de ambos, especialmente del canadiense al que solo le faltó tener más acierto en la cuarta manga, ya que en la quinta se vino completamente abajo en el aspecto físico. El británico fue una roca en los momentos cruciales y supo imponer su dilatada experiencia en estas lides.

Milos Raonic saltó al partido con la férrea determinación de hacer su primera final de Grand Slam. Cañonazo por aquí, cañonazo por allá, y a la red. Ese era básicamente su plan de juego y lo estaba ejecutando a la perfección. Murray sorprendido, algo estático, veía como el canadiense le despojaba de su servicio a las primeras de cambio. Tendría que lidiar todo el set con la rotura de desventaja, algo duro de asimilar ante un sacador de las cualidades de Milos.

A pesar de estar a punto de romperle en blanco en el segundo juego al igual que había hecho Raonic, el escocés no logró conseguirlo e incluso pudo más adelante encajar una segunda rotura. Raonic no sufrió mucho más con el saque, poniendo en pista la bestialidad de un 79% de primeros. Como para sufrir… 6-4 para el montenegrino de nacimiento.

El segundo set avanzó por unos derroteros bien diferentes a los del primero. Murray salió de su letargo tras ver que ya estaba set abajo y que podía complicarse y mucho su existencia en el torneo. Cogió el timón desde la línea de fondo haciendo suyos la mayoría de puntos que se jugaban lejos de la red. Raonic tuvo que aferrarse al saque como a un clavo ardiendo, salvando diversas oportunidades de quiebre con grandes servicios y acertadas voleas.

Con ese guion se fue caminando hasta el borde del desempate. Ahí Murray sí que no perdonó y a la sexta opción de rotura, esta vez también opción de set, se llevaba el gato al agua y ponía las tablas en el marcador. Un 7-5 para el escocés muy merecido, el partido se estaba inclinando hacia los intereses británicos.

La tercera manga se antojaba vital, decisiva, para el devenir del encuentro y para dilucidar quién de los dos contendientes sería el rival de Novak Djokovic en la final del domingo. Los primeros compases estuvieron marcados por una efectividad de ambos al saque espectacular. Apenas un punto cayó al resto en sus primeros tres turnos de servicio. Las opciones comenzaron a llegar a partir del noveno juego. Ahí Raonic tentó los nervios del escocés, pero Murray se mostró duro como el acero. Fue con 5-5 donde más cerca lo tuvo el canadiense, disponiendo de un 0-30 y después de bola de break. Andy se jugó varios puntos de forma encomiable y solventó el problema.

La manga acabó desembocando en un desempate de infarto. Milos arrancó con una derecha angulada de resto que ni existe, a la que ni Murray pudo llegar. Fue el preludio de lo que ocurriría. El canadiense desplegó un tenis y una determinación enormes y sorprendió al escocés, algo defensivo aquí para llevarse el desempate por 7-4 y ponerse a un solo set de la última y soñada ronda del Australian Open. Un extraordinario de set de ambos en cualquier caso.

Los nervios se hacían presa de Andy en el cuarto. Veía que doblegar el saque de Milos no iba a ser tarea fácil llegado a ese punto, el canadiense jugando a las mil maravillas, rompiendo la bola de derecha, pero también de revés. Incluso se daba el lujo de poner en serio peligro el saque del británico.

Murray sobrevivía…y encontró su momento para meter el zarpazo y ponerse por delante en el marcador rompiéndole en blanco el saque al canadiense. Raonic reaccionó bien, agarrándose al partido y a su juego directo para recuperar la desventaja. Pero Andy quería llegar al quinto y lo consiguió tras salvar un 15-40 con 5-4 y saque. Feo se le ponía a Raonic tras una batalla de más de 3 horas y media, con ciertos problemas ya en las piernas.

Lo que todos se temían ocurrió. Milos se vino abajo en el quinto y Andy se creció, sentía que era casi invencible ya, que no podía perder este partido. Más fresco que nunca de piernas, llegaba a todo y el canadiense fallaba más de la cuenta. Su lucha en el quinto pasaba por no encajar un rosco. La final estaba ya inalcanzable, a miles de kilómetros de su raqueta. Su actitud siguió siendo magnífica, luchando, alargando su sueño, o su pesadilla. Finalmente, el escocés puso el broche a un partidazo, lleno de alternativas y de puntazos. El mejor del torneo a buen seguro. Un palizón para Murray que se las tendrá que ver con el indiscutible número 1 Novak Djokovic en la final. ¿Le quedarán piernas y cabeza para osar ganarle?

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