¿Le pasa algo a Rafael Nadal?

Aunque tanto él como su entorno siguen declarando que no existen problemas, su juego y sus sensaciones dicen algo distinto

Rafael Nadal, en rueda de prensa. Foto: lainformacion.com
Rafael Nadal, en rueda de prensa. Foto: lainformacion.com

A Rafael Nadal se le pudo ver ayer durante su encuentro ante Albert Ramos más tenso de lo normal. Una tensión que le hace jugar de una manera a la que no estamos acostumbrados a verle. Tanto él como su entorno siguen declarando que no existen problemas escondidos y que todo anda como siempre, pero todo apunta a que sí hay un "algo", que hace que Rafa no sea el de siempre.

Antes de afrontar el último juego del partido ante Ramos, Nadal pidió la presencia del fisio, que le dio una pastilla. Preguntado en rueda de prensa, el mallorquón confesó que era por unos calambres que tenía en la mano y le impedían agarrar bien la raqueta. "Yo diría que es por la tensión", explicaba. Pero, ¿qué le produce esta tensión?

La derrota en el Open de Australia fue bastante más dura de lo que nos quieren hacer creer. Llegaba pleno de confianza a una final en la que prácticamente se vio acariciando el título al disputarla ante un Wawrinka neófito en este tipo de encuentros. Su lesión en la espalda fue un duro palo para el balear. Algo que arrastró en los siguientes torneos que disputó.

Porque ya en Río se le vio con problemas sobre una superficie en la que él suele "volar". A pesar de que ganó el torneo, levantó algunas dudas en su juego. Estas dudas se hicieron aún mayores en Indian Wells donde sufrió muchísimo ante Stepanek, y cayó derrotado ante Dolgopolov evidenciando problemas serios con su saque, quizás lastrado aún por el problema de Australia. Allí, en California, él mismo se contradecía de un día para otro. Tras el partido ante Stepanek declaraba que tenía miedo a producirse la misma lesión (algo confirmado por Toni, que dijo que existían unos "problemillas" en la espalda), pero tras perder ante Dolgopolov, el balear se mostró tajante diciendo que no existía ningún problema, que todo estaba perfecto.

Aunque la siguiente semana fue a Miami y alcanzó la final, de la manera en la que Djokovic le superó hace ver que su problema, más allá de espaldas y lesiones, está en la confianza. En eso en lo que Rafa era el rey unos años atrás, lo mental, ahora se convierte en una debilidad. En aquel partido, se pudo ver a un Nadal apagado, como si supiese que iba a salir de ahí derrotado. Sin alma, dejándose dominar por Novak a su antojo mientras el número 1 del mundo apenas sabía qué hacer para contrarrestarlo.

Y su prematura derrota en Montecarlo da mucho más sentido a esto. Mientras en años anteriores, pleno de moral y confianza arrasaba a sus rivales desde el primer momento que pisaba una pista de tierra, en este año, sufrió hasta el punto de verse 4-1 abajo en su debut en el Principado ante un tenista poco hecho a la tierra batida, como es Gabashvili. Luego, derrota ante Ferrer, con el que hacía 10 años que no perdía en tierra.

En un deporte tan mental como el tenis, que funciona mucho por sensaciones, es vital el sentirse con confianza. Rafa siempre se ha caracterizado por ser un portento física y mentalmente, pero en estas últimas semanas le vemos con gesto serio y tensionado sobre la pista, haciendo que sufra ante tenistas con los que no sufría o no solía sufrir en el pasado.

Cuando existe falta de confianza, es cuando llega la tensión. Esa que le hacer ir a contracorriente en los partidos. Rafa le falta ese "punch" que solía tener y dominar el juego en prácticamente todos los puntos. Ahora se le ve moverse desde tres metros y medio detrás de la línea a duras penas, una imagen que recuerda más al Nadal de 2006 y 2007 que al de los últimos años. Eso se debe, no a otra cosa que a la falta de confianza.

¿Qué le hace falta a Rafa? Tiene que liberarse de las cadenas que le oprimen y los fantasmas que rondan su cabeza. Adelantarse en pista y disparar su drive como él sabe. Ese drive que ahora tira corto y sin que la bola le pique como a él le suele picar. Volver a recuperar el feeling con su revés cruzado, ese que tanto daño estaba haciendo anteriormente. Y sobre todo, que su saque vuelva. No hace falta irse muy atrás en el tiempo para ver a un Nadal indómito con su saque, en el pasado US Open ya llegó a sacar prácticamente perfecto, lo que le hizo alzarse con la victoria.

Lo bueno para Nadal es que aún estamos apenas comenzando la gira de tierra. Esa en la que él siempre suele encontrar sus mejores sensaciones. Aún tiene tiempo para retomar el rumbo, pero se debe dar prisa, Roland Garros está a la vuelta de la esquina.

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