Stan Wawrinka es uno de los nombres propios de la última década tenística. El suizo se ganó su sitio en el Olimpo a base de victorias, títulos y hazañas sobre la pista. El final parecía cerca tras un par de operaciones de rodilla, pero a sus 38 años, la llama de Stan The Man sigue encendida.
Y el ATP Cincinnati 2023 está siendo testigo directo de la fuerza de voluntad y ética de trabajo que caracteriza a Stan Wawrinka. Hace apenas un año, el suizo estaba fuera del top-300. El ranking protegido le ofrecía una vía de escape para seguir jugando grandes eventos, pero es en esos momentos cuando la cabeza puede inundarse de pensamientos negativos, cuando el final parece cerca y el remedio no se encuentra. El amor por el tenis le impulsó a seguir, su cabeza a prueba de bombas le volvió a remarcar que todo esto formaba parte del proceso. Ahora, Wawrinka vuelve a disfrutar de un altísimo nivel de tenis, demostrando que la edad es solo un número y que su experiencia y jerarquía son pluses muy contundentes que le ayudan a derrotar a tipos a los que saca muchísimas primaveras.
Frances Tiafoe o Holger Rune, estrellas jóvenes del circuito, son algunas de sus víctimas en un 2023 en el que Wawrinka vuelve a brillar. Quizás su mejor momento tuvo lugar en verano, en el torneo de Umag, en el que volvió a saborear las mieles de una final ATP tres años y medio después. Aquel día perdió ante el australiano Alexei Popyrin, pero el gran público siguió sus aventuras como si suyas se tratasen, sintiendo nostalgia de una época en la que un mágico revés a una mano desafió la mayor tiranía de la historia de este deporte. El propio Stan recuerda con felicidad aquella semana, transformada en gasolina para seguir viajando y buscando su mejor nivel semana tras semana.
"Fue genial, siempre es genial poder jugar una final. Está claro que fue una decepción y una tristeza perder aquel partido, siempre quieres ganar una final, pero fue un torneo sensacional. Fue genial estar de vuelta un domingo de torneo. Ahora estoy en Cincinnati, muy contento por jugar en América", admitía el suizo, quizás sin haber asimilado del todo sus triunfos ante jugadores locales. Ni Brandon Nakashima ni Frances Tiafoe han podido parar al ciclón de Lausana, que con estos triunfos ha regresado de forma provisional al top-50 del ranking ATP. Su regularidad y consistencia son solamente el reflejo del trabajo diario, de un plan medido que le ha hecho estar como una flor a una edad en la que muchos colgaron la raqueta.
"El tenis es un puzzle enorme en el que importan todas las piezas. Tienes el lado de la forma física, tienes la parte tenística, tienes la parte mental, y todas esas piezas tienen que encajar juntas. Debes dar el máximo para poder mejorar cada día. Yo llevo dando el máximo para mejorar cada día de este año y por fin siento que estoy jugando mejor, ganando partidos, y solo quiero que esto continúe". Son las palabras de un tipo que cada vez tiene más confianza en su tenis y en su cuerpo, que busca una última gran alegría antes de decir adiós y que regala a los aficionados magia en cada partido que disputa. En Cincinnati, por cierto, se siente tremendamente querido: Max Purcell será su próximo desafío en su camino hacia unos posibles cuartos de final de Masters 1000.
EL PÚBLICO, UN FACTOR MOTIVACIONAL CRUCIAL
Tras vivir épocas en las que los jugadores se acostumbraron a jugar con gradas vacías (la pandemia), el regreso del público ha sido un factor motivacional claro para el suizo. "El público es increíble, es uno de los motivos por los que todavía sigo jugando al tenis. Siempre es especial, anoche hubo muchísima gente en nuestro partido. Es genial para mí, estoy muy feliz con eso", señalaba un Stan que se permite soñar con volver a hacer ruido en uno de sus torneos fetiches. En Nueva York tocó la gloria en 2016, derribó a los mejores del mundo y firmó algunos de los mejores encuentros de toda su carrera (también llegó a otras dos semifinales). Cincinnati es el trampolín para recordar tiempos de gloria... y, no lo duden, las ganas de ganar jamás se fueron de su cabeza.

