Breadcrumb
Mucho más que números
23 Grand Slams. Los números no mienten: nadie ha ganado más que Djokovic. ¿Eso es todo? ¿Es conveniente reducir su legado a las estadísticas?
Novak Djokovic ha ganado 23 Grand Slams. Nadie ha besado la gloria más veces que él en categoría individual. Ningún hombre triunfó más que el serbio en las plazas donde la historia se dirime. No hay tenista que se haya ganado más tickets de entrada al Olimpo, no hay nadie que haya hecho más por alcanzar la inmortalidad tenística. Roland Garros 2023 fue testigo del sorpasso final, cerrando un capítulo en el que Novak, cual correcaminos, corría detrás de aquellas dos figuras que, según él, cincelaron su carrera hasta el monstruo que es a día de hoy. Los fríos datos, los números, lo dejan muy claro: es el mejor. Punto. ¿Y ya está?
Hemos escrito artículos homenaje de Novak Djokovic con excesiva abundancia. Es lo que tiene ganar tanto sin aburrirse en el proceso. Más bien, claro, añadiendo una especie de extra de motivación, creando un círculo vicioso en el que Nole se retroalimenta de cada gran evento. Sea ante Nadal, Medvedev, la presión de los jóvenes, el público, los comentarios de la gente, marcas inamovibles durante años o la llegada del último niño de oro, Carlos Alcaraz, Nole siempre encuentra una nueva motivación hacia el reto perpetuo de superarse a sí mismo. Quizás ésto solo sean constructos del público, que busca rivalidades y narrativas que atraigan a nuevos aficionados. Quizás Djokovic solo es Djokovic, un animal insaciable y voraz que explora un nuevo rincón de su mente en cada gran cita... sin importar quién esté enfrente.
Ganar tanto tiene sus problemas. Para nosotros, claro. Agotamos el repertorio de cualidades e intangibles que eleven a Djokovic, que den valor a cada Grand Slam, el último escalón de este deporte. Hoy, día en el que el serbio ya tiene 23 y se sitúa solo en lo más alto de la tabla de campeones de Grand Slam, lo lógico es hablar de números. Récords, estadísticas, datos, registros, marcas. Un conglomerado de cifras que aúpan a Novak a una nueva categoría, la del mejor jugador de la historia del tenis. Los titulares serán éstos, los argumentos en los debates por el GOAT virarán en esa dirección: nadie ha ganado más que él. Resulta contradictorio, pues, que lo último en lo que un servidor piense sea en los números. ¿Cómo?
LA HISTORIA INFINITA
Djokovic ha derribado la última puerta, ha cumplido su última deuda... en el lugar en el que posiblemente menos se imaginaba lograrlo. Durante un tiempo, la Philippe Chatrier fue la habitación de castigo del serbio. Normalmente era Rafael Nadal quien lo encerraba ahí, lanzando la llave a un lugar del Bois du Boulougne que solo el balear podía encontrar. Sin él (o después de ganarle, por ejemplo), también hubo otros que infligieron a Nole las derrotas más amargas de su carrera. Stan Wawrinka asestó un golpe que hubiese sido casi mortal para muchos, rompiendo los pronósticos, haciendo trizas la ilusión de Djokovic en el 2015. Tuvo que esperar un año para completar el póker, pero Roland Garros siguió perteneciendo a Rafa, en una arcilla cada vez más dura a nivel físico a medida que los años pasaron.
Y ha sido aquí, sin embargo, el sitio en el que Novak encontró su plaza en la inmortalidad. No existe para él una cuadratura de círculo más perfecta. Es una representación de lo que ha sido la carrera de Novak Djokovic, una constante lucha contra: el reloj, las críticas, la prensa, las rivalidades históricas, las generaciones, los comentarios negativos, los renacimientos, la lesión más significativa de su carrera, los mandatos sanitarios, el lugar en el corazón de muchos. El 23 es mucho más que el propio 23. Un número no define la historia de vida que esconde el de Belgrado, villano perpetuo para muchos, malvado sin posibilidad de redención en el tiempo.
La historia infinita comienza en las montañas de Kopaonik. Se moldea en los refugios de un país, Serbia, bombardeado de arriba a abajo. Se forja en las heridas de la guerra más sangrienta en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Encuentra acomodo en los brazos de Jelena Gencic, una pionera y madre tenística para Novak Djokovic, la mujer de los milagros con un tipo lejos de los recursos de otros grandes proyectos. Se empieza a escribir en lugares a los que la prensa occidental no llega -o no quiere llegar-. Se transforma gracias a Niki Pilic. Se abre camino gracias al apoyo incondicional de Jelena, que estuvo en el primer y en el -hasta ahora- último triunfo. Se tuerce en la siempre difícil llegada a la élite. Se oscurece cuando la exposición mediática deja a Novak a los pies de los caballos. Se endereza con un título de Copa Davis, una transformación física y una renovada confianza en uno mismo.
Se convierte en dorada ante los mayores monstruos de la historia. Ellos intentan convertir esta historia en secundaria; Djokovic se empeña en hacerla infinita. La historia, en 2010, solo tiene un capítulo; en 2023 ya suma 23. El resto de capítulos, imagínense, tienen los altos y bajos que rodean a cada historia de vida que puedan imaginarse. Añade a protagonistas absolutamente imprescindibles, que son tan partícipes en sus mejores momentos como el hombre sobre el que gira todo: Marian Vajda, Boris Becker, Miljan Amanovic, Gebhard Gritsch, Stefan Duell, Ulises Badio, Craig O'Shannessy, Carlos Gómez Herrera, Marco Panichi, Claudio Zimaglia, Radek Stepanek, Andre Agassi, Goran Ivanisevic. Djordje y Marko Djokovic, pilares en la sombra, capítulos que merecen que su historia sea contada aparte. Srdjan y Dijana, tan vehementes en la defensa de su hijo como cualquier padre o madre que rebosa amor por los poros.
Una competitividad inhumana forjada con la fiereza de un lobo solitario. Un instinto de protección a ti mismo y a los tuyos que ha dado cobijo a una preparación medida al milímetro en cada posible aspecto. Un afán por no dejar que nadie proyecte una imagen diferente de ti: una demostración constante de que soñar alto y ser ti mismo te puede llevar a cualquier lado. Tras hacer historia, Djokovic se acordó en su discurso a pie de pista de los niños y sus sueños, con una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba a Stefan; pocos minutos después, se acordó en rueda de prensa de su mentora, Jelena Gencic, que falleció hace 10 años en plena disputa de Roland Garros.
Eso es Novak Djokovic: gratitud, humildad, confianza, ejemplo. No son 23, 388, 3, 94. Los números no reflejan la verdadera historia. Nosotros somos afortunados de contarla mientras nos acercamos, ya que todo en la vida tiene su final, a la conclusión de la etapa más dorada de la historia de este deporte. Y ahí, como no podía ser de otra forma, la estrella de Nole brilla de forma tan cegadora como la de Gencic desde el cielo. ¿El mejor de la historia? Juzguen ustedes mismos. Hvala, Novak.