Elena Rybakina ha vivido una temporada llena de altibajos. La kazaja comenzó el año lidiando con la suspensión a su entrenador, Stefano Vukov, entre rumores de que una relación amorosa surgía de ese binomio: le sucedió la despedida de Goran Ivanisevic, el encargado de reflotar un barco que jamás llegó a zarpar, y un tramo de temporada ciertamente irregular hasta llegar a su parte preferida de la temporada, una gira final de pista dura donde por fin muestra destellos de su máximo potencial.
No fue diferente su debut en el WTA Tokio 2025, donde pasó por encima de una Leylah Fernandez que ya le había dado problemas en el pasado y que, además, venía de conquistar el título en Osaka. Un duelo para el que Elena Rybakina contaba con una motivación extra, una posible recompensa que podría agotar sus reservas físicas esta semana: el billete hacia las WTA Finals 2025 de Riad, la posibilidad de citarte con las ocho mejores del año y, por qué no, poner el broche de oro a esa irregular temporada.
No fue fácil para Rybakina cambiar el chip: también venía ella de levantar un nuevo cetro, el segundo de la temporada, en Ningbo. Poco descanso, condiciones completamente distintas y una rival que le venció hace no tanto en Washington: era una primera cita complicada, más aún cuando ves en el horizonte un objetivo tan claro como las Finals. "Hoy fue un partido muy difícil. Siempre es complicado ante Leylah, más aún al ser mi primer partido aquí. Además, las condiciones han cambiado: cuando llegué aquí el clima era lluvioso, apenas pude entrenar al aire libre, así que muy feliz con la victoria y con ganas del próximo partido".
Su próxima cita será una Victoria Mboko con quien también tiene un historial compartido (la canadiense le ganó una semifinal de infarto en Canadá en la que Elena tuvo multitud de oportunidades para llevarse el partido) y que será ahora su último escollo de cara a clasificar al torneo de maestras. "Me siento un poco cansada, no lo puedo negar, pero estoy preparada para el último empujón, para dar todo de mí. Estoy muy feliz por cómo me fue la semana pasada, estoy intentando trasladar ese nivel aquí, y quiero agradecer a todos el apoyo", cerraba una Rybakina ya plenamente enchufada y centrada en la cita de mañana, que definirá su final de temporada.

Rybakina ha firmado una temporada de altibajos que podría tener en las WTA Finals el bálsamo perfecto
Echar un vistazo al balance de la kazaja esta temporada podría sorprender a muchos. El concepto de irregularidad, del que hablábamos antes, aparece debido a su falta de apariciones estelares en grandes eventos, pero lo cierto es que no ha dejado de acumular puntos a lo largo de todo el año, con una pléyade de semifinales (siete veces llegó a esta instancia), dos títulos (si bien menores, Estrasburgo y Ningbo) y victorias en casi todos los torneos que ha disputado.
Eso sí, la falta de brillo en los Slams la penaliza enormemente: podría plantarse entre las ocho mejores del año sin haber llegado a los cuartos de final en un solo Grand Slam, un dato que quizás choca con la naturaleza de su tenis, capaz de encender la sexta marcha sin previo aviso y sin necesidad de acumular victorias previas. Ha sido un año, quizás, atípico: sin grandes portadas por lo tenístico, siendo una amenaza latente en cada gran torneo que nunca terminó de materializarse... y, aún así, lo suficientemente sólida como para acumular los puntos necesarios para permanecer en la élite. Quizás sean las WTA Finals 2025 el espaldarazo que necesita Elena para convencerse de abordar cotas más altas en 2026... y mañana sabremos si se gana su billete o no.

